
Detrás del coronavirus viene la pandemia del mosquito. El brutal incremento de las temperaturas en los últimos días en el noroeste de América del Norte es una señal de alarma de lo que vendrá el próximo verano del otro lado del Ecuador. Y con las olas de calor, aparecen los mosquitos que transmiten dengue, malaria, chikungunya y otras enfermedades que son las más letales a nivel global. Más de 100 países que contienen al 40% de la población mundial padecen dengue. Más de 400 millones de personas se infectan cada año. La malaria afecta a unos 220 millones de personas al año y provoca alrededor de 450.000 muertes. Es una pandemia instalada en la Tierra mucho antes de que el Covid saliera de Wuhan y que se está intensificando notablemente.
Varias organizaciones de científicos especializados en el clima advirtieron esta semana que el mundo debe intensificar los preparativos para el calor extremo, que puede llegar más rápido y con más fuerza de lo previsto. La cúpula de calor de la semana pasada sobre la Columbia Británica, en Estados Unidos y Canadá, batió los récords de temperatura diaria en más de 5C, llegando a 50 grados en pueblos no tan alejados del Ártico, un pico que se habría considerado imposible hasta este momento. Un primer análisis de la ola de calor, publicado el miércoles, determinó que el cambio climático provocado por el hombre hizo que las temperaturas extremas fuera al menos 150 veces más probables. Las temperaturas están subiendo en todo el mundo como consecuencia de las emisiones de gases de efecto invernadero y los científicos llevan décadas prediciendo que los récords de calor se batirán cada vez con más frecuencia.
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Pero los autores del nuevo estudio afirman que la última oleada de calentamiento superó incluso los peores escenarios de los modelos climáticos. Y que esto los obliga a revisar su comprensión de las olas de calor y a considerar la posibilidad de que otras partes del mundo puedan sufrir sacudidas de temperatura similares. “Este es, con mucho, el mayor salto de temperatura que vimos desde que tenemos registros”, dijo a la BBC la doctora Friederike Otto, directora asociada del Instituto de Cambio Ambiental de la Universidad de Oxford y una de las fundadoras del grupo World Weather Attribution que difundió el estudio. “Definitivamente, no debemos esperar que las olas de calor se comporten como en el pasado. Tenemos que prepararnos para cambios cada vez más extremos e imprevisibles que traerán más enfermedades”.
Y es aquí donde aparece el mosquito, muy en particular las hembras del género Anopheles. Más de 8.000 millones de personas podrían correr el riesgo de contraer malaria y dengue en 2080 si las emisiones de gases de efecto invernadero siguen aumentando sin cesar, según las nuevas proyecciones realizadas por la London School of Hygiene & Tropical Medicine (LSHTM) y publicado en la revista Lancet Planetary Health. La transmisión depende de las condiciones meteorológicas, en especial de la lluvia, el calor y la humedad, que favorecen la multiplicación del mosquito (pone sus huevos en el agua). Este parásito es trasmitido al hombre por la picadura de la variedad anófeles, se multiplica en el hígado y pasa al flujo sanguíneo. Si otro mosquito pica a esa persona, el insecto se infecta, y así continúa el ciclo de transmisión. En algunos países, como Colombia, Eritrea y Sudán, se produjo un importante resurgimiento de la malaria en los últimos años, según Rachel Lowe, profesora asociada de la LSHTM. El número de casos de dengue notificados a la OMS se multiplicó por más de ocho en las últimas dos décadas, pasando de 505.430 en 2000 a 5,2 millones en 2019, añadió.
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Los investigadores predicen que hasta 4.700 millones de personas más podrían verse amenazadas por las dos enfermedades más importantes del mundo transmitidas por mosquitos, en comparación con las cifras de 1970-99. Estos números se basan en las proyecciones de un crecimiento de la población de unos 4.500 millones de personas en el mismo periodo, y un aumento de la temperatura de unos 3,7C para 2100. Y aseguran que, si los niveles de emisión siguen aumentando al ritmo actual, el efecto sobre las temperaturas globales podría alargar las temporadas de transmisión en más de un mes para la malaria y cuatro meses para el dengue en los próximos 50 años. Felipe Colón-González, profesor adjunto de la LSHTM y otro de los autores del informe, dijo a The Guardian que “este trabajo sugiere firmemente que la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero podría evitar que millones de personas contrajeran la malaria y el dengue”. Y agregó que “los resultados muestran que los escenarios de bajas emisiones reducen significativamente la duración de la transmisión, así como el número de personas en riesgo. Hay que seguir actuando para limitar el aumento de la temperatura global por debajo de los 2C”.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que la mayoría de las 400.000 personas que mueren cada año por la malaria son niños. En 2019, más del 90% de los 230 millones de casos estimados se produjeron en África. Actualmente, la terapia combinada a base de artemisinina es el mejor tratamiento disponible para la forma más peligrosa de malaria, la P falciparum, que representa el 90% de los casos. El dengue no tiene un tratamiento específico. La enfermedad no está bien documentada, y casi la mitad de la población mundial está en riesgo. Se calcula que el dengue infecta a entre 100 y 400 millones de personas al año, con un saldo de al menos 20.000 muertos.
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La última ola de calor en Norteamérica produjo más de 500 muertos y provocó incendios forestales, inundaciones por deshielo, cortes de electricidad y desintegración del asfalto en las principales autopistas. Los científicos subrayaron que se pueden encontrar tendencias de calentamiento similares en muchas otras partes del mundo, aunque no haya tanta información, sobre todo en el África subsahariana, que no tiene suficientes estaciones de control y que recibe mucha menos cobertura mediática. Algunas zonas de Siberia y Pakistán experimentaron recientemente olas de calor inusualmente intensas. Los días más calurosos para el mes de junio de los últimos cien años también se registraron en Helsinki, Moscú y Tallín, en Estonia. El grupo World Weather Attribution también encontró un fuerte vínculo entre la crisis climática y otros eventos extremos, como la ola de calor de 2020 en Siberia, los incendios forestales de Australia de 2019-20, las olas de calor europeas de 2018 y 2019, y la tormenta tropical Imelda, que golpeó Texas en 2019. A esto hay que sumarle ahora la crisis de la malaria y el dengue, íntimamente ligada al cambio climático.
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