
La contaminación por colillas de cigarrillo representa uno de los desafíos ambientales más extendidos y persistentes a nivel global. Estos residuos aparecen en calles, playas y espacios públicos todos los días, lo que genera preocupación por su potencial impacto en los ecosistemas terrestres y acuáticos.
El interés científico sobre la degradación y toxicidad de estos materiales va en aumento, dado que su composición plástica dificulta su desintegración natural y favorece la dispersión de sustancias peligrosas.
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Un equipo internacional de investigación, encabezado por Giuliano Bonanomi en la Universidad de Nápoles Federico II, publicó sus hallazgos en la revista Environmental Pollution tras completar el primer estudio empírico que monitoreó la degradación de colillas de cigarrillo durante una década completa en distintos ambientes.
El trabajo se propuso analizar la descomposición física, los cambios químicos y la evolución de la toxicidad de estos residuos bajo condiciones reales.
Los cambios invisibles que atraviesan las colillas de cigarrillo

El estudio documentó que las colillas no desaparecen por completo incluso después de diez años. Según el artículo de Luigi F. Di Costanzo, uno de los autores, el material principal del filtro, el acetato de celulosa, muestra una alta resistencia a la degradación y, tras una década, persiste en forma de microplásticos integrados en el suelo.
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El análisis de los filtros expuestos durante diez años mostró que la descomposición avanza en diversas etapas, pero la magnitud de la degradación varía según el ambiente.
Inicialmente, las colillas pierden alrededor del 20% de su masa en pocas semanas, a partir de la degradación de la capa externa y la liberación de compuestos solubles.
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El avance posterior depende de las condiciones. En entornos con baja actividad biológica, como superficies urbanas o suelos arenosos, la transformación se estabiliza y deja intacta la estructura del filtro, incluso después de un largo periodo. Por el contrario, en suelos fértiles y ricos en materia orgánica, el proceso es más marcado.
El equipo documentó que en ambientes con abundantes nutrientes, como el nitrógeno, la pérdida de masa de las colillas alcanzó hasta el 84% en diez años, aunque una fracción considerable del material original permaneció presente en el suelo. Este hallazgo confirma que el residuo persiste como microplásticos, lo que contribuye a la carga de contaminación plástica en los ecosistemas terrestres.
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El estudio detectó que, tras diez años, las fibras del filtro se agrupan formando diminutas esferas microscópicas. Estas nuevas partículas, que contienen restos del filtro y materiales del suelo, representan una forma persistente de microplástico en el ambiente.
Cómo se realizó el seguimiento a largo plazo

La metodología del trabajo consistió en el seguimiento de miles de colillas depositadas en bolsas de malla en diferentes ambientes: superficies urbanas, suelos arenosos y suelos de pastizales ricos en nutrientes.
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Las muestras se recuperaron en intervalos regulares durante diez años y se analizaron para evaluar la pérdida de masa, los cambios químicos y la colonización microbiana.
El diseño experimental permitió comparar la descomposición bajo condiciones naturales y controladas. El estudio detalla que el filtro de las colillas está compuesto por aproximadamente 15.000 microfibras de acetato de celulosa, un polímero plástico derivado de celulosa vegetal.
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La estructura química de este material fue modificada para que sea más resistente por un proceso llamado acetilación, lo que dificulta que los microorganismos puedan degradarlo y favorece su permanencia en el ambiente. Según el estudio, la degradación eficiente requiere procesos de desacetilación, que ocurren de manera lenta en la naturaleza.
Sin embargo, la importancia de los microorganismos quedó reflejada en el estudio: los investigadores comprobaron que en ambientes ricos en nutrientes, la colonización microbiana era más diversa y participaba activamente en la transformación del filtro, aunque sin lograr su completa degradación.
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La persistencia de la toxicidad y sus riesgos ecológicos
Uno de los aportes más destacados de la investigación fue el análisis de la evolución de la toxicidad de las colillas a lo largo del tiempo. Las colillas recién descartadas liberan rápidamente compuestos tóxicos como nicotina, metales pesados e hidrocarburos aromáticos, capaces de afectar organismos acuáticos y plantas.

El documento subraya que los efectos tóxicos no desaparecen con el paso de los años. Aunque los niveles disminuyen tras la etapa inicial, el equipo detectó un segundo pico de toxicidad alrededor del quinto año, asociado a la fragmentación del filtro y la liberación de sustancias acumuladas en las fibras. Esta “segunda ola” de contaminación implica riesgos ecológicos persistentes para los organismos del suelo y dificulta la recuperación ambiental.
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El estudio también documentó una reducción en la biodiversidad microbiana en los suelos expuestos a colillas, lo que podría afectar el funcionamiento de los ecosistemas terrestres. Concluyen que las colillas de cigarrillo no desaparecen completamente y permanecen en el ambiente durante años, se transforman en microplásticos, alteran la composición del suelo y liberan compuestos tóxicos a lo largo del tiempo.
Según los autores, comprender el destino a largo plazo de las colillas resulta esencial para diseñar estrategias de mitigación y políticas públicas que aborden una de las formas más extendidas de contaminación plástica.
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