Zion, pura potencia, en su debut amistoso con los Pelicans (AFP)
Zion, pura potencia, en su debut amistoso con los Pelicans (AFP)

Era una tarde de septiembre de 1999 cuando Sharonda Sampson, la velocista estrella de 20 años de la facultad de Livingstone (North Carolina), estaba tirada en la cama del campus leyendo la Biblia. No podía entrenar como antes porque tenía un embarazo de cuatro meses, entonces aprovechaba el tiempo para descansar y conocer mejor los caminos de su amado Jesús. “Recuerdo que en varios párrafos hablaba del Monte Zion (o Sion) como el lugar emblemático de la tierra prometida (en Jerusalén, Israel)… Y de Zion como sinónimo de fortaleza. Esas líneas me inspiraron a querer llamar así a mi hijo, pensando en mi madre, que siempre había querido que su nieto tuviera un nombre fuera de lo común. Lo llamé a mi esposo Lateef para decirle que quería que se llamara así. Era un nombre que reflejaba fuerza espiritual”, rememoraría la madre, años después. Hoy, a la luz de los acontecimientos, no parece casualidad que una persona tan especial lleve un nombre tan especial. Y que el nombre de una montaña sea el de un basquetbolista que parece una montaña (de músculos) aunque con la rara habilidad de moverse como un animal mezcla entre toro, león y gacela…

Sí, claro, Williamson es un elegido. Porque, como pasó con muy pocos en la historia, hoy no es necesario decir el apellido cuando se lo nombra. Con su (pegadizo) nombre alcanza. Zion ya es una marca global. Como sucedió con Michael, Magic, LeBron o Kobe. Claro, con la diferencia que este chico de 19 años todavía no ha jugado un partido oficial en la NBA y ya asoma como el nuevo mesías. Un chico que parece haber nacido bendecido y destinado a correr aún más los límites del segundo deporte más jugado del mundo. La temporada ya comenzó y otras figuras tomaron el centro de la escena, pero si este chico cumple con lo prometido, también podrá ser recordada como el comienzo de la Era Williamson. O el Año 1 del Dios Zion. Un pibe de ciudad chica, de barrio, que irradia luz e inocencia cuando sonríe, pero que a la vez es un jugador absolutamente distinto, un basquetbolista capaz de correr y volar con el físico de un jugador de fútbol americano, un “deportista viral” que luce diseñado a la medida de esta época digital que no nos permite escapar de esas jugadas que te dejan boquiabierto y preguntándonos cómo es posible que pueda mover así sus 198 centímetros y 130 kilos. ¿Podrá este chico absorber la gigantesca presión global, apartarse de las distracciones y desmesuradas expectativas y continuar su meteórico desarrollo como jugador para escribir una historia tan grande como la de otras estrellas emblemáticas? ¿O terminará siendo un “sacrificio” más de esta infernal maquinaria vendedora de productos que es el capitalismo? ¿Lo ayudará este parate, esta lesión que lo mantuvo afuera del circo y las presiones, o simplemente es un aviso de que con ese físico no podrá durar mucho?

Salisbury es una antigua ciudad colonial de apenas 25.000 habitantes ubicada en el condado de Rowan, North Carolina. Allí nació Zion, a la 1.07 del 6 de junio del 2000. Hijo de dos afroamericanos, deportistas colegiales, que habían llegado a la ciudad para estudiar y practicar deportes. Sharonda, de 1m55, se desarrolló como una talentosa velocista que aún hoy ostenta el récord local de la posta 4x1600. Lateef, de 1m93, fue un liniero defensivo de fútbol americano, campeón colegial de Salisbury en el 97 y 98. Se conocieron cuando Williamson llegó transferido desde la Universidad de North Carolina State. Fueron novios, egresaron, se casaron, tuvieron a Zion y, ya de vuelta en su South Carolina natal, se divorciaron cuando el pequeño estaba por cumplir tres años. Así fue que, como muchas madres solas, Sharonda tuvo que ocupar más de un rol. Y no sólo hablamos de ser madre y padre. También se ocupó de ser la primera guía-entrenador cuando su hijo arrancó con el básquet a los cuatro años…

