
Este miércoles 7 de septiembre, por decisión de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), es el Día Internacional del Aire Limpio por un cielo azul. Esta declaración fue promovida en 2020 “debido al creciente interés de la comunidad internacional y haciendo hincapié en la necesidad de hacer más esfuerzos para mejorar la calidad del aire, incluida la reducción de la contaminación”, según el organismo.
Los datos y la realidad, lamentablemente, le dan la razón a este reclamo. Según un relevamiento realizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2016, más de 4 millones de personas mueren anualmente por enfermedades relacionadas a la mala calidad del aire.
El pronóstico de la OMS reveló que cerca del 58% de aquellos fallecimientos fue por accidentes cerebrovasculares y por cardiopatías isquémicas, mientras que el 18% sucedió por enfermedades pulmonares obstructivas crónicas (EPOC). Finalmente, el 6% de estos decesos fue por cáncer de pulmón.

Qué dicen los expertos
Pablo Orellano, especialista en epidemiología e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), había explicado a Infobae los pormenores de esta problemática: “Estas enfermedades se generan por la concentración de partículas o de gases que hay en el ambiente, las cuales pueden ser de origen natural, como en el caso de los incendios forestales o cenizas volcánicas; o por causas antrópicas, relacionadas con el ser humano, como son las actividades de algunas industrias o simplemente el transporte de las personas”.
Orellano fue uno de expertos seleccionados por la OMS para estudiar y relevar los efectos adversos de la contaminación del aire. “El transporte no emite tanta contaminación como una industria. Sin embargo, la contaminación vinculada al tránsito vehicular se relaciona con que, generalmente, las industrias no están cerca de los espacios habitados por personas, pero el tránsito automotor está en todos lados. Entonces, si bien como fuente de emisión el transporte vehicular no es tan importante, sí lo es en cuanto a la cantidad y la cercanía”, profundizó.
El panorama local
Anualmente, 15 mil personas mueren en Argentina por enfermedades vinculadas a la mala calidad del aire. En ese sentido, un grupo de expertos se enfocó en la Ciudad de Buenos Aires y llegó a resultados alarmantes. “Mostramos en un modelo biológicamente relevante y representativo a través del cual pudimos conocer cómo estar expuesto al ambiente urbano, especialmente al ambiente de la Ciudad de Buenos Aires, produce o agrava las enfermedades cardiovasculares”, dijo Timoteo Marchini, profesor de la Universidad de Buenos Aires e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).

El trabajo realizado por Marchi contó con la participación de otros especialistas de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y del departamento de Inmunología esta casa de estudios; de miembros del Departamento de Patología de la Facultad de Medicina; de investigadores del CONICET y de expertos de la Universitätsklinikum Freiburg (Alemania).
La investigadora y docente Natalia Magnani, coautora de la investigación, dialogó con Infobae y consideró: “Los resultados son relevantes para poder explicar los efectos de los contaminantes ambientales sobre la salud humana, ya que fueron evaluados los sistemas respiratorio, circulatorio y el cardíaco en ratones, que son similares a los humanos”.
La relación con el coronavirus
Como si no bastara con lo anterior, la exposición al aire contaminado puede asociarse con un mayor riesgo de enfermar por COVID-19 en aquellos pacientes infectados. Así lo registraron los científicos del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) y del Instituto de Investigación Germans Trias i Pujol (IGTP) de Badalona.

“Este es el primer estudio que realiza un cribaje masivo de anticuerpos anti-SARS-CoV-2 en una cohorte de personas adultas para examinar la asociación entre su exposición prolongada a la contaminación del aire antes de la pandemia, la infección por SAR-CoV-2 y la enfermedad”, detalló Cathryn Tonne, coautora del estudio.
Los autores de esta investigación dejaron, finalmente, una reflexión general. “Hacemos un llamamiento a los líderes de todos los países y a sus representantes en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP26) para que eviten la inminente catástrofe sanitaria limitando el calentamiento global a 1,5 °C y para que hagan que la salud humana y la equidad sean fundamentales en todas las acciones de mitigación del cambio climático y de adaptación a él”.
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