
El efecto invernadero que provoca el cambio climático no sólo genera consecuencias para el planeta, también afecta a los seres humanos que habitamos en ella. Se estima que para el año 2050, el 40% de la población que reside en zonas industrializadas tendrá algún tipo de alergia. Entre los factores ambientales que contribuyen con estos cuadros se encuentran la exposición a la contaminación ambiental y el calentamiento global.
Las temperaturas están aumentando en todo el mundo, la actividad humana y el cambio climático amenazan todos los aspectos de la humanidad y nos coloca frente a un gran desafío.
Los sistemas ecológicos son indispensables para el bienestar del ser humano y de todas las especies. La velocidad del cambio climático que estamos viviendo podría causar más estrés al ecosistema.
Entre las actividades del ser humano que más influyen en el cambio climático están el uso de petróleo, gas y carbón para los hogares, las fábricas y el transporte. Estos son combustibles fósiles que, al quemarse, liberan gases de efecto invernadero, en especial el dióxido de carbono. Este gas aumentó su concentración en la atmósfera en un 50%.

Dicho de manera sencilla y lo más clara posible, estos gases son responsables de atrapar el calor emitido por los rayos solares: así es como aumenta la temperatura del planeta y el clima se vuelve cada vez más cálido. En comparación con el siglo XIX, la temperatura global aumentó aproximadamente 1,2 °C. Los científicos sugieren que no debe subir más de 1,5 °C para el año 2100, a pesar de que, al ritmo actual, se prevén valores cercanos a los 2 °C.
El efecto invernadero tiene consecuencias catastróficas en todo el planeta:
- Los incendios forestales han aumentado su frecuencia
- En muchos lugares, el suelo helado se derrite
- Aumenta el nivel del mar
- Los gases, atrapados durante siglos en la tierra, se liberan a la atmósfera
El cambio climático y la salud
El cambio climático tiene influencia en la salud de los seres humanos. Se anticipan cambios en la distribución de las enfermedades, con un aumento especialmente de las enfermedades infecciosas (y aparición de infecciones nuevas) y de las alergias.

Con respecto a estas últimas, las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera favorecen la mayor presencia y permanencia de pólenes en el ambiente. Estas modificaciones podrían afectar las relaciones entre diferentes plantas y sus mutaciones; causando sobre todo cambios en determinados componentes proteicos de los pólenes de árboles, pastos y gramíneas, lo cual aumenta su alergenicidad.
También por el aumento de la humedad proliferan los hongos y los ácaros, que prevalecen en el interior de las viviendas y comprometen la salud.
Los síntomas relacionados con las alergias, como los ojos llorosos, la secreción nasal, los estornudos, el picor en nariz y en garganta y la tos se ven agravados en la primavera, aunque pueden persistir incluso durante todo el año.
No debemos olvidar la importancia del cuidado de la piel, pues la disminución de la capa de ozono de la atmósfera, otra consecuencia del cambio climático, causa reacciones cutáneas por la exposición a la luz solar.
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