Apasionada del deporte y la formación, ella se recibió de profesora de Educación Física, ejerció en escuelas primarias de SC y fue además coach en las ligas infantiles que su hijo participó antes de llegar al secundario. Primero en los Hawks de Sumter en la Amateur Athletic Union (AAU) y luego en la Johnakin Middle School de Marion (SC), donde Zion promedió 20 puntos y sólo perdió tres partidos en dos años. “Fue el entrenador más duro que tuve en mi carrera”, admitió Williamson, quizá un tanto en broma, luego de ser elegido en el primer lugar del último draft de la NBA. Ella y Zion tuvieron suerte de no estar solos en aquella segunda etapa. Para esa época, en la que el nene empezaba a mostrar sus talentos, Sharonda conoció a Lee Anderson, un ex base de la Universidad de Clemson que, al no poder llegar a la NBA, se dedicó a ser coach. Sharonda anotó a Zion en uno de los programas de básquet juvenil que tenía Anderson y el resto es historia: Lee fue consejero y coach personal del chico hasta hace poco, además de haberse convertido en su padrastro al casarse con su madre y formar una familia que hace cuatro años se agrandó con la llegada de Noah, el adorable hermano de Zion.

Williamson recuerda, a los cinco años, haberle dicho a sus padres que deseaba ser jugador colegial y puntualiza que a los “ocho o nueve empecé a soñar con la NBA”. De chico lo suyo no sólo fue el básquet. Su físico hizo que varios coach lo iniciaran en el fútbol americano. De hecho, Zion dividió su tiempo entre ambos hasta que tuvo que elegir. El amor por el básquet pudo más, aunque hasta bien entrada la adolescencia trataron de seducirlo desde el otro deporte. Eric Mateos, ex coach de la Universidad de Lousiana State, reconoció haberle ofrecido una beca a los 16 años para jugar en el equipo. “Podría haber sido un ala cerrada para la historia”, cree Mateos, pese a que a esa edad hacía rato que había dejado la ovalada. Las características de Zion daban para ilusionarse con que podría brillar en una posición en la que se necesita una combinación de potencia, velocidad y buenas manos. Pero, claro, el chico ya había tomado una decisión. Desde los nueve años se empezó a levantar a las cinco de la mañana para entrenar y seguir puliendo sus talentos. “Nosotros fuimos deportistas y sabíamos lo duro que era llegar hasta adonde quería Zion. Lo acompañamos en el camino”, explica Sharonda. Lo mismo hizo su padrastro, quien cuenta una intimidad bien religiosa que le hizo sentir que Zion iba camino al estrellato. “Yo estuve a dos semanas de ir a un campus NBA cuando me llevó por delante un auto… Estuve devastado y tuve un sueño en el cual yo le preguntaba a Dios por qué había permitido que esto me pasara a mí… Y él, recuerdo, me respondió ‘esto no es para vos, los que serán bendecidos serán tus hijos’”, recuerda. Menos dudas le quedaron cuando, en pocos meses, entre los 13 y 14 años, Zion creció 13 centímetros y dejó de jugar de base para pasar a ser un jugador versátil. “Entre séptimo y octavo grado pasó de medir 1m80 y pesar 57 kilos a irse a 1m93 y casi 75. Así cambió totalmente como jugador. Ahí no tuve dudas y a los 14 años se lo dije a Zion…”, recuerda Lee. Una charla reveladora que dejó perplejo a un adolescente que tenían sueños pero también dudas...-Acordate, vos vas a ser el mejor jugador del país. -Dale, vamos padre, seamos más realistas. Hoy no estoy en el ranking de nadie ni en el radar de ningún scout del país.-Ya lo estarás, Zion, ya lo estarás…La familia, ya mudada a la ciudad de Spartanburg, a 177 kilómetros de Salisbury, eligió para el chico la secundaria privada Spartanburg Day School, una institución con fuerte tradición académica pero que en básquet no figuraba entre las mejores del país. La idea de Anderson, más que ganar, era seguir moldeando a Zion. Sin embargo, con el nene creciendo en todo sentido, la Spartanburg Day se fue haciendo famosa por tener a un talento que guió a los Griffins a tres campeonatos estatales seguidos. “Cuando crecí en altura, me metí en un gimnasio y empecé a explotar las condiciones atléticas que Dios me regaló. Gané en confianza y creció mucho mi juego. Empecé a anotar 40, 50 puntos…”, recuerda. De la mano del técnico Lee Sartor, que siguió puliendo su juego en consonancia con lo que pedía Anderson, Williamson pasó a ser un portento físico con agilidades de un perimetral. Manejo de balón suave, movimientos armónicos en el cuerpo de un toro y definiciones explosivas. Una combinación de elegancia y poder que le permitieron promediar 36.4 puntos, 11.4 rebotes y 3.5 asistencias en el último año. Así, en el 2018, ganó los premios Mr. Basketball de South Carolina y Sr. Basketball de USA y llovieron las invitaciones para ir a los eventos top que reúnen a los mejores prospectos del país, los prestigiosos McDonald’s All-American, Nike Hoop Summit y Jordan Brand Classic.

