
Susan Unterberg (77) fue durante muchos años solo una fotógrafa destacada -para la opinión pública e incluso su familia- , que había expuesto su trabajo en algunas colecciones importantes, como el Museo Metropolitano de Arte, el Museo de Arte Moderno y el Museo Judío, todos de Estados Unidos. Sin embargo, reveló hace poco tiempo ser una de las filántropas más importantes de la historia del arte femenino, ya que durante 22 años, y en secreto, subvencionó la carrera de muchísimas creadoras en dificultades.
A través de Anonymous Was a Woman, Unterberg desembolsó un total de USD 5.5 millones durante más de dos décadas para apoyar mujeres menores de 40 años, que además de talento veían casi imposible su crecimiento en el mundo del arte debido a las dificultades que encontraban para ser valoradas en un universo regido por hombres.
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La inspiración, contó Unterberg en una entrevista con el NY Times, llegó de sus propias complicaciones para hacerse un lugar en la escena del arte y cómo esa experiencia le hizo abrir los ojos de las dificultades que tenían el resto de las mujeres.

Las razones de su salida del anonimato están lejos de querer obtener reconocimiento o "colgarse medallas": Unterberg decidió darse a conocer para que, a través de su historia, se abra el debate de manera definitiva sobre la participación femenina en el mercado artístico.
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"Es un gran momento para que las mujeres hablen. Siento que puedo ser un mejor defensor teniendo mi propia voz", comentó la fotógrafa estadounidense. Y agregó: "Las mujeres no son invitadas a exponer en museos tan a menudo como los hombres, siquiera tienen los mismos precios en el mundo del arte y no parece estar cambiando".
En ese sentido, Andrea Giunta, posiblemente la más prestigiosa de las investigadoras y curadoras de arte de la Argentina, explicó a Infobae Cultura: "Si tomamos el largo siglo XX la representación de las mujeres nunca alcanza el 10%. Es decir, está en torno al 5%".
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Giunta, que acaba de publicar Feminismo y arte latinoamericano (Siglo XXI), un ensayo en el que se propone demostrar hasta que punto la obra de las artistas mujeres ha sido invisibilizada por lo que llama la mirada patriarcal, sostiene que esta diferencia se mantiene a nivel internacional: "Estamos hablando de museos, de galerías, de instituciones públicas, instituciones privadas. Maura Reilly publicó un artículo en la revista ART News donde hace estadística y analiza los porcentajes no solo en las colecciones de los principales museos de Estados Unidos o Europa sino también en la Bienal de Venecia y en la Documenta de Kassel. Es decir, en un lugar un año es 30%, al siguiente año es 10% de nuevo. Algunos manejan criterios de representación igualitaria, entonces ese año es 48% a 52%, al año siguiente vuelve a ser 20/ 80. Digamos, hay una conciencia que no se instala".

En ese sentido, de acuerdo a las estadísticas del Museo Nacional de Mujeres en las Artes de EEUU, ellas ganan 81 centavos por cada dólar fabricado por artistas masculinos, lo que constituye solo del 3 al 5 por ciento de las principales colecciones permanentes de museos en los Estados Unidos y Europa. Y de las 590 exposiciones principales de casi 70 instituciones del país norteamericano desde 2007 hasta 2013, solo el 27 por ciento se dedicaron a artistas femeninas.
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Entre las artistas que recibieron los USD 25 mil de ayuda por parte de Unterberg se encuentra Carrie Mae Weems, quien hoy es una reconocida artista estadounidense en fotografía y en la mixtura de la imagen con el texto, el tejido, el audio y la imagen digital, entre otras técnicas.
Weems recuerda que se "sentía muy anónima e incomprendida y trataba de descubrir cómo hacer un nuevo trabajo" cuando recibió un llamada para ofrecerle un "regalo extraordinario". Y agrega: "Fue importante, porque necesitaba el dinero, pero más que nada, necesitaba el aliento y el apoyo para seguir haciendo, seguir presionando, seguir trabajando a pesar de todas las presiones".
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Con alrededor de 50 exposiciones en su carrera, Weems está de acuerdo con su mecenas: "Las mujeres continúan siendo infravaloradas y menospreciadas. El trabajo no se toma tan en serio, y los hombres siguen corriendo el juego. Los hombres en el poder apoyan a los hombres en el poder, y quieren ver a los hombres en el poder".
Como fundadora y única patrocinadora del programa de subvenciones, Unterberg ya ha apoyado a 220 artistas con fondos de la fundación que ella y su hermana, Jill Roberts, heredaron después de que su padre, Nathan Appleman, un petrolero y filántropo, muriera en 1992.
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Unterberg confiesa que la idea surgió cuando en 1996 el Fondo Nacional para las Artes eliminó las subvenciones individuales y eso le produjo una profunda conmoción: "Como yo era un artista de mediana edad y siempre quise apoyar a las mujeres, ya que soy feminista, este parecía ser el vehículo perfecto".
El nombre Anonymous Was a Woman no es casual. Si bien hace referencia a una línea en Una habitación propia, un ensayo de Virginia Woolf, la cuestión del anonimato no es menor para Unterberg, quien durante mucho tiempo enviaba sus obras sin dar a conocer su verdadero nombre para que su arte fuera evaluado en sus propios términos: "Estaba trabajando muy duro para ser conocida como una artista contemporánea y sentí que habría influido en la forma en que la gente veía mi trabajo o me veía".
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Por eso también, desde su lugar como filántropa, eligió no trascender y que el foco estuviese puesto en las artistas que "patrocinaba": "Soy una persona privada y no me importó ser desconocida".
Louise Lawler, Tania Bruguera, Carolee Schneemann y Mickalene Thomas solo algunas de las hoy reconocidas artistas que ganaron esta especie de beca creativa sin compromiso y sus obras ya fueron presentadas en exposiciones individuales en instituciones como el Museo de Arte Americano Whitney, el Solomon R. Guggenheim Museum y la Bienal de Venecia, entre otros.
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Nicole Eisenman, quien recibió una subvención en 2014, comentó: "Es una forma tan especial de generosidad hacerlo anónimamente. La falta de ego y el puro altruismo en esta subvención es algo hermoso".
Para obtener la ayuda las mujeres son nominadas y evaluadas por un comité que varía cada año integrado por otras mujeres, que van desde curadoras, escritoras de arte y ganadoras anteriores, quienes deliberan por un día completo y reciben USD 1,000 por su trabajo.

"Llegó justo a tiempo", dijo Amy Sherald, que recibió el premio en 2017 antes de que se anunciara que pintaría a Michelle Obama para la National Portrait Gallery. Y explicó: "Cuando recibí el cheque, en realidad estaba en un punto en el que no podía pagar el alquiler. Me quedaban USD 1,500 y esa es exactamente mi renta. El anuncio del retrato acababa de salir y yo estaba sentado sin hacer nada. Me salvó la vida en términos de asegurar mi estudio para hacer ese retrato".
En 2004, la curadora Laura Hoptman realizó una evaluación de la subvención a partir de entrevistas a 70 destinatarias. Las conclusiones fueron clarísimas: el beneficio psicológico había resultado tan decisivo como el financiero.
"Todas alegaban una validación de su posición en la comunidad del arte, un reconocimiento de sus logros pasados, así como un fuerte voto de confianza en su capacidad para continuar produciendo un trabajo significativo. Es la calidad de vida que cambia con una subvención sustancial, bien merecida, que proviene de la nada", dijo Hoptman.
Y finalizó: "Los términos más utilizados en este muestreo fueron 'salvavidas' y 'milagros'".
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