
Un estudio publicado en Science Advances concluyó que organismos muertos en ecosistemas siguen influyendo en la vida mucho después de desaparecer. El hallazgo, recogido por la revista ambiental Yale Environment 360 en un artículo publicado originalmente por el medio periodístico ambiental Inside Climate News, detectó ese efecto en casi todos los sistemas analizados y lo vinculó con un escenario de mayor mortalidad ecológica por el cambio climático.
Los restos de especies fundacionales pueden alterar el crecimiento, la supervivencia o la composición de organismos vivos de la misma especie o de especies similares. Según Yale Environment 360 e Inside Climate News, el estudio examinó diez ecosistemas y encontró ese patrón en todos salvo uno, con efectos que podían favorecer o limitar el desarrollo de la vida.
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El trabajo se presenta como la primera evaluación a escala continental sobre cómo las especies fundacionales vivas están influidas por sus contrapartes muertas. Esas especies, según el artículo, suelen aportar la arquitectura física del ecosistema y con frecuencia son también sus organismos más abundantes, como árboles, pastos, corales u ostras.

Kai Kopecky, autor principal e investigador posdoctoral del Environmental Data Science Innovation and Impact Lab de la Universidad de Colorado Boulder, dijo a Yale Environment 360 e Inside Climate News que se trata de "un hilo sorprendentemente común“. El estudio analizó ambientes que iban de zonas tropicales a subpolares y de sistemas montanos a marinos.
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El efecto aparece en casi todos los ecosistemas estudiados
La investigación usó datos de la Red de Investigación Ecológica a Largo Plazo de la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos. Según el artículo, algunos registros abarcaban varias décadas y otros apenas unos pocos años.
En algunos casos, los investigadores usaron datos observacionales recogidos en esos sitios. En otros, recurrieron a experimentos previos que habían explorado preguntas parecidas sobre el impacto del material muerto.
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El único sistema sin una relación fuerte fue el bosque de kelp gigante. Kopecky explicó al periódico que allí una de las principales causas de mortalidad son las olas, que arrastran los restos y dejan poco material capaz de modificar el nuevo crecimiento.
Cuando los restos favorecen o frenan la vida
Algunos mecanismos ya forman parte del manejo ecológico. Según Inside Climate News, tras labores de dragado, se añaden conchas de ostras a arrecifes dañados para promover nuevo crecimiento, y en las praderas de pastos altos se aplican quemas prescritas para eliminar hierba muerta que frena los brotes.
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El estudio encontró patrones parecidos en muchos otros lugares. De acuerdo con el artículo, las cicutas orientales muertas que quedan en pie favorecen el desarrollo de plántulas al moderar los microclimas de su entorno.
En los bosques boreales, los árboles esqueléticos que permanecen tras los incendios elevan la densidad de semillas en el suelo cercano, según el medio. El texto también recordó un ejemplo conocido: un tronco caído puede sostener hongos, hormigas, escarabajos y otros organismos asociados.
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No todos los restos ayudan y el efecto también tiene límites

Los autores también describieron casos en que la muerte acelera el deterioro de lo que sigue vivo. Según Yale Environment 360 e Inside Climate News, los restos de corales ramificados muertos por olas de calor marinas aceleraron el declive de corales emparentados porque sus estructuras esqueléticas alojan macroalgas que compiten con ellos.
En las marismas salinas, la vegetación muerta daña el pasto vivo, de acuerdo con el artículo. Kopecky añadió al medio que el trabajo dejó más preguntas que respuestas, porque esos efectos podrían cambiar con el tiempo.
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El investigador puso como ejemplo los restos que dejan los huracanes en el bosque tropical estudiado. Dijo al medio que al principio ese material inhibe el nuevo crecimiento, aunque después podría fertilizar plántulas a medida que se descompone.
Por qué este hallazgo importa ante el cambio climático

Kopecky dijo a Yale Environment 360 e Inside Climate News que una mejor comprensión de la relación entre muertos y vivos puede ayudar a proteger y restaurar ecosistemas sometidos a más presión. También planteó que manipular los restos de especies fundacionales podría convertirse en una intervención basada en la naturaleza.
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El artículo señaló que el calentamiento del clima y el desarrollo humano están aumentando las perturbaciones en todo el mundo, con más olas de calor, incendios forestales y tormentas intensas. Ese proceso implica más muerte biológica y, con ella, más posibilidades de que estos efectos ganen peso.
Andrew Dobson, profesor de ecología de la Universidad de Princeton que no participó en el estudio, dijo a Yale Environment 360 e Inside Climate News que le sorprendió lo duraderos y extendidos de esos efectos. Añadió: “Entender cómo funciona el mundo natural es esencial para nuestra supervivencia”.
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Dobson también subrayó el valor de la investigación de largo plazo en un momento de presión presupuestaria sobre la ciencia. Yale Environment 360 e Inside Climate News señalaron, con mención a lo informado por The Seattle Times, que la solicitud presupuestaria de la administración Trump de esta primavera planteó un recorte cercano al 60% para el total de actividades de investigación y áreas relacionadas de la fundación.
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