
Frente a la aceleración del cambio climático, poblaciones de lobos marinos y aves que dependen tanto del mar como de la tierra para reproducirse enfrentan riesgos crecientes. Las olas de calor, lluvias fuertes y tormentas intensas pueden alterar ciclos de cría y poner en peligro la supervivencia de los animales más jóvenes, en particular durante sus etapas más vulnerables.
Un estudio publicado en la revista Science Advances analizó el impacto de estos fenómenos extremos sobre la reproducción de lobos marinos, pardelas y albatros en Tasmania. Según los autores, “esta región se está calentando de tres a cuatro veces más rápido que el promedio mundial y está experimentando una mayor frecuencia e intensidad de eventos extremos de calor y sequía, incluyendo lluvias extremas, extremos combinados de calor y sequía, y olas de calor atmosféricas”.
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Los investigadores recopilaron datos de campo durante años y utilizaron herramientas estadísticas para identificar los momentos críticos y las amenazas puntuales para cada especie. Además, destacaron la urgencia de adaptar las estrategias de conservación a este nuevo escenario ambiental.
Cómo los fenómenos climáticos extremos modifican la vida de las colonias marinas
De acuerdo con el estudio, los eventos climáticos extremos están reduciendo la tasa de éxito reproductivo de tres especies clave: el lobo marino australiano, la pardela de cola corta y el albatros tímido. En la colonia de lobos marinos australianos de Tenth Island, donde el terreno se encuentra muy cerca del nivel del mar, las crías sufren más cuando hay tormentas fuertes y olas grandes durante la época en que nacen.
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Las olas pueden arrastrar a las crías al mar, provocar ahogamientos o separarlas de sus madres, especialmente entre finales de noviembre y principios de enero, etapa de máxima dependencia materna. Otras colonias de lobos marinos ubicadas en áreas más elevadas demostraron mayor resistencia a las tormentas.
Para las pardelas de cola corta, el análisis identificó a la colonia de East Kangaroo Island como la más sensible a lluvias extremas, sobre todo desde inicios de diciembre hasta finales de enero, lo que coincide con la incubación y la crianza temprana de polluelos. Las lluvias intensas pueden inundar o colapsar los nidos subterráneos, causando mortalidad de crías y huevos. Otras colonias no manifestaron este efecto, posiblemente debido a suelos más profundos y vegetación nativa, factores que favorecen el drenaje y la protección de los nidos.
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En cuanto a los albatros tímido, el trabajo reconoce que las tres únicas colonias globales enfrentan diferentes amenazas climáticas. En Albatross Island, tanto el calor extremo como las lluvias intensas se relacionan con menor éxito reproductivo. La etapa de incubación y la protección inicial de los polluelos, entre finales de octubre y diciembre, resulta especialmente sensible a lluvias extremas, mientras que el calor afecta desde finales de diciembre hasta marzo.

Las crías están cubiertas de un plumón que las protege del frío, pero puede hacer que se recalienten fácilmente cuando hay mucho sol y no tienen sombra, sobre todo porque anidan sobre rocas al aire libre. En la isla The Mewstone, cuando llueve durante varios días seguidos en la época en que nacen los polluelos, muchos no sobreviven porque el agua puede enfriar demasiado sus cuerpos, ya que aún no tienen plumas impermeables.
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En Pedra Branca, otra colonia, cámaras de monitoreo mostraron que algunas tormentas fuertes causan olas que llegan a los nidos y los destruyen, dejando a las crías sin protección. Según los autores, esta diversidad de respuestas y ventanas de vulnerabilidad específicas para cada especie y colonia subraya la necesidad de estrategias de conservación ajustadas al contexto local.
Cómo se identificaron los momentos más frágiles para cada especie
Para realizar el estudio, el equipo reunió información durante varios años sobre la reproducción de lobos marinos, aves marinas y albatros en 14 colonias de Tasmania. Además, utilizó datos diarios del clima, como temperatura, lluvias y fuerza de las olas, para comparar esos registros con los resultados de cada temporada de cría. Así, pudieron ver si ciertos eventos extremos, como tormentas fuertes o lluvias muy intensas, coincidían con menos crías o polluelos.
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El trabajo incluyó conteos anuales o dos veces por año de crías y polluelos. Los investigadores explican que, gracias a estos datos y a modelos matemáticos, lograron identificar no solo qué eventos afectan más a cada especie, sino también el momento exacto en que los animales jóvenes están más expuestos. Factores como el tipo de suelo, la vegetación y el lugar donde los animales hacen sus nidos o madrigueras ayudan a entender por qué algunas colonias resultan más vulnerables que otras.
Alternativas para proteger a las especies ante eventos extremos

El estudio sugiere varias formas de ayudar a las especies marinas afectadas por el clima extremo. Una de las principales recomendaciones es mejorar los hábitats donde crían estos animales, por ejemplo, recuperando la vegetación y manteniendo suelos firmes para evitar inundaciones en las zonas de nidos. En sitios donde anidan las pardelas, quitar plantas invasoras y volver a plantar pastos nativos puede ayudar a que los nidos sean más seguros.
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Para los albatros, el uso de nidos artificiales podría reducir la pérdida de crías, y en los días muy calurosos, se propone instalar sistemas que rocíen agua sobre los nidos para mantener frescos a los polluelos. Este tipo de soluciones ya funcionó en otras aves, como el albatros real del norte en Nueva Zelanda.
Los autores también recomiendan instalar estaciones meteorológicas cerca de las colonias y usar alertas tempranas para que los responsables de la conservación puedan actuar antes de que ocurra un evento extremo. Según el equipo, la ubicación de la colonia, la forma en que crían los animales y el momento exacto en que ocurre el clima extremo son factores clave para saber qué poblaciones están en mayor peligro.
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