Por qué la pandemia del coronavirus se convirtió en una oportunidad única para avanzar en la lucha contra el cambio climático

Las fundadoras del Instituto Interamericano de Justicia y Sostenibilidad (IIJS) describieron por qué los esfuerzos para mitigar la crisis ecológica previos a la pandemia no eran suficientes y la manera en que podría funcionar como un punto de inflexión hacia un modelo realmente sostenible

Foto: REUTERS/Agustin Marcarian
Foto: REUTERS/Agustin Marcarian

La disrupción económica generada por la pandemia por el nuevo coronavirus excedió ampliamente la paralización sin precedentes de las industrias de bienes y servicios. Evidenció también la fragilidad de las cadenas de producción a nivel global e ilustró rápidamente el impacto ecológico inmediato del paradigma actual: días después de que se suspendieran las emisiones de carbono, imágenes de ciudades y escenarios emblemáticos libres de polución acapararon las primeras planas, ilustrando el contraste con el estadío anterior.

Es por ello que numerosas voces a nivel internacional han realizado sendos llamamientos para lograr que la crisis sirva como un catalizador que acelere la transición a un nuevo sistema verde. Entre los esfuerzos a nivel regional se destaca el del nuevo Instituto Interamericano de Justicia y Sostenibilidad (IISJ), cuyas fundadoras buscan contribuir a que sus principales actores -tanto del sector público como el privado- tomen las acciones necesarias para moverse en esta dirección.

En diálogo con Infobae, las fundadoras del IIJS -Claudia S. de Windt, Sheila Abed y María Amparo Albán- repasaron los actores internacionales que se están valiendo de la pandemia para acelerar su transición a una economía verde, analizaron la manera en que aquellos que se desempeñan a nivel regional pueden hacerlo, y delinearon los principales desafíos para lograr ese objetivo.

De Windt explicó que la pandemia puso de manifiesto que “lo que pensábamos que era un modelo que nos llevaba hacia la sostenibilidad no era en realidad el camino correcto”. Albán, por su parte, la definió como poseedora de un “poder pedagógico”.

“Hemos visto recuperarse servicios ambientales, las aguas están más cristalinas, el aire más limpio y la vida silvestre recobra espacios. Eso nos enseña a nosotros y las generaciones que vienen detrás el costo de la internalización ambiental. Es decir, cuánto cuesta vivir con una calidad de aire distinta y como podemos hacer mejor las cosas”, expresó Albán, quien es abogada medioambiental y también se desempeña como directora ejecutiva de la consultora ACD.

Rápido retroceso

Un estudio publicado por la revista Nature Climate Change indicó que en abril la cantidad de dióxido de carbono emitido por humanos cayó un 17 por ciento interanual. Sin embargo, el mismo estudio realizado dos meses más tarde evidenció que, una vez que las reaperturas comenzaron a tener lugar, las emisiones volvieron a crecer de manera proporcional. Para mediados de junio, los niveles estaban solo un 5 por ciento debajo de los niveles de 2019 y en China ya había vuelto a niveles previos a la pandemia.

Fotos de un monumento en India antes y durante el confinamiento ilustran como bajaron en cuestión de días los niveles de contaminación, consecuencia de la suspensión de buena parte de las emisiones de carbono. REUTERS/Anushree Fadnavis/Adnan Abidi
Fotos de un monumento en India antes y durante el confinamiento ilustran como bajaron en cuestión de días los niveles de contaminación, consecuencia de la suspensión de buena parte de las emisiones de carbono. REUTERS/Anushree Fadnavis/Adnan Abidi

Además, la posibilidad de que tengan lugar contagios en espacios de transporte público ha llevado a que, al volver a salir del confinamiento, las personas se inclinen por los autos particulares, algo que podría de hecho contribuir a elevar las emisiones.

Desde el IISJ remarcaron que estas circunstancias evidencian la necesidad de “repensar un enfoque cooperativo que nos ayude a dimensionar nuevas políticas”. E indicaron que ya hay actores que han tomado pasos en esa dirección. A nivel nacional hicieron mención a Alemania, cuyas autoridades anunciaron que, de un paquete de estímulo de 130.000 millones de euros para enfrentar el impacto de la pandemia, 50.000 millones estarán destinados al desarrollo de políticas verdes.

A nivel internacional, en tanto, resaltaron el rol de las distintas bancas de desarrollo. Mencionaron como ejemplo el Fondo Verde del Clima, fundado por las Naciones Unidas, “que tiene un presupuesto de más de 5.000 millones de dólares y el 20 por ciento del mismo dedicado a proyectos de mitigación de cambio climático y encadenamiento productivo sostenible y libre de deforestación en América Latina”.