"Es el único que tiene la oportunidad de ser mejor que Jordan", dijo la ex estrella Stephen Marbury (@PelicansNBA)

Aunque, claro, hubo algo que incluso superó el nivel de juego y dominio que mostró en la región: fueron los videos de volcadas que se viralizaron de tal manera que, a los 15 años, Zion comenzó a ser famoso. “Empecé a intentar volcadas que nunca ni siquiera había imaginado y todo explotó por los aires”, recuerda. Las acciones eran tan espectaculares y feroces que empezó a ser más conocido por esas jugadas aisladas que por su juego global. Y estamos hablando de un chico que quedó en el tercer lugar del ranking de la categoría 2000 que armó el sitio especializado 247 Sports. Así fue que Zion empezó a convertirse en un fenómeno de la modernidad. Hasta el famoso rapero Drake hizo un posteo en Instagram con la camiseta que usaba en Spartanburg Day. Es habitual que el canadiense se ponga casaca de distintas estrellas, pero nunca había pasado que lo hiciera con un chico de 16 años que aún estaba ¡en el secundario! “Es increíble que Drake conozca mi nombre. Cuando tu rapero favorito usa tu camiseta, es un sentimiento indescriptible”, aceptó Williamson. La fiebre Zion se propagó en aquel 2017 y, a los pocos meses, era tapa de la reconocida revista Slam. La Bestia Williamson se acercaba a la mágica NBA, con bombos y platillos. “Zion no sabe lo que es la presión. Cuando más grande es el escenario, mejor responde. Y yo siempre le digo: lo mejor está por venir. Confía en mí. Como cuando te dije que serías el mejor del país…”, se vanagloria el padrasto. “Y sí, yo seguí sus consejos y al final fue como me dijo (se ríe)…”, acepta Zion. Justamente esa obediencia, esa disciplina, esa capacidad de sacrificarse y ese deseo de superación, fueron las llaves de su meteórico progreso. “Yo escucho todo. Cuando dijeron que sería un jugador promedio. O una decepción. No me afecta. Y cuando veo que me marcan una debilidad, me meto en el gimnasio hasta que eso desaparece”, explica este chico que se caracteriza por ser muy religioso, agradecido de la vida, de su familia y de quiénes lo ayudaron... “Lo que tengo claro que nunca olvidaré quién soy, cómo llegué y quién me ayudó. Sobre todo a mi madre, mi principal sostén, quién más se sacrificó por mí. Ella dejó de lado sus sueños para que yo pudiera cumplir los míos. No estaría aquí si no fuera por ella. Se lo agradeceré por siempre”, dijo, emocionado, en aquella noche del draft donde se mostró como un chico de 19 años...

Antes, brilló en Duke. Si bien varias universidades, incluidas Clemson y South Carolina, dos que estaban cerca de casa, le ofrecieran todo, Zion eligió a los Blue Devils por la tradición ganadora y la capacidad formada de un maestro como Mike Krzyzewski. Williams quería seguir desarrollando su juego antes de saltar a la NBA y, a la vez, contestar una preguntaba que se viralizaba casi como sus volcadas. “¿Es realmente tan bueno o es más un producto de los clips virales de volcadas contra chicos que no están ni cerca de su nivel?”. Zion fue respondiendo a las dudas. Partido a partido. Promedió 22.6 puntos, 8.9 rebotes, 2.1 asistencias, 2.1 robos y 1.8 tapa, y se llevó los premios Novato del Año y Jugador del Año de la conferencia ACC. Carácter, desparpajo y un juego versátil que tenía su eclosión en jugadas cautivantes que inundaban las redes y los programas deportivos. Zion pasó a ser un highlight humano que hizo que cada partido de Duke fuera un evento imposible de perder. La temporada de la NCAA giró en torno a él. Incluso la producción televisiva del March Madness (fase final del torneo con los 64 mejores) inauguró la Zion Cam, una cámara sólo para seguir sus pasos. Cada acción fue analizada y comentada como si habláramos del nuevo Jordan. O del nuevo LeBron.

