
Desde hace varios años, la medicina busca avanzar en métodos eficaces para prevenir y detectar anticipadamente la enfermedad de Alzheimer. Y en el último tiempo, el desarrollo de biomarcadores en un análisis de sangre es una de las herramientas más esperanzadoras para lograrlo.
Ahora, el desarrollo de un sencillo análisis de sangre capaz de predecir la probabilidad de que una persona desarrolle esta enfermedad en los próximos cinco, diez o incluso veinte años fue recibido como un hito por la comunidad científica y médica.
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Diversos equipos de investigación, incluyendo al Mass General Brigham Neuroscience Institute de Estados Unidos, divulgaron esta semana hallazgos que abren la puerta a una nueva era en la prevención y el tratamiento de la enfermedad.
Uno de los estudios se publicó en JAMA y se presentó en la Conferencia Internacional de la Asociación de Alzheimer en Londres.

El avance principal reside en la posibilidad de identificar a individuos de alto riesgo cuando aún no presentan síntomas, lo que podría transformar tanto los diagnósticos como la selección de candidatos para ensayos clínicos de fármacos preventivos.
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La doctora Reisa Sperling, del Mass General Brigham Neuroscience Institute y autora principal de uno de los estudios más recientes, aclaró que la prueba no está lista para su uso masivo. “Esperen y háganse la prueba cuando potencialmente puedan hacer algo al respecto”, recomendó Sperling. Por ahora, esta herramienta cumple un rol clave al acelerar el desarrollo de fármacos, ya que permite incorporar a personas con un riesgo elevado en ensayos preventivos.
El rol de los biomarcadores y el salto hacia la predicción
Los avances en la comprensión de la biología del Alzheimer han sido resultado de décadas de controversias acerca del origen de la enfermedad. La proteína beta amiloide y la proteína tau han sido el centro de los debates científicos. Durante años, la comunidad se dividió entre quienes atribuían la causa principal a las placas de amiloide y quienes la asociaban a los ovillos de tau.
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El genetista Rudolph Tanzi, profesor en la Facultad de Medicina de Harvard, sostuvo desde 1986 que el amiloide era el primer factor, una hipótesis respaldada por la genética, aunque limitada por la falta de modelos animales que reprodujeran el proceso completo.
Un giro crucial en la investigación ocurrió cuando un estudio australiano documentó que la acumulación de amiloide en el cerebro comienza aproximadamente quince años antes de los síntomas evidentes.
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De acuerdo con Tanzi, tratar a pacientes con Alzheimer avanzado con medicamentos para eliminar el amiloide equivale a intentar bajar el colesterol durante un infarto: el momento resulta inadecuado. Esto explica por qué anteriores ensayos clínicos fallaron, según destacó el propio Tanzi.
La consolidación de un modelo experimental humano en 2014, desarrollado por el equipo de Tanzi, permitió observar que la acumulación de amiloide sí conduce a la formación de ovillos de tau en neuronas humanas cultivadas tridimensionalmente. Este hallazgo resolvió una controversia de treinta años y sentó la base para el desarrollo de pruebas diagnósticas más precisas y plataformas para el testeo de fármacos.
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Biomarcadores: cómo buscar indicios en la sangre para anticipar el diagnóstico
El reciente foco de las investigaciones gira en torno a los biomarcadores. Las nuevas pruebas sanguíneas no buscan detectar directamente las placas de amiloide, sino identificar ciertas formas modificadas de la proteína tau, como la p-tau217. Esta variante, cuando aparece en niveles elevados en sangre, se correlaciona con la acumulación de amiloide en el cerebro y anticipa el riesgo de deterioro cognitivo. “Este biomarcador basado en sangre te está diciendo qué tan avanzado estás en ese proceso”, afirmó Sperling.
Los estudios demostraron que adultos mayores sin síntomas, pero con niveles muy altos de p-tau217, tuvieron un 38% de riesgo de deterioro cognitivo en cinco años y un 78% a los diez años. Por el contrario, quienes presentaron niveles bajos de este biomarcador exhibieron un riesgo mínimo, según detallaron los investigadores del Mass General Brigham Neuroscience Institute.
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Diagnóstico temprano, ensayos preventivos y nuevas estrategias de intervención
La aprobación de pruebas sanguíneas por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de Estados Unidos en 2025 marcó otro hito. Estas pruebas, diseñadas para ayudar en el diagnóstico de personas con síntomas de demencia, ahora se exploran como herramientas para identificar a quienes están en riesgo mucho antes de cualquier manifestación clínica. Un estudio reciente, reveló que los biomarcadores podrían anticipar la aparición de síntomas hasta dos décadas antes.
Esta tendencia a detectar el Alzheimer en su etapa más temprana está alineada con el desarrollo de estrategias preventivas. Actualmente, se llevan adelante ensayos clínicos con fármacos orientados a intervenir antes de que el deterioro cognitivo se vuelva irreversible.
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Tal como detalló Infobae en febrero último, un estudio clínico realizado en España sobre una cohorte de 200 pacientes mayores de 50 años, todos con síntomas, comprobó la eficacia de la proteína p-tau217 como biomarcador en sangre para la identificación de la enfermedad.
Los resultados,publicados en Journal of Neurology, revelaron que la precisión diagnóstica de los médicos pasó del 75,5% al incorporar únicamente evaluación clínica, a un notable 94,5% tras añadir los datos de la proteína p-tau217. Este hallazgo abre un camino hacia el diagnóstico a partir de una sencilla muestra de sangre, con un impacto directo sobre la práctica clínica. El trabajo fue liderado porJordi A. Matías-Guiu, de la Universidad Complutense de Madrid.
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Otro ejemplo de desarrollo de biomarcadores en sangre ocurrió en mayo último, tal como informó Infobae. Investigadores de la University of California, San Francisco (UCSF) encontraron que un análisis de sangre podría detectar esos cambios años antes de que se manifiesten. El estudio, publicado en la revista médica The Lancet, identificó proteínas que funcionan como señales de alarma tempranas en personas de mediana edad sin ningún síntoma visible.