Claudia de Windt, fundadora del Instituto Interamericano de Justicia y Sostenibilidad

“Entonces, el hecho que toda esta reconstrucción vaya bajo ese paraguas de una reconstrucción verde y de que hayan condicionalidades desde la mirada de la sostenibilidad para el despliegue de toda esa ayuda financiera que los países están necesitando es para mí una meta y un logro ya importante de lo que está pasando”, agregó de Windt, quien por casi dos décadas fue la Jefa de la Sección Derecho Ambiental, Política y Buena Gobernabilidad de la Organización de Estados Americanos (OEA).

En consecuencia, destacaron la necesidad de que la región se valga de los flujos de financiamiento disponibles para políticas de esta naturaleza. Albán llamó la atención sobre ciertas iniciativas en esta dirección, aunque aclaró que no se están llevando a cabo “con el ritmo y la intensidad que se requiere”.

Mencionó como ejemplos el hecho que Argentina, Chile y Ecuador emitieron sendos bonos verdes -es decir, destinados únicamente a la financiación o refinanciación de proyectos ecológica y económicamente sustentables- durante los últimos años. E indicó que la industria agropecuaria, entre las más pujantes a nivel regional, ya ha dado pasos en pos de la adopción de una agenda de protección ambiental.

“Hay legislaciones en marcha, con estándares altos. Con un poco de planificación a nivel territorial y una serie de instrumentos adicionales se puede generar el tipo de producto que por ejemplo Europa está demandando hoy en día y que va a seguir demandando hasta el 2030, cuando definitivamente se va a convertir en un país neto importador de productos libres de deforestación”, explicó.

Con respecto al estado de situación de otras industrias -como las manufactureras, extractivas- indicó que también se están moviendo en esa dirección, pero remarcó que el financiamiento para lograr acelerar el rumbo será un factor clave para su éxito.

María Amparo Albán, fundadora del Instituto Interamericano de Justicia y Sostenibilidad

La importancia de la gobernanza local

En tanto, con respecto al sector público, remarcaron que son necesarios sistemas de gobernanza local que ayuden a facilitar la transición. “Se requiere un cambio de mentalidad de los tomadores de decisión. Formar líderes con una visión enfocada a donde van a estar sus países en 2050, en vez de pensar a dos o tres años. Necesitamos generar visiones de largo plazo”, agregó Albán.

En esa línea, las fundadoras del IISJ indicaron que, en la visión de estos líderes, la integración jugará un rol clave. “La región debe buscar un camino para pensar el futuro común de aquí a varias décadas”. Porque si la pandemia nos ha enseñado algo, explicaron, “es la necesidad de internalizar el riesgo”.

La sociedad contemporánea no estaba diseñada para incorporar el riesgo y poder manejarlo. Sobre todo en Sudamérica, debemos comenzar a hablar de un futuro común. No solo del futuro inmediato económico y político, sino del futuro común que vamos a tener de aquí a varias décadas”, expresaron.

Para ilustrar el argumento, remarcaron el hecho de que la mayoría de los países del mundo se encontraron ante una escasez de material sanitario cuando la pandemia impactó, considerando que la vasta mayoría recurría a China para hacerse de esos productos.

Ello, indicaron, provee oportunidades en dos campos que no obstante se encuentran interrelacionados: la posibilidad de pensar en generar la mayor cantidad posible de eslabones de una cadena de producción regional, y terminar con situaciones laborales precarias que tengan lugar en este marco.

“(La pandemia) destapó dos cosas, un cierto doble estándar que teníamos todos los países donde sabíamos que, dentro de todo, tenemos estándares ambientales, estándares laborales, que sabíamos que no tenía China por ejemplo. Pero que no nos importaba desde el punto de vista que el producto final fuera más barato”, explicó Abed, quien se desempeñó como ministra de Justicia del gobierno de Horacio Cartes.

Sheila Abed, fundadora del Instituto Interamericano de Justicia y Sostenibilidad

“Esto yo creo que va a cambiar también y puede ser una oportunidad para aquellos que queremos ese cambio para bien. Para crear de nuevo empleo en los lugares de donde se había ido ya. Necesitamos volver a pensar nuevamente en estas cadenas productivas. Si son costosas, por qué son costosas. Si internalizan o no los costos ambientales o sociales en los países. Y desde ahí pensar en estos enfoques cooperativos”, agregó.

No obstante los desafíos inmediatos y mediatos, América Latina está en un momento donde la integración regional está lejos de su punto álgido. Pero las fundadoras del IISJ concluyeron con un mensaje optimista, considerando la posibilidad de que la pandemia sea el catalizador de un cambio positivo en esta materia.

“Siempre cuando hay una amenaza de esta naturaleza hay una oportunidad. Lo que sí creo es que el tipo de negociación va a tener que ser diferente. Va a tener que tener un espíritu de cooperación que creo que hasta ahora no ha sido tal. Deberá ser una cooperación real, una integración real”.

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