Sofía Petro, la hija del presidente de la República, reveló que padece del “síndrome del impostor”

La hija del presidente de Colombia, Gustavo Petro, confesó que desde hace un tiempo padece de un particular fenómeno sicológico e invitó a sus seguidores a apoyarse, en caso de que alguno también tenga esta condición.

La joven habló en sus redes sobre el síndrome del impostor, el trastorno psicológico que la invade desde hace un tiempo.
La joven habló en sus redes sobre el síndrome del impostor, el trastorno psicológico que la invade desde hace un tiempo.

Probablemente la hija más popular de un presidente que ha visto Colombia, Sofía Petro se acopla de a poco a su nueva vida. Recientemente, le contó a sus seguidores en redes sociales cómo ha sido este proceso desde que el país eligió a su padre, Gustavo Petro, como máximo mandatario de la República.

Ha estado en el radar de la prensa nacional desde la posesión de su padre, el pasado 7 de agosto, y un poco más desde que apareció en una entrevista con ‘Las Igualadas’, comentando la forma en que ha sido sexualizada por la gente desde que hace parte de la escena pública.

Recientemente, Sofía ha hablado de un trastorno psicológico que la invade desde hace un tiempo y le impide asimilar sus logros de manera correcta. Se trata del síndrome del impostor y, según ella, la ha dominado con más fuerza desde que su padre consiguió la presidencia. Lidiar con todo lo que está sucediendo a su alrededor no ha sido fácil, vivir en la casa presidencial y asumir el papel de la hija del presidente de Colombia. ”Esta enfermedad es un estado psicológico que te hace pensar que no estás a la altura de la situación, que no mereces lo que tienes, dónde estás o tus logros”, dijo.

A través de sus redes, la joven aprovechó para enviarle un mensaje de apoyo y solidaridad a quienes, como ella, padecen de este trastorno, “en dado caso de que alguien por ahí sienta algo parecido, este es un recordatorio de que sí, sí mereces estar donde estás, nada ha sido gratis, no cayó del cielo, lo vales”.

En un artículo publicado por la BBC, la doctora Valerie Young señala que siete de cada 10 personas alguna vez lo han sufrido del síndrome del impostor en su vida.

”Millones de mujeres y hombres en todo mundo, desde exitosos directivos de empresas, hasta brillantes estudiantes o actrices están secretamente preocupados por no ser tan capaces como todos creen”, comentó.

Young explica que hay dos niveles: uno que desaparece con el tiempo y la experiencia, y que se manifiesta cuando nos sentimos inseguros ante un nuevo reto o puesto de trabajo; y otro más grave, que empeora con el pasar de los meses.

”Asumes que tu éxito es cuestión de suerte y nunca lo achacas a tu inteligencia sino a factores externos o al hecho de que hayas tenido que trabajar muy duro para lograrlo”, expresó.

Las psicólogas clínicas Pauline Rose Clance y Suzane Imes, citadas en un artículo publicado por El País, describieron el síndrome del impostor por primera vez tras estudiar a un grupo universitarios con excelentes cualificaciones, en 1978. Tres décadas después, en 2011, una revisión de la literatura científica sobre el fenómeno, publicada en la revista International Journal of Behavioral Science, determinó que un 70% de los trabajadores estadounidenses habrían experimentado alguna vez este patrón. Pero era más frecuente entre las mujeres y las personas pertenecientes a minorías.

El síndrome no está ligado a la enfermedad mental, reseña el diario, y sus efectos solo aparecen en los entornos laborales, por eso no forma parte del Manual Diagnóstico y Estadístico de Enfermedades Mentales, un compendio elaborado por la Asociación Americana de Psiquiatría (APA, en sus siglas en inglés) que sirve como referencia a los psiquiatras de todo el mundo. Eso no significa que no sea importante tenerlo en cuenta.

Antes de calificarlo como tal, por más de que los síntomas sean claros, todos deberían acudir a un especialista en salud mental para confirmarlo o descartarlo, y comenzar a ver las cosas de manera diferente, dar las gracias con cada cumplido, dejar de lado el autosaboteo. “Sin dar excusas, sin justificarte. Simplemente dar las gracias”.

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