Una nueva investigación prometedora
Entre los ensayos de mayor impacto en los últimos tiempos, se encuentra el dirigido por la doctora Sperling, quien reclutó a personas sin síntomas, pero con niveles elevados de amiloide en imágenes cerebrales, para evaluar la eficacia de fármacos en impedir o retrasar la aparición del Alzheimer.
El propio Tanzi lidera la investigación de dos medicamentos en fase de prueba: el PBT2, que busca evitar la agregación del amiloide y facilitar su eliminación del cerebro, y un modulador de la gamma-secretasa, que reduce la producción de amiloide en su origen. Según explicó, “uno cierra el grifo y el otro desatasca el desagüe”.
En paralelo, la precisión diagnóstica de los análisis sanguíneos ha alcanzado el 90% para detectar la presencia de placas amiloides, lo que representa un avance considerable frente a los métodos tradicionales de tomografía por emisión de positrones (PET) o análisis de líquido cefalorraquídeo, que resultan costosos y menos accesibles.
Los expertos advierten que, a pesar del entusiasmo, las pruebas de sangre aún no resultan recomendables para individuos sanos fuera de contextos de investigación clínica. Jessica Langbaum, del Banner Alzheimer’s Institute en Phoenix, remarcó: “Estos hallazgos son bastante sólidos”, pero aconsejó esperar a que los estudios en curso confirmen si existe algún medicamento capaz de modificar la progresión antes de adoptar el testeo masivo.
El análisis de sangre, al medir la p-tau217, también ayuda a diferenciar el Alzheimer de otras formas de demencia, como la demencia vascular, cuyo origen puede ser distinto y requerir abordajes diferentes. Las predicciones, no obstante, pueden estar influidas por factores como enfermedades cardíacas o mortalidad por otras causas en adultos mayores, por lo que su precisión individual todavía requiere validación a largo plazo.

El comentario de las doctoras Suzanne Schindler, de la Universidad Washington en St. Louis, y David Wolk, de la Universidad de Pensilvania, publicado en la revista JAMA, subrayó: “Los análisis de sangre aún no son lo suficientemente precisos como para orientar un pronóstico individualizado”. Sin embargo, reconocieron que estos avances “aportaron una pieza crucial del rompecabezas”.
La aparición de las pruebas de biomarcadores también responde a una necesidad práctica. Tradicionalmente, confirmar la presencia de placas amiloides requería procedimientos invasivos y costosos a los que muchos pacientes no accedían. La nueva generación de análisis de sangre ofrece una alternativa menos invasiva, escalable y potencialmente utilizable en sistemas de salud de todo el mundo.
De acuerdo con Thomas Karikari, profesor asociado de psiquiatría en la Universidad de Pittsburgh, “el amiloide en sangre es realmente difícil de medir” porque puede provenir de diferentes tejidos, no solo del cerebro. El hallazgo de que las formas modificadas de tau resultan mejores indicadores marcó un punto de inflexión en el desarrollo de estas pruebas.

Actualmente, el sector científico se encuentra a la espera de los resultados de varios ensayos clínicos con nuevos medicamentos, programados para 2027.
Si alguna de estas terapias demuestra eficacia en la prevención del deterioro cognitivo, la combinación de biomarcadores sanguíneos y tratamiento temprano podría modificar el panorama del Alzheimer en las próximas décadas.
Las novedades en la detección y prevención del Alzheimer, respaldadas por estudios de instituciones de referencia como el Mass General Brigham Neuroscience Institute, la Facultad de Medicina de Harvard y la Universidad de Pittsburgh, consolidan una tendencia hacia la medicina personalizada y la intervención precoz.

“Las pruebas pueden indicarle a una persona que el amiloide está ‘molestando a la tau y que, lamentablemente, tiene un mayor riesgo de desarrollar ovillos de tau y deterioro cognitivo’”, explicó Sperling.
El consenso entre los especialistas es que, aunque aún existen limitaciones en la precisión y la aplicabilidad individual de los análisis de sangre, su contribución a la investigación clínica y al desarrollo de nuevas terapias ya es tangible. El campo de la investigación sobre el Alzheimer vive, en palabras de Tanzi, “el año más emocionante de las últimas dos décadas”.
Las expectativas se centran en que, por primera vez, la ciencia dispone de un modelo coherente sobre el desarrollo de la enfermedad, capaz de guiar a una nueva generación de ensayos clínicos y estrategias de intervención.
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