
¿Cómo sería vivir en un mundo vigilado en el que cada palabra, cada manifestación oral o escrita, cada foto o exclamación de preferencia por tal o cual marca son registradas por un Gran Hermano que conoce todos nuestros movimientos? La respuesta no es un enigma, ya que así de vigilados vivimos hoy. Eso demuestra el documental Nada es privado (interesante traducción del título original "The great hack", es decir, "el gran hackeo") que se estrenó por Netflix y que señala la manipulación de los datos en las redes sociales con fines políticos.
La producción –de gran minuciosidad y que cuenta con la participación de protagonistas de operaciones realizadas por la agencia Cambridge Analytica para figuras y partidos políticos mediante los datos usufructuados por Facebook– es perturbadora y toca en particular a nuestro país, ya que unos fotogramas indican que en 2015 el partido Cambiemos, del presidente Mauricio Macri, recurrió a los polémicos servicios de manipulación de datos de la ciudadanía. Sin embargo, el documental deja planteado un problema que va más allá de las acciones de algunos gobiernos o partidos nacionales en particular: lo aterrador de Nada es privado es que nos ubica a todos en una nueva era e introduce la pregunta acerca de si es posible o no evadir las consecuencias tecnológicas de esta etapa de la sociedad.

Si en su novela 1984 George Orwell había pronosticado un Estado de vigilancia sobre la población, basado en totalitarismos como el nazismo en Alemania o autoritarismos como el instaurado por Josep Stalin en la Unión Soviética, la pesadilla se vuelve hoy una realidad "amable", a través de los "me gusta" o las publicaciones de fotos socializantes en cualquier red social. Hoy no se trata de la vigilancia de un Estado nacional, ya que Facebook es la patria con mayor densidad poblacional de la historia de la humanidad: 2300 millones de personas están adheridas a una red social en la que depositan sus datos, sus gustos, su opiniones y, de ese modo, permiten un análisis pormenorizado para influir sobre sus conciencias. Es decir, nuestras conciencias.

Los directores de la película –Jehane Noujaim y Karim Amer– lograron contactar a una ex empleada de Cambridge Analytica, la cuestionada agencia que se hizo famosa por el uso de los datos de los usuarios de Facebook con fines políticos en -pero no solamente- las elecciones estadounidenses que le dieron el triunfo a Donald Trump y en el referendo inglés que determinó su salida de la Unión Europea, que muestra cómo funciona el mecanismo de manipulación. Brittany Kaiser, que tuvo un lugar relevante en la empresa Cambridge Analytica y que consideraba a Alexander Nix –el jefe máximo de la agencia– como su amigo (tenía las llaves de su casa en Londres, por ejemplo) renunció a la compañía y denunció sus actividades incluso en una comisión parlamentaria, en Gran Bretaña y en los Estados Unidos.
Su testimonio comienza con un inquietante graph que da cuenta de que fue filmada en "algún lugar de Tailandia", lo que indica el peligro de ser la testigo de operaciones a gran escala que involucraron a las potencias centrales más importantes del orbe.

La tragedia griega instauró la figura de la "anagnórisis", que es el momento en el que el héroe se da cuenta de cuál es su rol en el entramado de los acontecimientos. Algo así debió haber sucedido con Brittany Kaiser para haberlo abandonado todo y decidirse a dar cuenta de un mecanismo que pone en riesgo la intimidad de los ciudadanos. La ex empleada de Cambridge Analytica es seguida por las cámaras mientras explica cómo se usan los datos de las personas "indecisas" para conducirlas hasta un fin político determinado. Así se pueden explicar las campañas de Trump, del Brexit, de República Dominicana –señaladas con minuciosidad en el documental– pero también prácticas que llegaron a la Argentina (que sólo es mencionada al pasar como una de las naciones cuyos partidos gobernantes utilizaron los servicios de la empresa).
Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, aparece en el filme, en un extracto de cuando tuvo que brindar explicaciones por el escándalo de la filtración de datos personales en el Congreso de los Estados Unidos. Sin embargo, según el documental, el empresario miente. Cambridge Analytica tuvo que cerrar sus puertas debido al escándalo, incrementado por una cámara oculta realizada por el Channel 4 londinense, en la que Alexander Nix explica detalladamente la campaña de desprestigio de Hillary Clinton, basada en los datos recogidos en la red social.

De cualquier manera, lo escabroso de la producción que se puede ver en Netflix es que pareciera no haber salida: no se trata de una compañía u otra, sino de una era. ¿O cómo hacer para que miles de millones de personas dejen de publicar su intimidad en las redes, para el uso político que se les pueda dar?
Una pregunta inquietante y a la que el documental no da respuesta. Queda en manos del espectador pensar. Y no solo temblar.
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