
Un análisis coordinado por la Universidad de Viena demuestra que los deslizamientos mortales aumentan marcadamente cuando la actividad humana transforma regiones montañosas, con consecuencias especialmente graves en los países de ingresos bajos y medios.
El estudio, publicado en abril de 2026, sostiene que los cambios en el uso del suelo producidos por el ser humano son el principal motor detrás del incremento de víctimas, por encima de factores naturales como la topografía o las lluvias.
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La acción humana sobre las montañas —deforestación, expansión agrícola y construcción de infraestructura— desestabiliza los suelos inclinados y multiplica los deslizamientos. En los países menos favorecidos, donde los recursos son limitados, muchas comunidades se ven obligadas a asentarse en zonas frágiles y montañosas por presión demográfica y necesidad de espacio para vivienda, agricultura y servicios.

La modificación del entorno de montaña, en particular los cambios humanos en el uso del suelo, provoca mayor inestabilidad y exposición al peligro que los propios elementos naturales.
La Universidad de Viena recalca que el fenómeno se intensificó en las últimas décadas, a partir del análisis de datos de 46 países que abarcan aproximadamente 60 años de variaciones en el uso del suelo y 45 años de evolución de la población.
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A pesar de que la geografía montañosa implica un riesgo per se, la escala de la intervención humana es clave para explicar la diferencia de víctimas entre países con escenarios naturales similares.
Diferencias entre países según el impacto humano

La recopilación internacional de datos evidencia una marcada diferencia según el nivel de ingresos. Los países de ingresos altos solo modifican un 7 % de sus superficies montañosas, mientras que los de ingresos bajos alteran hasta un 50 % de estas zonas, según la investigación internacional realizada por la Universidad de Viena.
Ugur Öztürk, investigador de la Universidad de Viena, señala: “En países como Haití, Sri Lanka y El Salvador, este cambio en el uso del suelo se vincula con un aumento fuerte en deslizamientos fatales y número de víctimas”.
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Seckin Fidan, de la Universidad de Ankara —la universidad pública líder de Turquía—, agrega: “Los países económicamente menos favorecidos también enfrentan gran presión demográfica, lo que lleva a la rápida deforestación y habilitación de zonas frágiles para vivienda, agricultura e infraestructura básica”.

En países como Haití, Sri Lanka y El Salvador, la relación entre la intervención humana en áreas de montaña y la mortalidad por deslizamientos es directa y notoria. En contraste, naciones como Suiza, Japón e Italia, a pesar de estar expuestos al riesgo natural, registran muchos menos fallecimientos.
Según la Universidad de Viena, esta diferencia se explica por una intervención humana más limitada y una mejor gestión del uso del suelo en los países de ingresos altos, que dedican mayores recursos a la prevención.
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El nivel de ingresos nacionales aparece como factor decisivo en la reducción del riesgo, por encima de la climatología o la inclinación del terreno.
Políticas de prevención y gestión en zonas de montaña
La investigación internacional subraya que minimizar la alteración de regiones montañosas es una de las medidas más eficaces para contener la mortalidad, incluso en áreas de alto riesgo natural.

Los países que consiguen limitar los cambios en la cobertura vegetal y el uso del suelo logran mantener bajo el número de víctimas. Esto apunta a que la gestión de estas variables debe ocupar el centro de las políticas de prevención y desarrollo.
La Universidad de Viena concluye que es urgente dirigir recursos, regulaciones y planificación a la conservación de las zonas montañosas, especialmente en los países de menores ingresos, donde la presión poblacional es mayor y el costo humano más elevado.
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