
Un islote que parecía insignificante emergía en las aguas de Loch Bhorgastail, en la isla de Lewis, Escocia. Nadie imaginaba que bajo esa superficie se ocultaba una gigantesca estructura de madera de más de cinco milenios de antigüedad, anterior a Stonehenge y levantada por comunidades cuya complejidad asombra a la ciencia actual. El hallazgo, logrado por un equipo de las universidades de Southampton y Reading, reescribe la historia de la ingeniería y la organización social en la prehistoria europea.
El descubrimiento fue posible gracias a una técnica pionera. Los arqueólogos enfrentaban el obstáculo de la “franja blanca”, esa zona de agua poco profunda donde los métodos tradicionales fracasan.
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Para superar esa barrera, el equipo diseñó un sistema con dos cámaras acuáticas montadas a 29 centímetros de distancia sobre una estructura rígida. Este dispositivo, movido cuidadosamente bajo el agua, permitió capturar imágenes estereoscópicas precisas, incluso cuando la visibilidad era escasa. Después, miles de fotos fueron ensambladas digitalmente para reconstruir el yacimiento en tres dimensiones.
Fraser Sturt, director del Southampton Marine and Maritime Institute, explicó: “La fotogrametría es muy eficaz en aguas profundas, pero en zonas menos profundas surgen problemas por los sedimentos y la vegetación. Gracias a esta técnica, logramos documentar el sitio con un nivel de detalle inédito”.
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¿Qué revela la estructura oculta bajo el lago?
Al excavar el islote, los investigadores hallaron una plataforma circular de madera de 23 metros de diámetro. Sobre ella, se acumularon ramas, matorral y, posteriormente, grandes cantidades de piedra, configurando el aspecto actual de la isla. Las dataciones sitúan la construcción original entre el 3800 y el 3300 a.C., por lo que este crannog se convierte en una de las obras humanas más antiguas de Europa occidental.

Según el trabajo publicado en Advances in Archaeological Practice, la estructura original fue reutilizada y modificada durante la Edad del Bronce y la Edad del Hierro, lo que sugiere que el lugar conservó su importancia durante milenios. Además, una antigua calzada de piedra sumergida conecta la isla con la orilla, evidenciando que no era un espacio aislado.
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¿Qué objetos y señales de actividad humana se encontraron?
Alrededor y sobre la isla aparecieron cientos de fragmentos de cerámica neolítica, muchos con restos de alimentos. Estos hallazgos apuntan a que el lugar fue escenario de banquetes, rituales o reuniones comunales. La cantidad de trabajo invertido en la construcción de la isla indica que las comunidades del Neolítico tenían una organización social avanzada.

La investigadora principal, Stephanie Blankshein, de la Universidad de Southampton, declaró: “No sabemos exactamente por qué se construyeron estos crannogs, pero la magnitud del esfuerzo y los materiales empleados sugieren que tenían un enorme valor simbólico o social”.
Más allá del asombro por la antigüedad y complejidad del crannog, el avance metodológico abre nuevas posibilidades para estudiar sitios similares en todo el mundo. La técnica de estereofotogrametría en aguas someras permite unir en un solo modelo digital la parte visible y la sumergida de los yacimientos, superando una de las grandes limitaciones de la arqueología subacuática.
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El hallazgo impulsa nuevas preguntas sobre la función original de estas islas artificiales. Algunos especialistas proponen que servían como escenarios para ceremonias, símbolos de poder o puntos de encuentro social. Lo cierto es que, según el equipo de la Universidad de Southampton, “la reutilización y el mantenimiento del lugar durante generaciones muestran que no se trataba de simples viviendas”.
Con cientos de crannogs dispersos por los lagos de Escocia, muchos de ellos sin excavar, la investigación en Loch Bhorgastail sugiere que la transformación monumental del paisaje acuático comenzó mucho antes de lo pensado. Las comunidades neolíticas no solo sobrevivían, sino que planificaban y ejecutaban proyectos arquitectónicos de gran escala.
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El crannog de Loch Bhorgastail desafía la imagen tradicional de sociedades prehistóricas aisladas y simples.
El avance, que une tecnología, arqueología y trabajo interdisciplinario, promete desvelar más secretos bajo las aguas de Europa en los próximos años.
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