En su nuevo libro, Un golpe de vida (Alfaguara) dice que se pasó "toda la vida preguntando". Y es que Juan Cruz Ruiz (Tenerife, 1948) asegura que se convirtió en periodista siendo muy pequeño, cuando sus crónicas de fútbol manuscritas ocupaban su tiempo y su deseo, estimulado por lo que llama la "entusiasmina", una suerte de vitamina del oficio que todavía le enciende un brillo pícaro en los ojos. Ya entonces, la curiosidad y el entusiasmo eran para él guías fundamentales hacia la información y su divulgación. Nombre clave de la estructura del diario El País de Madrid desde la fundación del periódico en 1976, Juan Cruz pasó a dirigir la editorial Alfaguara entre 1992 y 1998 y regresó más tarde a la redacción, con 57 años, sin que se hubieran jubilado ni su entusiasmo ni su curiosidad.

En el ensayo autobiográfico que vino a presentar a la Feria del Libro, el periodista describe cómo, a su regreso al diario, un apetito voraz por participar de todos los artículos posibles le trajo disgustos y resquemores entre algunos colegas. De ese hambre de periodismo, de la necesidad de contarlo todo y bien ("los periodistas somos como niños que vamos a la escuela, volvemos y decimos "mira lo que pasó en la escuela"), de la imparable aventura del "yo" que ahora se impone en la redacción periodística y de la "tormenta perfecta" que amenaza a los medios tradicionales en la era de Internet, habló Juan Cruz durante una entretenida entrevista en los estudios de Infobae TV.

— Editor de libros, periodista y escritor: ¿cómo se llevan todos esos Juan Cruz?

— Bueno, lo que pasa es que Juan Cruz no existe. Es una ficción que yo completo escribiendo sobre lo que me pasa, ¿no? En realidad uno pasa por la vida como si fuera una sombra que está en el espejo, que despide olores, que también despide alegrías, tristezas, etcétera, y uno se va recomponiendo todos los días. Hay un montón de horas en las que uno no existe, cuando está durmiendo… Después se despierta y vuelve a ser uno mismo. Pero yo de pronto me ducho, me quedo el baño lleno de vapor y me afeito y yo no estoy, yo afeito una cara. Yo soy consciente de estar afeitando una cara pero no sé quién soy. Después escribo, entonces me recompongo. Y cuando hago una nota, como se dice en la Argentina, cuando escribo periodismo, ese soy yo.

— En Un golpe de vida cuenta sus comienzos en el periodismo y los vincula con las palabras de su madre y con la lectura de un artículo puntual que ella le leía siempre.

— Yo soy periodista o quiero ser periodista desde que empiezo a querer leer. Creo que yo aprendí a leer para leer periódicos. Una vez a mi madre cuando yo tenía 8 años le trajeron un recorte de un periódico donde venía la crónica de un accidente natural ocurrido en la Isla de la Palma. Yo tenía 8 años pero todavía no había empezado a leer porque era un niño asmático y no podía ir a la escuela, entonces a los asmáticos se los curaba difícilmente. Entonces ella me leía todos los días ese suceso. Ella leía a duras penas y yo no leía nada, con lo cual aprendimos los dos a soltarnos a leer. Y al tiempo llegó la radio a casa, entonces la radio tenía todo lo que se dice en la radio, en la televisión, sintácticamente correcto, uno no sabe, como el personaje de Moliere, que está hablando con buena sintaxis. Y yo aprendí a hablar también con la radio. Y cuando me solté a escribir, ya escribía correctamente. No es una vanagloria, es que era así, se juntó la palabra, el ritmo y las figuras metafóricas. Entonces me hice adicto al fútbol, y escribía crónicas de partidos que nunca veía, porque no había televisión. Entonces apuntaba y resumía los partidos como crónicas de periódico. Y un día mandé una crónica de un partido que sí había visto en vivo en una jornada de fútbol y el director del periódico al que la mandé, escrita a mano, me la publicó de inmediato con una entradilla que hablaba de mi sintaxis. Yo no sabía lo que era la sintaxis. Pero claro, a él le sorprendió que un chico tan pequeño, 13 años, pudiera contar así las cosas. Y desde entonces soy periodista.