Por eso no sorprendió el escándalo mundial que se desató cuando, en el esperado clásico ante North Carolina (con Barak Obama en primera fila y entradas desde 2900 dólares), Zion resbaló a los pocos minutos de juego, una de sus zapatillas explotó literalmente y su rodilla sufrió un esguince. Tan mediático fue el papelón a nivel mundial que las acciones de Nike se desplomaron, perdiendo un estimado de 1.100 millones de dólares, y se reabrió el debate de por qué los jugadores de la NCAA no cobran dinero cuando el negocio del básquet universitario es multimillonario. Ese episodio pareció el preludio de un final de película digno de Hollywood. “Ahora vuelve de la lesión y sale campeón”, creyeron muchos. Sin embargo, si bien su regreso a las canchas fue muy bueno, Duke no resultó el cuco que muchos presagiaban por la presencia avasallante de varias figuras y quedó eliminado en cuartos de final, antes de llegar al famoso Final Four de la NCAA.

Lo que siguió, ser el N° 1 del draft NBA, no sorprendió a nadie. Un año antes ya se sabía que ese lugar de privilegio lo esperaba. Sólo restaba saber qué equipo ganaría la lotería y se lo llevaría. Muchos se ilusionaron, en especial los Knicks, pero le tocó a New Orleans Pelicans pese a que era el séptimo equipo con menos chances (apenas el 6%) de quedarse con la principal selección. El video de los festejos de los empleados de la franquicia y del sagaz general manager David Griffin se viralizaron tanto como las volcadas de Zion. Todos sabían que, luego de años de resultados mediocres que empujaban a la figura a exigir un canje (Anthony Davis terminó en los Lakers con LeBron), este enorme toque de suerte era un golpe de efecto para intentar un nuevo comienzo. O, mejor dicho, una resurrección para una franquicia que parecía condenada al ostracismo. Un volver a vivir que, ya en los amistosos, se palpó en la ciudad y en el estadio (el promedio de asistencia creció un 25%). Explotó la expectativa por ver a un Williamson que no está solo. Tendrá a su lado a uno de los mejores núcleos jóvenes del torneo (Lonzo Ball, Brandon Ingram, Jaxon Hayes y Alexander-Walker) y a tres muy rendidores veteranos (Jrue Holiday, JJ Redick y Derrick Favors). Los playoffs ya quedaron muy lejos, pero tiene material para construir para otro futuro.

Zion se convirtió en una personalidad universal, con 4.5 millones de seguidores en Instagram, sin haber jugado un partido. Es el protagonista de un boom sólo comparable a aquella llegada de LeBron a la NBA, luego de saltar directamente desde el secundario, en el 2003. La diferencia lo hace esta época aún más globalizada con el auge exorbitante de las redes. Williamson ya cruzó las fronteras de Estados Unidos y los límites del básquet, incluso del deporte. Hoy asistimos a esta generación que se alimenta de los highlights y de los momentos virales en redes. Hoy, más que ver partidos, se devoran compactos. O, mejor dicho, atrapa lo cool, lo llamativo, lo sorprendente, lo interesante más que lo importante. En ese contexto, un tipo como Zion es el producto ideal. Ahí radica la gran diferencia con James. Por eso nunca un basquetbolista de 19 años había sido tan popular como él. Zion, a esta altura, ya es un fenómeno social que incluso ha dejado en segundo lugar al jugador excepcional que promete ser…

Las mejores jugadas de Zion Williamson en su debut amistoso en la NBA

Zion se convirtió en un hombre empresa, en apenas semanas y luego de esperar años, al menos para poder blanquearlo. Es conocido que, por reglas de la NCAA, los jugadores universitarios no pueden cobrar dinero, aunque históricamente hubo sospechas que esto no siempre se cumple y, en el caso de Zion, hasta hubo denuncias que decían que la madre cobraba de Nike. Ya en la NBA la Bestia se convirtió en millonario. Con los Pelicans firmó el contrato previsto para un N° 1 del draft (44 millones por cuatro temporadas) y luego, en una esperada decisión, anunció el acuerdo por 75 millones y cinco temporadas con Jordan Brand, superando incluso los 87 millones por siete años que acordó LeBron en el 2003. Zion evaluó las siete ofertas que tuvo hasta que decidió firmar con la marca afiliada a Nike. La movida tuvo como objetivos seguir perteneciendo a la misma empresa (sin quedar pegado al escándalo de la explosión de su zapatilla Nike en Duke) e intentar imitar el boom que consiguió Michael cuando llegó a la NBA en 1984. Sin siquiera jugar un partido, Zion también firmó con Gatorade, NBA2K y Panini, transformándose en una marca global, algo que a muchas estrellas consagradas les cuesta varios años.

