
Un grupo de científicos de Georgia Tech llevó a cabo un experimento en laboratorio que podría ofrecer esperanza para los corales del Caribe, una de las regiones más afectadas por enfermedades que destruyen estos ecosistemas. El estudio se publicó en The ISME Journal.
Según el hallazgo, los especialistas utilizaron una bacteria marina, llamada Halobacteriovorax, para intentar frenar una infección grave que ataca a una especie de coral conocida como Acropora cervicornis. Este coral, que antes era común en el Caribe, hoy se encuentra en peligro crítico.
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El estudio demostró que la bacteria Halobacteriovorax puede actuar como una especie de “defensora” de los corales infectados. Cuando los investigadores aplicaron este microorganismo a los corales enfermos en el laboratorio, lograron que la enfermedad dejara de avanzar en una buena parte de los casos.
Por ejemplo, todos los corales que no recibieron el tratamiento blanquearon por completo en apenas 48 horas. En cambio, más de la mitad de los corales tratados no sufrieron un aumento del blanqueamiento y tampoco perdieron tejido, lo que sugiere que la bacteria logró frenar el daño.

La importancia de este descubrimiento radica en que, hasta ahora, las enfermedades han sido una de las principales causas de muerte para los corales del Caribe. Estas infecciones suelen agravarse cuando sube la temperatura del mar, algo que ocurre cada vez con más frecuencia por el cambio climático.
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¿Cómo funciona el tratamiento?
La bacteria Halobacteriovorax es un microbio marino que se alimenta de otras bacterias. En este experimento, los científicos la usaron para atacar a la bacteria dañina llamada Vibrio coralliilyticus, que es responsable de destruir el tejido de los corales y causar su muerte.
La estrategia consistió en aplicar la bacteria beneficiosa justo cuando los corales empezaron a mostrar los primeros signos de la enfermedad, como la pérdida de color en algunas partes.
Para simular la infección, los investigadores colocaron un pequeño parche con bacterias dañinas sobre los corales en el laboratorio. Al poco tiempo, los corales enfermos comenzaron a perder color.
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Después de unas 12 horas, la mayoría de los fragmentos ya presentaba palidez y blanqueamiento. En los casos en que solo se dejó actuar a la bacteria perjudicial, el daño siguió avanzando hasta que el coral quedó completamente blanco en 48 horas y empezó a perder tejido poco después.

En cambio, cuando los científicos aplicaron la bacteria Halobacteriovorax unas 10 horas después de iniciar la infección, la progresión del daño se detuvo. Los corales tratados no sufrieron más blanqueamiento ni pérdida de tejido, lo que representa un resultado alentador.
El rol de la temperatura y los próximos pasos
El experimento también permitió observar cómo la temperatura del agua influye en la rapidez con la que la enfermedad afecta a los corales. Cuando la infección se produjo a unos 27 grados, la pérdida de color fue más lenta y los corales no llegaron a blanquearse por completo.
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Sin embargo, al aumentar la temperatura a 29 o 31 grados, los corales se blanquearon totalmente en sólo 48 horas. Este hallazgo es preocupante porque el calentamiento de los océanos, causado por el cambio climático, favorece que estas enfermedades sean cada vez más agresivas y frecuentes.
El método de tratamiento más simple fue simplemente verter una suspensión de la bacteria Halobacteriovorax en el agua donde estaban los corales enfermos. Como estos microorganismos son diminutos, los científicos pudieron preparar una solución concentrada usando filtros especiales.

Según el equipo, este método podría adaptarse fácilmente en programas para restaurar arrecifes de coral.
Sin embargo, aclaran que no existe una sola solución para todas las enfermedades de los corales, ya que otros tratamientos, como los antibióticos, pueden tener consecuencias no deseadas, como generar bacterias resistentes o provocar cambios en otros microorganismos que viven en los corales.
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Tras aplicar la bacteria beneficiosa, los investigadores comprobaron que su cantidad aumentaba rápidamente, pero luego caía y, a las 96 horas, ya no era detectable en los corales. Esto sugiere que la Halobacteriovorax solo permanece mientras encuentra bacterias dañinas de las que alimentarse, y desaparece cuando ya no las necesita.
Aunque los resultados en el laboratorio han sido prometedores, todavía falta probar si este método funciona igual de bien en el mar, en condiciones naturales.

El equipo de científicos planea llevar el experimento a los arrecifes para ver si la bacteria puede proteger a los corales en su hábitat real, donde hay muchos más factores en juego que en el laboratorio.
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También quieren entender por qué este tipo de bacterias no logra prevenir naturalmente todos los brotes de enfermedades en los arrecifes, y cuáles son los límites de este sistema de defensa.
El descubrimiento de este posible tratamiento representa un avance importante en la búsqueda de soluciones para salvar los arrecifes de coral del Caribe, uno de los ecosistemas más valiosos y amenazados del planeta.
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