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Cómo logra la Venus atrapamoscas uno de los movimientos más veloces del reino vegetal, según una nueva investigación

Una trabajo científico analizado por Smithsonian Magazine identificó el mecanismo físico que permite a esta planta carnívora ejecutar una respuesta en fracciones de segundos. El hallazgo aporta evidencia sobre un fenómeno estudiado durante décadas y podría inspirar desarrollos en campos tecnológicos

La trampa de la Venus atrapamoscas funciona como un resorte, ya que acumula tensión interna antes de activarse por contacto con los pelos sensoriales (REUTERS)
La trampa de la Venus atrapamoscas funciona como un resorte, ya que acumula tensión interna antes de activarse por contacto con los pelos sensoriales (REUTERS)
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Un reciente estudio publicado en la revista Science y analizado por Smithsonian Magazine resolvió uno de los misterios más duraderos de la biología vegetal: el mecanismo que permite a la Venus atrapamoscas cerrar sus trampas en menos de un segundo.

El hallazgo, liderado por Yoël Forterre, físico del Centro Nacional Francés de Investigación Científica (CNRS), apunta a un proceso de ablandamiento repentino de las paredes celulares externas de las hojas, y no al movimiento del agua, como se creía.

Durante más de un siglo, los científicos debatieron qué impulsa el cierre ultrarrápido de esta planta carnívora. El propio Charles Darwin postuló que debían existir músculos en su interior.

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(Imagen Ilustrativa Infobae)
El estudio descartó que el movimiento del agua sea el motor del cierre, porque la infiltración en la epidermis externa tarda entre 30 y 150 segundos (Imagen Ilustrativa Infobae)

“Las plantas no tienen músculos ni nervios”, recordó Forterre en declaraciones a The Guardian, y añadió que resulta muy sorprendente que las paredes celulares puedan ajustar sus propiedades mecánicas con tanta rapidez.

La trampa funciona como un resorte

Según detalló el informe de Smithsonian Magazine, la investigación descartó la hipótesis más extendida hasta la fecha: que el agua penetrara en las células externas de las hojas, las hinchara y provocara el cierre.

Mediante una sonda de presión en forma de aguja, el equipo midió directamente el tiempo que tarda el líquido en infiltrarse en la epidermis externa. El resultado fue contundente: ese proceso demanda entre 30 y 150 segundos, un margen incompatible con el cierre casi instantáneo que exhibe la planta.

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Tres científicos con batas blancas estudian una Venus atrapamoscas en un laboratorio, usando una lupa y pinzas. Hay microscopios y material de laboratorio alrededor.
Las paredes celulares de la capa epidérmica externa pierden entre un 30 y un 40 por ciento de su rigidez y liberan la energía almacenada en el tejido (Imagen Ilustrativa Infobae)

El mecanismo real, según el estudio, opera de otra forma. Las hojas de la Venus atrapamoscas acumulan tensión interna antes de activarse, de manera análoga a un resorte comprimido. Al contacto con los pelos sensoriales de la trampa, las paredes celulares de la capa epidérmica externa pierden entre un 30% y un 40% de su rigidez en fracciones de segundo.

Esa pérdida de firmeza libera la energía almacenada en el tejido y provoca que la hoja se doble y se cierre. “Cuando se estimula la trampa, las paredes celulares de la capa epidérmica externa se ablandan rápidamente, lo que significa que la pared celular se vuelve más flexible. Esto libera las tensiones internas almacenadas en el tejido y provoca que la trampa se doble y se cierre”, explicó Forterre.

Potencial para la robótica blanda

Más allá de la biología vegetal, el descubrimiento abre perspectivas en el campo de la ingeniería. Simon Poppinga, director del Jardín Botánico de la Universidad Técnica de Darmstadt en Alemania, calificó el trabajo de “impresionante” en declaraciones recogidas por la revista Nature.

Un par de manos con guantes azules ajustan tiras de electrodos blancos sobre la superficie metálica y segmentada del brazo y el hombro de un robot.
El hallazgo sobre la alteración controlada de la rigidez de un material abrió aplicaciones potenciales para la robótica blanda y el diseño de robots blandos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Poppinga señaló que el principio identificado, la alteración controlada de la rigidez de un material, podría servir de base para el diseño de robots blandos capaces de ejecutar movimientos rápidos y precisos.

Voces críticas en la comunidad científica

El estudio también recibió cuestionamientos de algunos especialistas. Ante la ABC, el fisiólogo vegetal Sergey Shabala sostuvo que los autores podrían haber pasado por alto mecanismos de transporte de agua más rápidos, lo que habría llevado a descartar prematuramente ciertas explicaciones. Además, expresó dudas sobre la velocidad de relajación de las paredes celulares planteada en el trabajo.

Por su parte, la bióloga vegetal Kim Johnson señaló que las conclusiones se basan en mediciones indirectas y consideró necesario realizar más investigaciones para confirmar los hallazgos.

Una planta originaria del sureste de Estados Unidos

La Venus atrapamoscas (Dionaea muscipula) es nativa de zonas específicas de Carolina del Norte y Carolina del Sur, en particular de la llanura costera y las dunas de arena. Realiza fotosíntesis como cualquier otra planta, pero complementa su nutrición con la digestión de insectos y arañas, lo que le permite prosperar en suelos con escasos nutrientes.

Una planta Atrapamoscas de Venus en maceta marrón, con hojas rojas y verdes, sobre banco de madera con musgo y guijarros. Fondo borroso de jardín.
La Venus atrapamoscas, nativa de Carolina del Norte y Carolina del Sur, realiza fotosíntesis y complementa su nutrición con insectos y arañas (Imagen Ilustrativa Infobae)

“Una de las plantas más emblemáticas del mundo aún puede sorprendernos”, afirmó Forterre a Reuters. “Tras más de un siglo de investigación, seguimos descubriendo aspectos fundamentales sobre el funcionamiento de la Venus atrapamoscas”, agregó.

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