— ¿Se puede ser periodista sin ser lector?

— No. Por lo menos no se puede ser buen periodista. Nosotros vamos a tener -no todavía pero vamos a tener en el próximo futuro- una grafía que va primero a mostrarse en los periódicos escritos y que luego va a estar en la televisión y en la radio y que tiene ya su sitio en las redes sociales, en internet y en las webs. Ha entrado como posible el lugar común, el tópico. Hay un libro de Timothy Snyder que se llama Sobre la tiranía en el que aconseja leer para evitar este defecto que viene. Y aconseja leer para conseguir concepto, es decir metáfora. Si no leemos, no podemos construir nuestras propias metáforas. Y esto que parece que es una exageración, si uno empieza a mirar los diarios críticamente y empezamos a ver cómo resumen los periodistas lo que ven ahí tenemos muchos motivos de preocupación. Yo ayer observé una crónica, por otra parte buena, de un diálogo de Paul Auster en público en el cual el periodista empezaba contando los minutos que habían pasado antes de que empezara el acto, y yo dije "esto es que el periodista no tenía ganas de empezar a contar su nota". Dice: "Tardaron 20 minutos en empezar" y dije aquí hay un problema de ganas, de entusiasmo. Porque cuando tú estás haciendo periodismo tú sales de la sala, de donde estés, con un titular, con un lead (N. de la R.: la cabeza del artículo), tú quieres contar. Los periodistas son como niños, que vamos a la escuela, volvemos y decimos "mira lo que pasó en la escuela". Pero no decimos "llegué a la escuela, estuve allí unas horas, y querida mamá, ahora te voy a contar". No. El periodismo es contar enseguida, bien.

— ¿Le pasó alguna vez de tener ganas de decir "pasaron 20 minutos"? Digo, seguramente alguna vez le tocó escribir sobre cosas que lo entusiasmaban menos. ¿Cómo hace cuando algo lo entusiasma menos?

— Mira, hay una vitamina del periodismo que es la entusiasmina. Entonces tú tienes esa vitamina que va contigo. Yo ayer hice una nota sobre la Feria del Libro y yo la hice pensando… No la hice, no, la concebí primero sin saber mucho de qué iba a hablar, y de pronto empecé a ver dos combinaciones: la lluvia, que fue torrencial, llovió más en Buenos Aires que en Macondo toda su vida. Entonces, la lluvia. La cantidad de extranjeros grandes que han venido. Paul Auster, Richard Ford, Yasmina Reza, Vargas Llosa, Pérez-Reverte, cantidad de gente. ¿Tú sabés de dónde viene esa gente? Del otro lado del mundo, como yo mismo. ¿Cuánto se tarda desde el otro lado del mundo? Un montón de horas. Ustedes no son conscientes de las horas que se tardan para venir. Ustedes son conscientes de las horas que se tardan para irse. Entonces yo pensaba, y toda esta gente viniendo aquí desde a ver Buenos Aires, a encontrarse con otros escritores, a mantener un aire cosmopolita de la Ciudad de Buenos Aires. Por qué vienen y qué consecuencias tiene la Feria. Y cómo la Feria se convierte en metáfora de esa historia borgeana de Buenos Aires como imán de los libros. Entonces yo voy pensando y entonces digo "ya tengo el entusiasmo". Si tienes el lead tienes el entusiasmo. Luego me vino muy bien el agua y la lluvia para mezclar todo eso y hacer pues una nota, como dicen ustedes. Pero luego si lo haces y lo haces con entusiasmo terminas de hacerlo y te dan ganas de comer, ¿no?

— ¿Hay muchas notas de las que se arrepiente? De haberlas escrito, digo…

— Seguramente. Porque en algunos momentos he escrito cosas que no eran adecuadas ni a lo que habían hecho las personas que protagonizaban esas notas pero ahora mismo no recuerdo. Lo que sí es que pido perdón.

— ¿Por escrito?

— Bueno, cuando me equivoco rectifico pero si no, me disculpo. O trato de disculparme.

— ¿Cómo ve la evolución de la presencia del yo en el periodismo, una estrategia discursiva que uno dejaba solo para cuestiones absolutamente excepcionales y que, sin embargo, ahora incluso en el público hay como una demanda? Como si se pidiera un mayor involucramiento personal por parte de los periodistas.