Pero, claro, para que estos millones se multipliquen afuera, será esencial que en la cancha se cumplan las expectativas. Y allí sobran las ilusiones para ver a un nuevo tipo de jugador, que llega en el momento justo para captar a una nueva forma de aficionado y en un básquet moderno ideal para desplegar su estilo, donde los límites entre posiciones ya casi no existen y la versatilidad es la palabra de moda. Hablamos de un chico muy difícil de clasificar o encasillar porque tiene un cuerpo extraño para un basquetbolista: sus 130 kilos lo convierten en el segundo jugador más pesado de la NBA, con apenas sólo dos kilos menos que el serbio Marjanovic, que mide 24 centímetros más... Zion tiene más un físico de un jugador de fútbol americano. Incluso luce pesado, hasta gordito. Allí se apuntan las dudas, sus kilos están en el centro del debate. Varios creen que, con el peso actual, será imposible que su carrera sea larga. Incluso que impacte fuerte. Algunos se atreven a decir que la lesión actual (debió ser operado por un desgarro en los meniscos en la rodilla derecha) que aún no lo dejó debutar tiene que ver con los kilos, con la forma que esfuerza sus músculos y ligamentos… Hasta parece darle la razón que el período de recuperación haya sido mayor de lo esperado: su regreso estaba pautado para fin de diciembre pero lo han demorado hasta enero...

Lo cierto es que, cuando uno lo ve moverse en la cancha o despegar por el aire, queda impactado. En Duke batió el récord de salto sin tomar carrera. Nunca fue oficial, pero se habla de 45 pies. Es decir, 1m14. Sí, estando parado. Una locura. En Estados Unidos a estos “especímenes” los llaman Freak Of Nature (Fenómenos de la Naturaleza). Hablamos del jugador más dotado físicamente desde LeBron, de alguien con una fuerza bruta sin precedentes. ESPN, por caso, dedicó programas para analizar este aspecto y el diario The Wall Street Journal encargó un estudio a una universidad para comparar su fuerza con el impacto de un vehículo. El resultado fue que recibir una carga de Williamson equivale a un choque frontal contra un Jeep a una velocidad de 15 kilómetros por hora. ¿Quién, entonces, se le pondrá enfrente? En los amistosos que jugó ya se tuvimos una primera respuesta. Zion dominó a voluntad cerca del canasto, con cortes o corridas. Nadie pudo intimidarlo y fue el líder de eficacia de campo bajo el aro, sin ser un pivote. Así fue que llenó de highlights cada partido. En pretemporada, es verdad, pero marca una tendencia de lo que es capaz de hacer…

Hay pocos jugadores en la historia de la NBA que, con esa altura y ese peso, hayan triunfado. Pero, claro, Zion tiene una agilidad y una coordinación impropias para ese cuerpo, maneja el balón como pocos, tiene buena lectura, y su salto y hang time (tiempo de permanencia en el aire) son descomunales. Un hombre con ese peso no mete una volcada desde la línea de libres, como hacían Jordan o el Doctor J. ¡Nadie flota en el aire con más de 130 kilos! Por eso no hay un jugador al que se parezca completamente, aunque tiene una mezcla de varios. El primero que se viene a la mente es Charles Barkley, a quien apodaban el Gordo porque tenía sus kilitos de más (quizá como Zion) pero que movía su cuerpo como un perimetral. Sir Charles no superara el 1m95 (y 120 kilos), pero sobre todo en sus primeros años era un portento físico, potente y veloz. Se la bancaba cerca del aro, era un tremendo rebotero y luego fue puliendo su juego perimetral. Una superestrella durante casi 15 años que hoy asegura ver muy bien a Zion. “Yo era gordo, él no”, dice. Zion también tiene similitud con aquel de Larry Johnson de los 90, ala pivote figura de Charlotte y los Knicks que era casi tan ancho como alto, con buenos movimientos y tiro. Además cuenta con la explosión, el salto y la fiereza del gran Shawn Kemp (2m08 y 140 kilos). O de Blake Griffin (2m08 y 115), si no nos queremos ir tan lejos en el tiempo. Tiene también cosas de Chris Weber e incluso del actual Draymond Green. Es ala pivote, como todos ellos, pero le suma cualidades perimetrales superiores a muchos de ellos y sobre todo nunca vistas para su envergadura, como la suavidad de manos y la coordinación técnica driblear o pasar el balón. Zion es ambidiestro y eso es otro plus. Todas características que desarrolló con su padrastro y cuando jugaba de base, antes de pegar el estirón. Esto lo convierte en un jugador polifuncional capaz de ocupar distintas posiciones, en ataque y defensa.

