
La Luna sorprende cada vez que se asoma en el horizonte nocturno. Muchas personas notan que su tamaño parece aumentar de forma notable cuando se encuentra cerca del suelo, especialmente durante las noches en que hay luna llena. Este efecto visual despertó curiosidad durante siglos, y aún hoy la ciencia lo considera un fenómeno intrigante.
Al mirar la Luna justo sobre el horizonte, el satélite parece mucho más grande que cuando se encuentra en lo alto del cielo. Sin embargo, la distancia entre la Tierra y la Luna es ligeramente mayor cuando está cerca del horizonte que cuando está en su punto más alto. La explicación objetiva de este efecto, conocido como “ilusión lunar”, ha sido motivo de debate y de numerosas investigaciones científicas.
La búsqueda de respuestas involucró a astrónomos, psicólogos y especialistas en percepción visual. Según Live Science, la explicación no se encuentra en la atmósfera ni en la refracción de la luz, como se pensaba en la antigüedad, sino en la forma en que el cerebro interpreta las imágenes.

Los primeros intentos de explicación
De acuerdo con la astrónoma Susanna Kohler, portavoz de la American Astronomical Society, la Luna, cuando está en el horizonte, se ubica a una distancia equivalente a un radio terrestre más lejos que cuando se encuentra en el cenit. A pesar de esta mayor distancia, el ojo humano la percibe como más grande.
Durante siglos, filósofos y científicos ofrecieron diferentes teorías para explicar la ilusión lunar. Aristóteles y otros pensadores antiguos atribuyeron el fenómeno a las supuestas propiedades de aumento de la niebla o a la refracción de la luz en la atmósfera. Sin embargo, las fotografías modernas muestran que la refracción tiende a aplanar la Luna, no a agrandarla.
Bart Borghuis, neurocientífico de la Universidad de Louisville, sostiene que la clave está en el cerebro y en cómo procesa la información visual. Las teorías actuales rechazan la influencia directa de factores atmosféricos y se centran en los mecanismos de percepción.

El papel de la percepción y el entorno
Investigaciones recientes sugieren que el contexto visual influye en la apreciación del tamaño de la Luna. Kohler señala que los objetos que se encuentran en el horizonte, como árboles, edificios o montañas, sirven como referencia. Estos elementos hacen que la Luna parezca más grande en comparación con el entorno. Sin embargo, la ilusión se mantiene incluso en paisajes sin referencias, como el mar abierto.
La explicación con mayor respaldo científico se basa en el principio de percepción visual conocido como la Ley de Emmert. Según esta ley, el cerebro calcula el tamaño de un objeto en función de la distancia percibida. Cuando la Luna está en el horizonte, el terreno y otros elementos sugieren que se encuentra más lejos, lo que lleva a percibir un tamaño mayor.
Un estudio publicado en la revista Science en 1962 demostró que, al simular una Luna en el horizonte con elementos del paisaje, las personas la perciben más grande. Cuando la imagen carece de referencias visuales, la ilusión disminuye o desaparece.

Experimentos y comparaciones con otras ilusiones ópticas
Borghuis explica que la percepción del tamaño depende de un proceso en dos etapas: primero, la retina registra el tamaño del objeto; después, el cerebro ajusta esa impresión en función de la distancia percibida. Este proceso se refleja también en ilusiones ópticas como la ilusión de Ponzo, donde líneas de igual longitud parecen diferentes cuando se sitúan en perspectivas distintas.
El cielo se percibe como una especie de bóveda aplanada, en vez de una semiesfera. Esto contribuye a que los objetos cercanos al horizonte parezcan más alejados y, por lo tanto, de mayor tamaño. Así, la Luna, cuando se encuentra baja en el cielo, se interpreta como un objeto más grande debido a las señales visuales que sugiere el entorno.
De acuerdo con Live Science, los experimentos de psicofísica han confirmado que los espacios llenos, como el horizonte terrestre, se perciben como más amplios que los vacíos. Este sesgo visual refuerza la ilusión lunar.

Una experiencia cotidiana y un experimento sencillo
La ilusión lunar puede comprobarse fácilmente con un experimento casero. Si una persona mira una luz brillante durante unos segundos y luego fija la vista en una pared, verá una mancha oscura que mantiene su tamaño real. Si alterna la mirada entre una pared lejana y otra cercana, la mancha parecerá cambiar de tamaño. Este ejemplo demuestra cómo el cerebro ajusta la percepción del tamaño según la distancia.
A pesar de los avances científicos, la ilusión lunar sigue fascinando a observadores y expertos. Conocer el origen de este fenómeno permite valorar tanto la belleza del cielo nocturno como la complejidad de los procesos cerebrales involucrados en la percepción visual.
El fenómeno de la Luna en el horizonte es una muestra de cómo la mente humana interpreta el mundo, combinando información visual y referencias del entorno para construir la realidad. La próxima vez que la Luna se eleve en el horizonte, la experiencia será igual de impactante, aunque se conozca la explicación detrás del efecto.
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