
Una criatura de casi tres metros de longitud y más de 200 kilogramos se convirtió en uno de los depredadores más imponentes de los ríos europeos.
Se trata del siluro europeo (Silurus glanis), un pez de agua dulce que puede alcanzar dimensiones comparables con las de un gran mamífero y cuya expansión está modificando los ecosistemas fluviales europeos.
La especie volvió a ocupar el centro de la atención después de una serie de incidentes registrados en Alemania en 2025, cuando varios bañistas fueron mordidos en un embalse de Baviera.

El episodio fue reportado por BBC Wildlife Magazine, que también describió las características de este animal. National Geographic documentó, por su parte, el impacto ecológico provocado por su expansión en territorio español.
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Un gigante de los ríos europeos
El siluro es originario de Europa central y oriental y de sectores del oeste de Asia. Su apariencia resulta inconfundible: posee una cabeza ancha, un cuerpo largo sin escamas y una gran boca rodeada por barbillones que le dan el aspecto de un enorme pez gato.
Los registros citados por BBC Wildlife Magazine muestran dimensiones inusuales. Pescadores deportivos capturaron ejemplares de hasta 135 kilogramos y casi tres metros de longitud, mientras que National Geographic mencionó individuos capaces de alcanzar aproximadamente 270 kilogramos.

Su alimentación contribuye a explicar su capacidad para ocupar distintos ambientes. Es un depredador oportunista y omnívoro que puede consumir peces, cangrejos de río, ranas, aves acuáticas y pequeños mamíferos que se aproximan a las orillas.
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Entre los casos más llamativos aparece su capacidad para capturar palomas en vuelo, según reportaron distintos medios europeos.
Una introducción que cambió los ríos españoles
La presencia del siluro en España tiene un origen concreto. En 1974, el biólogo y pescador deportivo alemán Roland Lorkowsky liberó miles de ejemplares jóvenes en el embalse de Mequinenza, sobre el río Ebro. La intención era crear un destino atractivo para la pesca deportiva.
Cinco décadas después, la especie ocupa una extensa zona de la cuenca del Ebro y también está presente en otros ríos y embalses españoles. Los ejemplares desarrollaron poblaciones autosuficientes, cuya eliminación completa es considerada prácticamente inviable debido a su tamaño, capacidad reproductiva y adaptación a diferentes ambientes.
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Un informe de National Geographic señaló que especies autóctonas como el barbo ibérico (Luciobarbus comizo) sufrieron fuertes descensos en sectores donde anteriormente eran abundantes. La expansión del depredador introdujo una nueva presión sobre comunidades acuáticas que evolucionaron sin una especie de semejantes dimensiones.
Mordeduras a bañistas en Alemania
El tamaño del siluro también despertó preocupación por algunos encuentros con personas. En junio de 2025, cinco bañistas fueron mordidos mientras nadaban en Brombachsee, un embalse situado cerca de Pleinfeld, en Baviera. Los ejemplares involucrados medían alrededor de dos metros y uno de ellos terminó siendo capturado.
Un mes después se produjo otro episodio en las proximidades de Absberg, que derivó en una intervención policial y en el retiro de las balsas utilizadas para nadar.
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Según BBC Wildlife Magazine, estos comportamientos se interpretaron como una posible defensa del territorio, más que como intentos deliberados de convertir a los seres humanos en presas. Los expertos también aclararon que los relatos sobre restos humanos encontrados en el interior de siluros carecen de fundamento.
Un depredador difícil de controlar
La expansión del siluro no se limita a España. La especie fue introducida en Francia, Italia, Países Bajos y Reino Unido, principalmente debido al interés que despierta entre los pescadores deportivos. En determinadas zonas, su presencia produjo alteraciones importantes en los ecosistemas.
El caso español adquirió especial relevancia por la magnitud alcanzada por algunos ejemplares. A comienzos de 2026, cuatro pescadores capturaron en el río Ebro, cerca de Buñuel, un siluro de más de 2,81 metros y unos 130 kilogramos, uno de los ejemplares de mayor tamaño registrados en España.
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La legislación española prohíbe la liberación y el transporte de esta especie. Los expertos citados por los medios europeos consideran que una erradicación total ya no resulta realista. Su longevidad, reproducción y capacidad para establecerse en sistemas fluviales complejos dificultan cualquier intento de eliminar las poblaciones existentes.
En esa línea, un estudio de 2026 sobre la expansión del siluro europeo en el río Tajo, en Extremadura, advirtió que la especie supone una amenaza para la biodiversidad de agua dulce y para la economía asociada a la pesca recreativa.
El trabajo identificó como métodos de control más eficaces y selectivos la combinación de redes de enmalle y pesca eléctrica, junto con una mayor coordinación entre autoridades y pescadores.
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