
Fue durante una sesión de pesca submarina en José Ignacio, cerca de Punta del Este, que un buzo se encontró con un corocoro, un pez que en realidad debería aparecer a unos 700 kilómetros al norte de Uruguay, pensando que era una corvina. Fue el biólogo marino uruguayo, Martín Laporta (Dirección Nacional de Recursos Acuáticos) que pudo distinguir de qué especimen se trataba.
Ese primer corocoro (Orthopristis ruber), apareció en octubre de 2020 en Uruguay y es una especie que abunda en las aguas tropicales y subtropicales de Brasil. Se lo asocia a costas y estuarios y mide cerca de 30 centímetros.
Para esa altura, ya había un grupo de investigación formado con respecto a la presencia de este pez, y de otros, en las aguas uruguayas. Comenzó cuando uno de los miembros del grupo Alfonso Pereyra, encontró un corocoro que pescó de casualidad. A partir de entonces, se pudieron registrar varias fotos que circulaban, que correspondían a la especie.
“Fue entonces cuando empezamos a tratar de colectar algún ejemplar para revisarlo con detalle”, dijo Laporta a La Diaria. Para eso, se basaron en el programa de monitoreo de pesca recreativa de Dinara (Dirección Nacional de Recursos Acuáticos). Allí, pescadores aficionados aportan información voluntaria sobre sus capturas o hallazgos, aunque también se utiliza información de muestreos biológicos, redes sociales o contactos entre científicos y pescadores.

Los ejemplares que fueron aportando los pescadores “nos dieron el puntapié para confirmar que lo que estábamos viendo en otras fotos era la misma especie”, dijo el biólogo. En total, la investigación aportó ocho registros de corocoro obtenidos en costas uruguayas, entre 2018 y 2020, haciendo recorridos por las costas del este.
En su estudio publicado en la Pan-American Journal of Aquatic Sciences, en 2021 los investigadores concluyeron que el rango de distribución de la especie está expandiéndose hacia otras latitudes y asentándose en aguas uruguayas. Utilizan varios argumentos para afirmar esto.
Primero, se basan en el hallazgo de especímenes jóvenes y adultos en las costas uruguayas y que sea en años consecutivos. También se basan en los testimonios de varios pescadores que aseguran haber capturado a esta misma especie en años anteriores. Otros argumentos incluyen la extensión de su distribución en la costa uruguaya (150 kilómetros) y un aumento de las anomalías de la temperatura superficial del mar que se observan en los últimos diez años en las costas uruguayas.

Sin embargo, no se trata solo del corocoro. Laporta y sus colegas trabajan en otras investigaciones que tienen a otros animales no autóctonos como protagonistas. En julio de 2017, un pescador artesanal se encontró en una playa de Maldonado, al este del país, un pez azul varado en la arena. Sacó una foto y la imagen llegó a Fabrizio Scarabino, investigador, docente y uno de los coautores del trabajo sobre el corocoro.
Cuando el pescador fue a buscar el ejemplar del pez, a pedido de Scarabino, pudo validarse en Uruguay el primer registro del pez ángel francés (Pomacanthus paru). “El límite sur de su distribución es Santa Catarina, en Brasil, y terminó en julio en Playa Hermosa. Probablemente llegó ahí por la permanencia prolongada de aguas cálidas en la costa durante el verano-otoño y salió varado en el invierno a causa del enfriamiento del agua”, sostiene Laporta.
Pocos días después de ese registro, una pescadora artesanal volvió a encontrar otro ejemplar, varado en Cabo Polonio, todavía más al este. En junio de 2020, recientemente, hubo otro registro en la playa del balneario La Paloma, también al este.
En diciembre de 2021, el grupo de investigadores se presentó al Congreso Uruguayo de Zoología, donde mostraron que se registraron 16 especies de ocurrencia inusual en las costas uruguayas y dos que, hasta ahora, no se habían reportado. Se trata de la mojarra de estero (Diapterus rhombeus) y la corvinata cambucú (Cynoscion virescens). Este último es un pez de más de un metro de largo que es visto, en condiciones normales, desde Nicaragua hasta Santos (Brasil).
“Especies que se encontraban distribuidas en el sur de Brasil, al encontrar condiciones similares en Uruguay, pueden empezar a colonizar algunos ambientes. Allí el tema es ver el impacto que puedan tener por lo que comen o por la competencia que representan para otras especies”, aclara Laporta.
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