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Cuba registró en julio su mayor cifra histórica de protestas con 1.415: “Basta ya”

El Observatorio Cubano de Conflictos atribuyó el récord a la suma del colapso eléctrico, la crisis alimentaria y la represión de un régimen que militarizó las calles ante el quinto aniversario del 11J

Una persona protesta en medio de un apagón en La Habana (REUTERS/Norlys Pérez)
Una persona protesta en medio de un apagón en La Habana (REUTERS/Norlys Pérez)
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El Observatorio Cubano de Conflictos (OCC) documentó en julio 1.415 protestas, denuncias y expresiones críticas, la cifra más alta desde que el organismo lleva sus registros. La confluencia del calor extremo, tres caídas totales del sistema eléctrico, apagones de hasta 80 horas y una crisis multisistémica sin precedentes convirtió al séptimo mes del año en el más convulso de la historia reciente de la isla.

Las calles de Cuba volvieron a ser escenario de confrontación directa con el régimen. El OCC contabilizó 72 protestas presenciales —64 en La Habana y 8 en otras provincias—, una cifra que representa seis veces el promedio mensual anterior registrado por el organismo, fijado en hasta 12 manifestaciones de calle por mes. Aunque por debajo de las 107 protestas de junio, las 72 de julio se desarrollaron con cacerolazos, gritos de “libertad” y “abajo la dictadura”, coros del Himno Nacional, quema de basura y bloqueos de calles.

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Esas manifestaciones formaron parte de los 520 desafíos al Estado policial del período, una categoría que el Observatorio Cubano de Conflictos agrupa bajo el rótulo de actos contestatarios frente al andamiaje legal del régimen, que penaliza prácticamente cualquier forma de disenso. A ese número se sumaron cientos de comentarios en redes sociales suscritos con nombres y apellidos, así como un número creciente de mujeres que optaron por transmisiones directas en video para expresar su rechazo al gobierno.

Los servicios públicos acumularon un récord histórico de 320 entradas en la bitácora del OCC. Las protestas contra los apagones encabezaron esa categoría, pero la acompañaron picos de quejas por la escasez de agua potable y una crisis sin precedentes en las reservas de efectivo del gobierno. La situación llegó al extremo de obligar a jubilados a dormir sobre cartones en las puertas de los bancos para intentar cobrar sus pensiones.

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Varias personas observan una barricada en llamas prendida por residentes que protestan contra los prolongados apagones en La Habana (AP Foto/Ramón Espinosa)
Varias personas observan una barricada en llamas prendida por residentes que protestan contra los prolongados apagones en La Habana (AP Foto/Ramón Espinosa)

La escalada represiva acompañó al aumento de la protesta. Las denuncias de actos represivos subieron casi 40%, de 135 en junio a 219 en julio, e incluyeron decenas de detenidos por participar en manifestaciones, una fuerte militarización del paisaje urbano y golpizas por parte de las fuerzas antidisturbios conocidas como Boinas Negras. El OCC registró además sitios a viviendas de opositores, activistas y periodistas independientes, con especial intensidad alrededor del 4 de julio —250 aniversario de la independencia de Estados Unidos— y del quinto aniversario del levantamiento popular del 11 de julio de 2021, más conocido como 11J.

El hambre atraviesa los testimonios recogidos por el OCC en las 130 entradas de la categoría de Alimentación, Inflación y Agricultura. Un diabético que llevaba tres días comiendo solo plátano pedía que no lo dejaran morir, una anciana de 92 años solicitaba en la calle “aunque sea cinco pesitos” para comer y un ex combatiente de guerras en África describía tener “el estómago pegado al espinazo”. La desaparición progresiva de víveres a precios subsidiados y una inflación que vuelve inalcanzables los productos básicos completan el cuadro de inseguridad alimentaria que el observatorio documentó durante el mes.

En tanto, la inseguridad ciudadana acumuló 121 denuncias. La violencia —social, criminal, de género e intrafamiliar— dejó 40 muertos en julio, 13 más que en junio. En 11 casos el móvil fue el lucro; en 10, las víctimas fueron mujeres. El mes incluyó el tercer atraco en dos meses a un banco o depósito de dinero, esta vez en una zona concurrida de Centro Habana, con un custodio muerto.

Entre los 53 registros de problemas sociales del período, el OCC identificó dos fenómenos en expansión: el trabajo infantil y la venta del cannabinoide conocido como “El Químico”, señalado por el organismo como un factor de destrucción entre la juventud cubana.

La salud pública sumó 44 denuncias, con listas de espera quirúrgicas masivas, escasez de medicamentos, infraestructura hospitalaria colapsada y una apelación creciente de la población a la solidaridad ciudadana ante el abandono institucional. El régimen atribuye el deterioro al embargo de Estados Unidos, aunque desde el año 2000 existe una exención específica para la venta de alimentos y medicinas a Cuba, recordó el informe.

Un hombre camina por una acera tras el colapso de la red eléctrica nacional en La Habana (REUTERS/Norlys Pérez)
Un hombre camina por una acera tras el colapso de la red eléctrica nacional en La Habana (REUTERS/Norlys Pérez)

Por su parte, la categoría de vivienda aportó nueve registros, entre ellos el caso de una docena de vecinos de un edificio de Centro Habana que permanecieron semanas a la intemperie, con ancianos y niños entre ellos, tras un desalojo por riesgo de derrumbe y sin alternativa habitacional por parte del Estado.

Por último, el contexto del 11J pesó sobre el mes. El pasado 11 de julio, Cuba llegó al quinto aniversario de las mayores protestas desde 1959 con 1.306 presos políticos, un récord histórico según Prisoners Defenders, la organización que publica el registro mensual más exhaustivo sobre represión en la isla. Javier Larrondo, presidente de esa ONG, estimó que cerca del 90% de la población cubana tiene hoy aversión al régimen, un cambio que atribuyó directamente al impacto del 11J.

El sacerdote católico Alberto Reyes Pías ofreció, el 31 de julio, una lectura que trasciende las demandas materiales: “Cuando protestamos por las escaseces y la precariedad de la vida, puede parecer que nuestro grito es asistencial, y que sólo salimos a las calles para pedir electricidad, agua o comida”. Pero Reyes Pías advirtió que las urgencias no deben confundir a quienes observan desde fuera: “Entre los gritos que piden lo básico, este pueblo grita ‘¡Patria y vida!’, grita ‘¡Cambio de sistema!’, grita ‘¡Libertad!’, grita ‘¡Basta ya!’”.

“Nuestro grito no es asistencial, es de cambio radical, es de fin de las cadenas, es de vida en libertad”, concluyó.

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