— Yo creo que ha pasado lo siguiente: antes llegaba el periodista, abría la mochila y sacaba el yo. Pero tardaba en sacar el yo de la mochila. Ahora el periodista va tarde a la redacción, o no va, pero manda a su yo primero. Eso es un problema grave que tenemos. Nosotros hemos racionado el yo en nuestro libro de estilo pero si hoy leemos El País vemos que hay muchos periodistas, o gente que funge como periodista, porque yo soy de la opinión que la opinión no es periodismo. La opinión es un punto de vista que está al alcance del señor que está abajo recibiendo a las personas que vienen a Infobae, el taxista, etcétera. Esas son opiniones. Las personas opinan de un montón de cosas, lógico. Pero nosotros no tenemos derecho a ocupar ese sitio de la opinión, nosotros trabajamos en la información. Es como si el zapatero hiciera el pie y la bota, ¿no? El zapatero hace la bota. Pero estamos llenos de gente que hace el pie y la bota en este momento.

— ¿Y qué piensa de los periodistas y sus relaciones muy cercanas los gobiernos? No hablo de ideas porque todos tenemos nuestras ideas, pero sí le pregunto por la cercanía del periodista con los gobiernos y los políticos.  Seguramente no es nuevo, pero en las formas hoy en algunos países es desembozado.

— Bueno, yo creo que ha sido uno de los graves problemas del periodismo. En nuestra lengua, sin duda. Y creemos que no, pero en los países anglosajones también. Yo creo que un activista no es un periodista. Podemos ir incluso a casos extremos. Ahora hay con mucha razón y muchas razones un fenómeno mundial relativo al feminismo, y encuentro que muchas mujeres consideran que en el ejercicio de su trabajo deben combinar su activismo con su oficio. Y las dos cosas tienen que ir separadas, pueden coincidir pero tienen que cuidar que ambas cosas sean separadas. Igual que en el fútbol por ejemplo, la cantidad de forofos (N. de la R.: Persona a la que le gusta mucho una actividad determinada o la practica con pasión), de activistas del fútbol que copan las redacciones de los medios. Los escritores o periodistas que consideran que el uso de sus ideas es legítimo para opinar sobre la gestión del gobierno, sobre la gestión de la oposición, etcétera, etcétera, desde el punto de vista del activismo. Yo creo que todo activismo no es periodismo.

— ¿Cómo ve la situación del periodismo en España, sobre todo hablando de su diario, que viene sufriendo duras críticas? En su libro se ocupa mucho de esto y del oficio que está pasando por un momento con muchas crisis en simultáneo. 

— Yo veo una crisis del periodismo porque ha habido desde el ingreso de las redes sociales un acoso a los medios y a sus periodistas por parte de la política. Es decir, hay como una especie de lucha para poner de manifiesto lo que el otro hace casi en tiempo real y criticarlo, ¿no? Entonces desde el año 2015 cuando Podemos asume un protagonismo muy esencial en la vida española, ellos deciden que a El País había que tenerlo cercado. E hicieron un programa, que yo comento en mi libro, en el que decían cosas que no eran ciertas de mi periódico. Avisaban también a los latinoamericanos que no nos dejaran entrar en sus casas. Y aquello yo lo vi con real preocupación porque era consciente como ciudadano -y no solo como persona ligada al periódico- que allí se iniciaba una campaña de derribo del periódico. Eso siguió luego por las redes sociales y se prolonga, haga lo que haga El País siempre se equivoca. Es como el negro de la canción, "si no trabajo me matan y si trabajo me matan". Entonces, yo considero que a los periódicos hay que criticarlos y los periódicos tienen a su vez que criticar. Pero en un lado y en otro del ámbito crítico de los medios, tenemos que aspirar a respetar la verdad de los hechos y no fijarse solo en lo que nos viene bien para derribar al otro. Yo creo que El País ha pasado y pasa por una travesía que es simbólica de este tiempo del periodismo. Fíjate que nosotros hemos tenido una deuda enorme pero aparte de la deuda hemos perdido, como todos los medios del mundo, valor de mercado, la gente no compra los periódicos, la gente se nutre de periódicos a partir de webs, de Facebook y de Twitter. Mi trabajo cuando viajo, el trabajo de mis compañeros, de los corresponsales que hay en todo el mundo, cuesta muchísimo, pero vale muy poco dinero porque la gente se lo descarga gratis en la web. Todo eso ha coincidido en un tiempo que es una tormenta perfecta y una dictadura perfecta de internet. Internet ha impuesto, Facebook ha impuesto su lógica. Twiter ha impuesto su lógica. Y nosotros estamos creyendo que un día podremos cobrar por lo que hacemos. Mientras esa crisis esté ahí, es muy difícil que los periódicos se reclamen a sí mismos con la independencia, con la gallardía, con el valor que tuvieron un día.

