Las mujeres de Otoniel, la columna vertebral del lavado de activos

Cuatro mujeres movían el dinero producto del narcotráfico. También estuvieron involucrados dos pastores evangélicos

Blanca Senobia Madrid Benjumea, alias la Flaca.
Blanca Senobia Madrid Benjumea, alias la Flaca.

Dairo Antonio Úsuga alias Otoniel, el narcotraficante más buscado del país y máximo jefe del Clan del Golfo, grupo armado ilegal descendiente de las antiguas Autodefensas Unidas de Colombia (Auc), amaneció este domingo en Bogotá, lejos de la antigua selva del Urabá, que fue su última guarida y donde cayó ante las autoridades colombianas este fin de semana.

Con la captura del capo muchas historias al rededor de su vida han estado en el ojo público, entre ellas, su aberración por las mujeres, que según relató la revista Semana, lo llevó a cometer delitos contra decenas de niñas. Pero esto no era lo único que hacía Otoniel con las mujeres, también las convertía en estructuras del poder dentro de su organización criminal.

De acuerdo con el informe del medio, las mujeres pilares del poder de Úsuga eran su esposa Blanca Madrid y sus hermanas, María, Sandra y Martha. Como cónyuge del capo, alias la Flaca, tenía a su cargo labores como lavar las ganancias del narcotráfico de la estructura delictiva los Urabeños, pero además “se dedicaba a conseguir los testaferros y adquirir las propiedades para la organización criminal”.

Poco a poco, la Flaca empezó a involucrar a sus hermanas, y pronto se convirtieron en objetivo principal de las autoridades, hallando que su centro de operaciones se encontraba en Medellín, donde los agentes de la Dipol les siguieron la pista y “descubrieron que Otoniel hacía ir a su esposa a diversas zonas de Urabá para visitarlo”.

“Con el tiempo, y como vivía como una reina llena de lujos en Medellín, le fue cogiendo asco a ir hasta casas de madera en la selva. Lo que hacía Otoniel cuando eso pasaba era que hacía subir entonces a algunas de las otras hermanas con las que tenía romances, lo cual explica por qué las hizo operarse y que quedaran todas igualitas. Lo curioso es que ninguna de ellas les contaba a las demás. Todas se ponían los cachos entre todas”, contó uno de los agentes de la Dipol al medio nacional.

En 2013, según relató la revista, las hermanas organizaron una ostentosa fiesta en Turbo, Antioquia. Allí, estuvieron dos pastores evangélicos conocidos como Jorge Cerdeño y Orlando Arce, y fue cuando además, los agentes infiltrados se enteraron que los clérigos estaban construyendo iglesias en sitios estratégicos del Urabá, usando el dinero de Blanca y su hermana Martha, conocida como la Jefa.

“Aprovechaban la devoción de la gente de la zona con el fin estratégico de tener control territorial y ganarse la lealtad de los pobladores hacia Otoniel y el Clan Úsuga”, contó uno de los agentes al medio, que además detalló que Cerdeño era un instrumento para movilizar dinero de lavado de activos por fuera del país.

Pero pese a los rezos que el pastor elevaba para evitar que atraparan a Otoniel y sus mujeres, Blanca cayó en 2015 y poco después lo hicieron su hermana Martha, su secretaría y los dos clérigos. Seis años después, y bajo el nombre del Clan del Golfo, la estructura del poder recibió su peor golpe con la captura del capo, dejando a la organización criminal en el limbo y más débil que nunca.

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