Concejo de Bogotá prohíbe la comercialización de animales vivos en las plazas de mercado

El Distrito deberá buscar alternativas económicas para las personas que se dedican a este tipo de comercio.

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Este domingo 24 de enero, el Concejo de Bogotá, debatió el proyecto que pretende regular las condiciones para la comercialización de animales domésticos en plazas de mercado y otros establecimientos de comercio en la capital.

La corporación aprobó este mismo día que prohíbe la comercialización de animales vivos en las plazas de mercado, como la restricción de aves ornamentales en toda la ciudad. Esta misma iniciativa desincentiva a la comercialización. Además, le ordena al Distrito formular alternativas económicas paras personas que trabajan en ese sector.

El barrio Restrepo, por ejemplo, existen 56 establecimientos de este tipo, por lo que la IPES tendrá cinco meses para buscar alternativas. Hay otros siete en el 20 de Julio, tres en el barrio Trinidad Galán, tres en el 7 de agosto y otros en Kennedy.

Andrea Padilla (Alianza Verde) y Celio Nieves (Polo Democrático) fueron los encargados de liderar el proyecto en el Concejo, en compañía de María Victoria Vargas (Partido Liberal)

Andrea Padilla, concejal animalista, celebró lo ocurrido y dijo que esto le pondrá fin a lo que ella considera uno de los peores escenarios de maltrato animal.

La venta de animales en plazas de mercado es un fenómeno que, no solo viola los principios más elementales de bienestar animal por las condiciones inhumanas en las que son mantenidos animales de distintas especies, sino que pone en riesgo la salud de las personas por el fenómeno de contaminación cruzada. Además, es bien sabido que se cometía el delito de comercio de animales silvestres.

Padilla sostuvo que ahora las alcaldías locales y el Instituto de Protección Animal deberán controlar el comercio en las inmediaciones de las plazas de mercado. “Es probable que esta actividad ilegal se exacerbe con la prohibición”, agregó a El Espectador el cabildante.

Aunque se habló sobre la venta de animales en comercios como los que quedan sobre la Avenida Caracas y en tiendas de barrios, la concejal Padilla dijo que “lamentablemente esta actividad solo puede ser prohibida por el Congreso”.

“Gracias a este proyecto ahora serán exigentes las condiciones en las que los animales podrán ser comercializados, pero esperamos que este negocio se desincentive y los comerciantes transiten hacia otras actividades económicas que sean seguras para ellos y no impliquen sufrimiento animal”, manifestó la cabildante que lideró la iniciativa.

Qué hacer con los hipopótamos de Pablo Escobar

En los años 80 al narcotraficante colombiano Pablo Escobar se le ocurrió, en medio de sus extravagancias, construir un zoológico privado en su Hacienda Nápoles, ubicada en el departamento de Antioquia. Desde África ordenó la importación de animales exóticos como leones, jirafas e hipopótamos. Décadas después, solo una especie se acomodó a este nuevo hábitat y ahora proliferan por toda la región.

Una vez Escobar murió baleado en diciembre de 1993 y su hacienda más famosa pasó a manos del Gobierno, la mayoría de las especies del zoológico fueron trasladas o murieron. Pero no los hipopótamos que quedaron a la deriva en ese lugar.

Su gran tamaño y peso hacían muy difícil y costoso su traslado, por lo que fueron abandonados a su suerte y con el paso de los años escaparon del lago de la Hacienda Nápoles a las vertientes cercanas del río Magdalena -uno de los más grandes de Colombia, que lo recorre por su zona central- se reprodujeron y hoy en día se calcula que podría haber entre 80 y 100 especímenes habitando en sus aguas.

En un artículo publicado recientemente por el medio británico The Telegraph, varios ecologistas sugieren que este problema se está tornando cada vez más grave y parecería que el único camino que queda es el del sacrificio de esta especie. Advierten que se reproducen vorazmente y son una amenaza creciente para los ecosistemas de la región.

Según este medio, los científicos pronostican que la cantidad de hipopótamos aumentará a casi 1.500 para 2040 si no se toman acciones para mitigar su proliferación. “Los impactos ambientales serán irreversibles y la cantidad imposible de controlar (...) A nadie le gusta la idea de dispararle a un hipopótamo, pero tenemos que aceptar que ninguna otra estrategia va a funcionar”, le dijo a The Telegraph la ecologista Nataly Castelblanco-Martínez.

El hábitat del hipopótamo en África es de una lucha constante por tener acceso a los charcos y enfrentan enfermedades y depredadores naturales, situación que no viven en Colombia, donde los científicos dicen que es todo un paraíso para los hipopótamos.

Las condiciones en la hacienda eran ideales para ellos, lo que les permitió tener un terreno con grandes lagos y arroyos, abundantes pastizales, sin depredadores naturales, donde reproducirse.

Tanto el Gobierno, como los ambientalistas y los pobladores que se vieron forzados a convivir con ellos, llegaron al consenso de que las exóticas bestias eran un problema que tenía que ser solucionado, pues su libre deambular por los ríos del país y la posibilidad de que se esparcieran por el continente latinoamericano suponía un peligro para las especies locales.

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