
La historia de la vida en la Tierra está marcada por catástrofes y reinvenciones. Cada extinción masiva dejó una huella profunda y, en la mayoría de los casos, la ciencia logró identificar causas como impactos de meteoritos, cambios climáticos extremos o grandes erupciones volcánicas.
Sin embargo, un nuevo estudio preliminar propone una hipótesis disruptiva: la influencia oculta de objetos de masa planetaria o planetas enanos que, al pasar cerca de la Tierra, pudieron haber desencadenado olas gigantes, alteraciones volcánicas y extinciones a escala global.
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El físico teórico Daniele Fargion, de la Universidad de Roma, sostiene que “las mareas gravitacionales generadas por el paso cercano de objetos de masa planetaria o planetas enanos podrían haber desempeñado un papel importante en la desaparición masiva de especies”. La hipótesis se suma a una larga tradición de investigaciones que buscan explicar los puntos ciegos del registro geológico y las correlaciones entre fenómenos cósmicos y episodios de extinción.

La Tierra bajo la influencia de visitantes cósmicos
Los grandes episodios de extinción, como el impacto del meteorito de Chicxulub que acabó con los dinosaurios hace 64 millones de años, suelen acaparar la atención mediática y científica. El cráter, la anomalía del iridio y la coincidencia con la desaparición de especies respaldan la teoría de un origen extraterrestre para esa extinción.
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Sin embargo, la causa de otras extinciones masivas, como la del Pérmico/Triásico hace 251 millones de años —la mayor conocida hasta ahora, con una desaparición global de entre el 80% y el 95% de las especies—, permanece envuelta en incógnitas.
Fargion señala que “ni una anomalía de iridio ni un gran cráter meteorítico se han datado en la extinción masiva del Pérmico/Triásico”, lo que sugiere la necesidad de buscar otros desencadenantes. Los sobrevuelos de objetos del tamaño de planetas enanos, procedentes del sistema solar exterior, podrían haber dejado “fuertes huellas mareales: olas gigantes, grandes episodios volcánicos, regresiones marinas, lluvias de meteoritos coherentes e importantes perturbaciones climáticas”.
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El físico italiano explica que existen numerosas pruebas de la existencia de una población de objetos del tamaño de planetas enanos en el sistema solar exterior, de los cuales Plutón sería el representante más conocido. Podría haber miles o decenas de miles de estos cuerpos en órbitas elípticas.
Las perturbaciones gravitacionales los desplazan ocasionalmente hacia el sistema solar interior. Si bien las colisiones como la que formó la Luna son poco frecuentes, los sobrevuelos rasantes serían más comunes y dejarían huellas perdurables en la Tierra.
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“Estos mecanismos podrían haber contribuido a varias extinciones masivas biológicas importantes en los últimos 600 millones de años, como sugieren las peculiares correlaciones en el registro geológico”, escribió Fargion en su estudio presentado este año en la conferencia ‘Comportamiento multifrecuencia de fuentes cósmicas de alta energía’. La versión preliminar fue publicada en la revista científica ArXiv.

La hipótesis encuentra eco en el análisis de anomalías del sistema solar interior. La inclinación axial de Urano podría deberse a una colisión antigua, y Tritón, la luna mayor de Neptuno, parece un objeto capturado del cinturón de Kuiper. El Bombardeo Intenso Tardío, un periodo de intensos impactos que afectó a la Tierra y la Luna hace cerca de 4.000 millones de años, pudo originarse en perturbaciones generadas por el sobrevuelo de un objeto de masa planetaria.
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El registro fósil ofrece otras pistas. Fargion destaca que “los corales fósiles muestran que la tasa de disminución del número de anillos diurnos durante los ciclos anuales, es decir, la tasa de disminución del número de días en un año, cambió repentinamente a una tasa más lenta al final del Devónico”.
Como la ralentización de la rotación terrestre depende de la fuerza de marea de la Luna, este cambio abrupto implica que la distancia entre la Luna y la Tierra aumentó repentinamente. Fargion argumenta que “una colisión no podría provocar eso porque es demasiado repentina y crearía un cambio instantáneo. Pero un sobrevuelo sí podría”.
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Mareas cósmicas, tsunamis y la paradoja de Fermi: implicancias de los nuevos modelos
El paso cercano de un planeta o luna visitante puede inducir fuerzas de marea tan intensas como para generar tsunamis globales, deformar la corteza terrestre y provocar calentamiento interno, lo que a su vez desencadena grandes erupciones volcánicas. Según Fargion, “el paso de tales objetos cerca de la Tierra podría haber generado en ella maremotos gigantescos, grandes erupciones volcánicas y cambios drásticos en el clima global y el nivel del mar”.
Las correlaciones entre las principales extinciones masivas de la Tierra y grandes cambios climáticos, impactos de meteoritos y erupciones volcánicas sugieren que podrían existir vínculos más complejos de lo que hasta ahora se consideraba.
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“Sugerimos que los efectos de las mareas producidos por objetos de masa planetaria que pasan cerca de la Tierra podrían haber causado todos estos fenómenos y pueden explicar los complejos registros geológicos de las principales extinciones masivas biológicas”, sostiene el autor.
El modelo presentado por Fargion no solo apunta a eventos del pasado remoto. Observaciones recientes y simulaciones indican que la acreción de miniplanetas por parte de los planetas más grandes —y en particular por el Sol— pudo haber ocurrido muchas veces en los últimos cuatro mil millones de años, produciendo variaciones de temperatura adicionales en los planetas y, por ende, en la Tierra.
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El científico italiano enfatiza que “estos pasos pueden haber dejado fuertes huellas mareales: olas gigantes, grandes episodios volcánicos, regresiones marinas, lluvias de meteoritos coherentes e importantes perturbaciones climáticas”. Si estas fuerzas cósmicas desencadenaron extinciones en el pasado, no hay razón para descartar que puedan hacerlo nuevamente en el futuro.
Fargion advierte que “las lecciones que esto nos deja a los humanos para superar una extinción tan eventual son: la inspección del cielo profundo para buscar las fuentes más débiles de planetas enanos lejanos y, una vez encontradas, alertar sobre los eventos venideros lo antes posible”. La instrucción no es menor: si el peligro proviene de objetos más grandes que un asteroide y con masa planetaria, el impacto más temido no sería solo el de una colisión, sino el de maremotos persistentes que podrían arrasar el planeta durante años.
El estudio recupera además un viejo debate de la astrobiología: la famosa paradoja de Fermi, que plantea la aparente contradicción entre la alta probabilidad de vida inteligente en el universo y la ausencia de señales observables. “La extinción masiva por mareas, su ritmo y su forma, también podrían explicar la famosa paradoja de Fermi”, concluye Fargion. Si los periodos de relativa calma en la historia planetaria son interrumpidos por catástrofes de origen cósmico, las civilizaciones tendrían menos tiempo para desarrollarse y dejar huellas observables.
El avance de la astronomía y la geología planetaria permitió reconstruir la historia de la Tierra como un rompecabezas donde las piezas cósmicas y terrestres se entrelazan. Cada nuevo descubrimiento sobre la dinámica del sistema solar exterior suma variables a la ecuación de la vida y la muerte planetaria.
Fargion, y otros científicos que exploran hipótesis similares, impulsan la búsqueda de respuestas en la frontera entre la física, la geología y la astronomía, recordando que el destino de la vida en la Tierra también puede depender de visitantes inesperados en las profundidades del espacio.
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