
El repentino retroceso del hielo marino antártico entre 2016 y 2017, tras un periodo de expansión récord, podría atribuirse a la liberación súbita de calor atrapado bajo la superficie oceánica.
Este hallazgo, planteado en un reciente estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, modifica la comprensión previa que la comunidad científica tenía sobre la estabilidad del hielo austral y plantea interrogantes clave sobre el comportamiento climático futuro en la zona.
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En uno de los giros más inesperados en la dinámica polar, el análisis conjunto de la Universidad de Stanford y la Universidad de Washington utilizó 20 años de información recogida por boyas Argo, sensores autónomos capaces de medir temperatura y salinidad a diferentes profundidades oceánicas. Según el estudio, mientras la superficie helada parecía crecer de modo constante hasta 2015, las aguas profundas bajo esa capa acumulaban calor y se acercaban progresivamente hacia arriba.

La investigación documenta que, entre 2007 y 2015, durante la fase de expansión del hielo, un incremento de las precipitaciones sumó agua dulce a la superficie marina y disminuyó la salinidad superficial. Este fenómeno, aunque propició el ensanchamiento de la plataforma de hielo, también generó una barrera que retuvo una cantidad considerable de calor en las profundidades. Al analizar este patrón, los autores del estudio concluyeron: “La expansión del hielo se debió en parte a la disminución de la salinidad superficial provocada por el aumento de las precipitaciones, que atrapó el calor oceánico subsuperficial”.
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Vientos intensos y afloramiento: la clave del drástico derretimiento antártico
A partir de 2014 y especialmente entre 2015 y 2016, el escenario cambió drásticamente. Los investigadores hallaron que los vientos antárticos se intensificaron, impulsando un afloramiento profundo: un proceso por el cual las corrientes superficiales son desplazadas y el agua cálida de mayor profundidad asciende. Esta alteración rupturó la capa de agua dulce y liberó de forma abrupta el calor retenido hacia la superficie, provocando el derretimiento de una extensa franja de hielo en el sector austral.
El fenómeno se concentró especialmente en el mar de Weddell, señalado en el informe como el área más impactada por estos cambios y principal responsable de la pérdida de hielo marino registrada en 2016. De acuerdo con el estudio, “Después de 2015, la intensificación del afloramiento impulsado por el viento revirtió las tendencias de disminución de la salinidad, liberando años de calor oceánico acumulado que contribuyeron a una pérdida de hielo marino sin precedentes”.
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Esta explicación científica reordena las hipótesis vigentes sobre la variabilidad del hielo marino antártico. Los modelos climáticos anteriores preveían un descenso progresivo y paulatino del hielo, pero los datos empíricos presentados por los equipos de Stanford y Washington muestran un ciclo de expansión acentuada seguido por una reducción rápida e inesperada.

Diferencias regionales en la dinámica del hielo marino del sur
El análisis también revela que estos procesos no tuvieron el mismo peso en todas las regiones polares. En el sector del Pacífico, que comprende los mares de Ross y Amundsen, la dinámica quedó regida principalmente por los vientos locales y particularidades de las corrientes oceánicas, en lugar de responder al almacenamiento y liberación de calor detectado en el mar de Weddell. Esta distinción regional añade complejidad al modelo climático polar y augura que la predicción de futuros cambios dependerá de la monitorización detallada por sectores.
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La significancia de este hallazgo reside no solo en explicar el colapso súbito del hielo en 2016, sino en advertir sobre la posibilidad de episodios similares mientras existan acumulaciones de calor bajo la superficie oceánica antártica. Los autores enfatizan que el hielo marino antártico regula el intercambio de calor y dióxido de carbono entre la superficie y las profundidades oceánicas, por lo que alteraciones en su evolución inciden directamente en el equilibrio climático planetario.
El director de la investigación y uno de los autores principales, respaldados por datos de casi dos décadas de boyas Argo en el entorno antártico, confirman en el estudio: “El hielo marino antártico es un componente integral del sistema climático, ya que regula el intercambio de calor y CO₂ entre la superficie y las profundidades del océano”. Los científicos subrayan que sus hallazgos “demuestran el potencial del afloramiento impulsado por el viento y los flujos de agua dulce para determinar las tendencias multianuales del hielo marino antártico”.
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A futuro, los equipos científicos de Stanford y Washington planean continuar la vigilancia con las boyas Argo, con el propósito de anticipar cambios en el calor oceánico profundo, buscando mejorar las predicciones sobre la estabilidad del hielo marino antártico y sus repercusiones en el clima global.
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