El último jugador que marcó la diferencia, con un físico impactante, fue LeBron, pero son 2m03 y 112 kilos de puro músculo. No son 130 como Zion, que además tiene otra morfología. James posee un físico único, tan fuerte como un pivote y con movimientos de un escolta, la lucidez de un base y el tiro de un alero. Probó poder jugar (y brillar) en las cinco posiciones. Zion, si continúa su progreso, podrá imitarlo. Tiene las herramientas. Hoy su única falencia puede ser el tiro a distancia. Su mecánica es buena aunque le falta pulirla. Ojo, el 34% de eficacia que mostró en Duke no es nada despreciable. Por ahora al tiro no lo necesita tanto. El principal candidato a Rookie del Año es capaz de promediar al menos 20 puntos en su primera temporada sólo con anotaciones en carrera, por cortes y hasta rebotes ofensivos. Ya lo demostró en pretemporada. Alvin Gentry, el DT de los Pelicans, diseñó ofensivas para él, sobre todo viniendo de atrás, imitando a un running back (corredor) de fútbol americano, para usarlo en carrera cuando llega de la defensa y así atacar las grietas de la defensa. Eso sí, en los amistosos siempre hay muchas, en fase regular menos y en playoffs, casi no abundan. Por eso, para no quedar expuesto, Zion deberá ir mejorando su consistencia en el tiro. La otra gran duda pasa por las lesiones y su durabilidad, sobre todo luego de la lesión sufrida en esta pretemporada: ¿cuánto tiempo podrá desplegar un estilo tan explosivo con el peso que tiene en la actualidad y jugando 100 partidos por año? Deberá cuidarse y dosificarse ante un calendario mucho más exigente al de antes. Para eso, claro, también deberá estabilizar su peso. Griffin, el GM de la franquicia, lo sabe, pero aclara. “Todavía no podemos determinar cuánto pesará. Creemos que crecerá más, no sabemos cuándo parará… Buscaremos las mejores condiciones para que pueda desarrollar su enorme fuerza y velocidad al mismo tiempo que controla su preparación atlética”, declaró.

Hace unos días fue viral: Zion se quedó dormido en pleno partido

Las expectativas son enormes. Y las comparaciones están a la orden del día. “Pensé que LeBron era único. Pero Zion también lo es”, opinó Steve Kerr, el DT que tres veces campeón con los Warriors, el responsable del cambio de paradigma en el juego NBA. “Nadie pudo o puede hacer lo que hace con ese cuerpo”, agregó Josh Hart, su nuevo compañero. “Es imposible pararlo cerca del aro con esa combinación que tiene”, sumó Nicolo Melli, el compañero italiano que debe defenderlo en las prácticas. “No hay dudas que es el mejor prospecto NBA desde Jordan”, aseguró nada menos que Scottie Pippen, compañero de MJ que sorprendió al pasar por alto incluso a LeBron. Stephen Marbury, otra ex estrella, fue más allá. “Es el único que tiene la oportunidad de ser mejor que Jordan. Sin dudas superará a LeBron, va a destruir el mundo…”, dijo el ex base. Entonces, le dieron la palabra a James. “Las comparaciones son parte del juego y siento que no le harán mal, aunque yo no las haré. Diré que es un jugador increíble, con una gran combinación de virtudes. Me impactan su agilidad y rapidez para su tamaño, para su fuerza…”, detalló. Gentry, su coach, prefiere bajar los decibeles y relativizar su impacto. “No vamos a pedirle que se ponga la capa y vuele para salvar a nuestra franquicia. Va ser realmente un buen jugador, y cada día va a ser mejor, y para mí lo más importante es que cada día trabaja para ello”, declaró. Williamson se ubica lejos del perfil alto y se lo toma con calma. “Creo que la gente verá lo que dicen de mí y creerá que es muy estresante, pero me estoy divirtiendo. Es un proceso divertido. Hace dos años estaba en el último año de la escuela secundaria y ahora estoy aquí, en la NBA. Me llevará un tiempo de adaptación, lo tengo claro, por ahora sólo quiero mejorar y ayudar a ganar al equipo”, comentó Zion.

El tiempo dirá en qué se convierte y adónde llegará. Ahora, más allá de su historia, es hora de disfrutarlo. Que arranque el Año 1 de Zion Williamson.

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