— En algún momento del libro dice algo así como que las redes sociales hoy representan lo que antes eran las habladurías. Me gusta esa imagen.

— Las redes sociales están al alcance de cualquiera, amplifican lo que antes era una conversación de bar, y en los bares había muchos borrachos, y sigue habiéndolos. Y ahora Twitter está lleno de borrachos. Yo hablo mucho de Twitter porque me da pena que un lugar tan habitado esté tan cerca de un manicomio en el que hay personas que salen a la calle con corbata pero llega un momento, con corbata, o con traje o muy aseados, en que empiezan a llenarse de mierda. Mira, el otro día estábamos desayunando con Vargas Llosa aquí, en el hotel Alvear. Y cuando volvía a mi hotel, que no era el hotel Alvear, me encontré con una cosa, porque no le podés decir una noticia, no, no, una cosa, o como dicen aquí ustedes un coso, dicho en Twitter: "Mario Vargas Llosa, candidato a la Presidencia de la Comunidad de Madrid." Eso lo retwitteaba una cadena, La Sexta, y lo decía un periódico que fue el que causó la caída de la presidenta de Madrid, OkDiario. Entonces La Sexta retwitteaba eso. Y yo le puse a La Sexta una nota diciendo, porque me constaba, "eso es mentira." Luego vi que un profesor muy serio arremetía contra Mario Vargas Llosa por seguir la estela de Esperanza Aguirre, la unidad madridista, todos dando por hecho que eso era verdad. Y luego me detuve y dije "voy a ver la noticia entera". Y en la noticia entera el titular era: "Mario Vargas Llosa a la Presidencia de Madrid." Entonces tú empiezas a leer, lees, lees, lees las cinco líneas estas y la última línea de la información que había sido ya retwitteada, utilizada, sobada, decía: "Ciudadanos ha desmentido esta noticia." En esas estamos. ¿No te da pena?

— Podemos, Ciudadanos y Cataluña son los grandes temas de España para las noticias internacionales. Me gustaría escuchar su opinión.

— Ciudadanos es un partido que ha crecido muy rápido desde supuestos muy nobles desde el punto de vista de ellos, van a luchar contra la corrupción. Pero cada vez que ha habido corrupción, ellos han luchado a favor del Partido Popular, que es el protagonista de la corrupción. No comprendo muy bien cómo quieren vender ellos esa figura. Es una metáfora de difícil embalaje. Podemos tiene una crisis interna muy fuerte basada en el hecho cierto de que Pablo Iglesias quiere acumular todo el poder y ejercerlo con mano de hierro y sin embargo bases suyas se le han rebelado. Cada vez que hay algo que puede salvarlo de esa especie de hundimiento en lo que son los partidos convencionales, y sobre todo los partidos convencionales de mediados del siglo XX, el estalinismo, el fascismo, que son partidos muy autoritarios, vuelve Iglesias a sentir la necesidad de imponer su criterio utilizando palabras como "pueblo". "Somos el pueblo", que son también las que utiliza Trump o Marine Le Pen, etcétera, etcétera. Y se utilizan en el siglo XX y contra las que previene Timothy Snyder en su libro Sobre la tiranía, que alerta sobre cómo los periodistas debemos actuar. O cómo debemos los periodistas construir nuestros conceptos informativos. Lo que pienso de Cataluña es que ha pasado allí como cuando entra la cocaína en las casas, que se pierde la razón, se pierde el razonamiento con otros, se pierde la duda y se considera que la única salida posible para el embrollo catalán es el nacionalismo, el sentimiento nacionalista. Yo creo que es muy difícil razonar con sentimientos. Luego ha habido enfrentamientos que ya son crónicos, dos sociedades están enfrentadas, no necesariamente la independentista y la otra, es decir la españolista, sino la independentista, digamos, radical y por otro lado la independentista que quisiera una vía nacionalista que tuviera como consecuencia una integración en la España europea razonable. La Cataluña catalanista que defiende la cultura catalana, la Cataluña socialista que existe. Entonces hay dos Cataluñas ahora enfrentadas y yo tengo pena.

