Barcelona otra vez quedó con el sabor amargo en su boca en la Liga de España. Tras el empate con Sevilla y las derrotas consecutivas frente a Getafe y en el clásico contra el Real Madrid, apenas igualó 1-1 contra el Alavés en el Estadio de Mendizorroza. Lionel Messi tuvo un buen partido, estuvo activo, pero no logró colaborar con un grito en el marcador.
En una demostración de lo que le ocurre a Messi cada semana, contra Alavés debió convivir con una nuestra estrategia de los jugadores rivales para impedir que anotara un gol de tiro libre. Ocurrió a los 22 minutos, con un balón en la puerta del área y el duelo empatado sin goles. El juez dio la orden de la ejecución y dos de los jugadores del combinado local corrieron para posicionarse uno a cada lado del arquero Fernando Pacheco. Delante de estos tres, otros cinco representantes.
La Pulga le pegó fuerte y rasante al palo del portero, pero fue justo la pierna del defensor Florian Lejeune, uno de los dos –junto con Deyverson– que corrió para meterse casi adentro del arco.
Tras el insólito error entre Neto y Gerard Piqué que significó la apertura del marcador para el Alavés, Messi recibió en la puerta del área, ensayó una finta y lo tomaron para evitar que avance. El árbitro Alejandro Hernández consideró que no había sido falta y despertó el enojo del capitán Blaugrana. Cuando se cortó la jugada, el balón quedó en los pies de Leo y él le pegó fuerte a la pelota, a pesar que vio que estaba por pasar el juez. Si bien no llegó a pegarle, la máxima autoridad decidió mostrarle la amarilla por su gesto.
Más allá de la situación clara que tuvo en el tiro libre, el argentino contó con una oportunidad nítida para darle el triunfo a su equipo en el complemento, cuando el reloj marcaba los 20 minutos. Sergi Roberto presionó alto, cortó y le cedió la acción a Messi dentro del área. Se acomodó con un enganche corto, desestabilizó a Víctor Laguarda y definió con efecto, pero Pacheco estuvo atento para sacar con su mano derecha la pelota que hubiese significado el segundo gol del Barcelona.
Durante los minutos finales del duelo, el combinado de Ronald Koeman avasalló a su contrincante. Lo arrinconó contra su propio arco. Messi, en medio de varia acciones de peligro, tuvo la oportunidad de gritar el triunfo sobre el cierre. En tiempo de descuento, la pelota le quedó por el costado derecho del área, encaró, sacó a dos rivales del juego y remató para colocarla al palo más alejado del arquero. Pero la bola rozó el poste y le impidió celebrar.
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