
El trabajo de los fotógrafos Andy Sweet y Gary Monroe, que retrataron a diario a los jubilados judíos que en los años 70 eran los reyes de la diversión en Miami Beach, es recogido en un documental que muestra cómo el narcotráfico y el éxodo de Mariel acabaron con la fiesta en "Las Vegas de Este".
Se trata de una "celebración a esta comunidad y a esta ciudad que ha cambiado muchísimo", dijo a EFE Kareem Tabsch, coproductor y codirector de "The Last Resort", que se estrena el próximo 15 de febrero en la hoy turística y juvenil Miami Beach.
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El legado histórico de Sweet y Monroe, quienes retrataron a diario y durante diez años la activa vida de esa gran comunidad de jubilados, entre los cuales había supervivientes del Holocausto, es la base del documental de Tabsch y Dennis Scholl.

La afluencia de judíos y jubilados a Florida había comenzado con el fin de la II Guerra Mundial, la invención del aire acondicionado y el auge del entretenimiento al estilo Las Vegas con figuras como el pianista Liberace o el comediante Jerry Lewis.
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"Miami Beach era como Las Vegas del Este", señala Tabsch.
El 80% de la población de la hoy internacional y boyante Miami Beach tenía más de 65 años de edad y el 75% era judío.
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Totalmente opuestos en personalidad y en la forma de captar a sus fotografiados -Monroe en blanco y negro y Sweet en color-, los dos fotógrafos dejaron para la posteridad unas imágenes que muestran a septuagenarios y octogenarios vestidos a la moda de los 70 sin prejuicios de edad y disfrutando en salones de baile, playas y piscinas o simplemente a la puerta de sus viviendas u hoteles.
Ambos, cuenta Tabsch, sabían la importancia y la urgencia de documentar esa época de Miami Beach, un paraíso rico en diversión, arte y cultura al que llegaron huyendo del frío del norte para compartir entre sí el goce de sus últimos años.
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"Gary era bastante estructurado, más formal, como las imágenes en blanco y negro requieren, y Andy era un poco más libre, no hacía posar a nadie, le gustaba la espontaneidad", indica.
Plasmaron la vida de una comunidad con un sentido común de historia, de cultura y de intereses y "con mucho que hacer", había teatro hebreo, periódicos y conciertos, y estaban bien involucrados en la política", explica el productor y codirector.
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Monroe, ahora de 68 años, recuerda en el filme que a estos adultos mayores les gustaba hablar con jóvenes como eran él y Sweet, porque nadie les prestaba atención.
Pero la armonía y felicidad cambió en los años ochenta no solo por la enfermedad, la muerte y el abandono de estos jubilados por parte de sus parientes, sino por la incursión de la cocaína colombiana y el arribo en botes de los llamados "marielitos", los cubanos que dejaron la isla en barcos en 1980.
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"Llegaron más de 100.000 personas, en su gran mayoría grandes personas, humildes, pero también el gobierno de (Fidel) Castro vació sus cárceles, vació sus manicomios", dice Tabsch.
Miami era ahora la "capital mundial del crimen" y además escenario de protestas por tensiones raciales tras la muerte de a manos de policías de un afroamericano en un barrio pobre.
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"Hubo un gran cambio de idioma, gran cambio de edades y un gran cambio en las delincuencia", manifiesta Tabsch.
Los judíos se empezaron a refugiar en sus viviendas, muchas de ellas de arquitectura Art Déco, que para entonces comenzaron a decaer también, y los criminales se adueñaron de Miami Beach, especialmente de South Beach, que entonces era una zona desvalorizada y hoy es una de las más caras de la zona.
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La alegre vida de Sweet, que compartía con una comunidad de abuelos a los que perseguía sin descanso con su cámara, entró también en una etapa oscura.
En noviembre de 1982 Monroe lo encontró apuñalado en su apartamento, posiblemente como resultado de un negocio de drogas que salió mal.
"Él también cayó como víctima de esta ciudad que estaba cambiando tanto", dijo el productor sobre la muerte de Sweet a sus 28 años, "un crimen cuyos detalles todavía no son muy claros".
La que Monroe llamó una "doble muerte" de Sweet fue la pérdida de cinco cajas con miles de negativos de las fotos que almacenaba en una bodega. "Era la base de su obra artística", señaló Tabsch.
Sin embargo, años después se hallaron por casualidad unas fotos de pruebas de colores que Sweet nunca desechó. Gracias a las nuevas tecnologías "se resucitó su obra", dice Tabsch.
Miami Beach ahora recobró la juventud y Tabsch dice en broma que si alguien ve a un adulto mayor de 50 años hay que "tomarle una foto".
Por Ivonne Malaver, EFEUSA
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