— ¿Se puede jubilar un periodista? No digo jubilarse en cuanto al retiro formal, me refiero a si alguna vez uno termina de ser periodista. 

— Yo creo que no, yo creo que no. Yo no creo que el periodista se jubile nunca ¿no? Se puede cansar. Pero también se cansan los futbolistas, y no se retiran. Yo lo que me cansa es la falta de entusiasmo del periodismo. Cuando yo lo observo en los medios y en los periodistas, y cuando lo observo en la escritura eso a mí me da pena.

— ¿Será que el exceso de información y de acceso a la información es tan abrumador que de pronto está terminando con el entusiasmo?

— Lo que pasa es que yo no sé si hay exceso de información. Yo creo que no tenemos tanta información. Nos están, como decía León Felipe, durmiendo con cuentos, nos están diciendo un montón de cosas. Yo qué sé si es verdad todo eso del encuentro de los dos coreanos, ¿no? Yo qué sé. Fijate tú que en la historia nosotros tenemos como ejemplo la información del Watergate. Y tú sabés lo que pasó con Watergate. Watergate se guardó 6 meses para que no interfiriera en las elecciones norteamericanas. ¿Hubiéramos imaginado eso hoy? ¿Qué pasó en ese entretanto. Qué hubiera pasado si Watergate se hubiera publicado? A lo mejor Nixon no hubiera llegado a la segunda parte.

— Claramente no había redes sociales.

— No, ni había redes sociales ni había por parte de ese gran periódico conciencia de que eso quizás no se podía hacer. Ellos lo hicieron con buena voluntad, a mí me lo explicó Ben Bradlee en una entrevista. Pero el otro día lo estuve pensando, yo dije "¿cómo no ha habido nunca una controversia al respecto? ¿Qué hizo ese papel durante 6 meses esperando? ¿Nosotros estamos por el periodismo o estamos por las instituciones?"

— ¿Cuál es la cobertura más amorosa que recuerda, en el sentido de que haya sido entrañable o conmovedora para usted?

— Ayer estaba comentando en la Feria con Martin Yebra, un querido colega, yo creo que fue la entrevista a Doris Lessing. Porque era la Premio Nobel de Literatura más reciente. Fui allí con mi hija. Le ayudamos a quitar de la puerta de su casa en el Norte de Londres todos los telegramas, la correspondencia. Ella no había agarrado una carta, nada, en días. Ella vivía en el piso alto, entonces nosotros abrimos la puerta, subimos, ella me dio un vaso de agua con un paracetamol, mi hija se manejó por allí con ella muy bien porque iba luego a transcribir la entrevista porque es bilingüe, entonces a la vuelta yo quería ya tener la entrevista hecha porque había que entregarla ese mismo día en Madrid. Y entonces aquella mujer… ¿tú te imaginas si hubiera sido argentina o mexicana o española? Se habría armado un lío tremendo, habría ido un montón de gente solicitándola, agasajándola. Pero era Inglaterra.

— Si tuviera que enunciarle dos o tres conceptos a un periodista que empieza, a alguien que le dice "yo quiero ser periodista". ¿Qué es lo que no le puede faltar?

— Leer, un periodista tiene que leer. Un periodista tiene que leer para agarrar ritmo, música y sobre todo para tener lista la tercera mano. Onetti decía que un periodista debe tener siempre mientras escribe cualquier cosa una tercera mano dispuesta a golpearle las otras si dice un tópico, si convierte su escritura en una cursilería, si no aporta los datos suficientes como para que se entienda lo que está escribiendo.

 

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