
En el cuerpo de los seres humanos y en el de otras especies existen tres tipos de grasa: la blanca, que almacena energía; la parda, que ayuda a producir calor; y la beige, que aparece dentro de la blanca y puede activarse con el frío.
Cada una cumple funciones distintas y su equilibrio es importante para la salud. Investigadores de los Estados Unidos descubrieron que perder la grasa beige puede hacer que los vasos sanguíneos se endurezcan y la presión arterial suba, aunque el peso corporal no cambie.
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Este resultado alcanzado a partir de experimentos con ratones fue publicado en la revista Science. Indica que no solo importa la cantidad de grasa, sino el tipo y cómo se comunica con los vasos del cuerpo.

La investigación fue desarrollada por científicos de la Universidad Rockefeller, la Universidad de Cornell y la Escuela de Medicina Icahn en Mount Sinai, en los Estados Unidos. Varios de los coautores también tienen afiliaciones en instituciones de Colombia, Canadá y Alemania.
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Los resultados señalan que la grasa beige y la enzima QSOX1 controlan la presión arterial. Esto permite pensar en el desarrollo de estrategias terapéuticas basadas en mantener este tipo de tejido o inhibir la acción de esa enzima.
Por qué importa la grasa beige

El equipo se preguntó si el tipo de grasa, y no solo el peso, podía influir en la presión arterial.
Sabían que la grasa blanca suele estar asociada a riesgos cardíacos, mientras que la parda y la beige ofrecen protección.
El foco del estudio publicado en Science estuvo en la grasa beige, que puede aparecer en depósitos de grasa blanca y genera calor.

Utilizaron la proteína PRDM16, necesaria para que exista este tipo de grasa, y analizaron qué sucede si el cuerpo la pierde.
Se preguntaron si la desaparición de la grasa beige podía cambiar la estructura y la función de los vasos sanguíneos y aumentar la presión arterial.
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Además, buscaron moléculas responsables de la comunicación entre la grasa y los vasos, y encontraron a la enzima QSOX1 como protagonista.
Ratones, genes y presión arterial

El equipo de investigadores eliminó la proteína PRDM16 en las células grasas de ratones, lo que provocó la desaparición de la grasa beige en estos animales.
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Como consecuencia, el tejido adiposo que rodea los vasos sanguíneos mostró cambios importantes: aumentó la rigidez de las arterias y la presión arterial se elevó de manera significativa.
Los científicos detallaron que los ratones presentaron “remodelación marcada del tejido adiposo perivascular, aumento de la reactividad vascular y presión arterial elevada”.
A la vez, se detectó más fibrosis en las arterias, lo que dificultó que los vasos sanguíneos mantuvieran su flexibilidad.

Los registros indicaron que esos animales mostraron “presiones arteriales sistólica, diastólica y media elevadas durante ambas fases de luz y oscuridad activa”.
Llamó la atención que el peso corporal de los ratones no cambió: la presión arterial subió, pero los animales no engordaron.
Los análisis moleculares revelaron una reducción de proteínas que participan en la generación de calor, y un aumento de los marcadores propios de la grasa blanca.
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Además, la pérdida de PRDM16 modificó la actividad de genes tanto en las células grasas como en las musculares de los vasos sanguíneos. Se fortalecieron señales como la angiotensina II, relacionada con el aumento de la presión arterial.

Para obtener estos datos, el equipo usó secuenciación de ARN, citometría y monitores implantados para medir la presión arterial de manera continua.
Los efectos observados ocurrieron sin cambios en el ritmo cardíaco ni en la función de los riñones. Así, la evidencia apunta a una relación directa entre la presencia de grasa beige y la salud de los vasos sanguíneos.
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El rol de la enzima QSOX1 fue clave. Al eliminar el gen que codifica QSOX1 en ratones sin PRDM16, la fibrosis vascular y la respuesta exagerada de los vasos desaparecieron.
El estudio sugiere que preservar la grasa beige podría ser una vía para proteger el corazón y las arterias.

“Estos resultados demuestran un papel clave para los adipocitos beige en la regulación de la presión arterial e identifican a QSOX1 como un mediador importante”.
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Aunque la investigación se realizó en animales, los científicos consideran que los resultados abren la puerta al desarrollo de terapias para la hipertensión enfocadas en la enzima QSOX1 o en mantener la grasa beige. De esta manera se aportarían nuevas estrategias para cuidar la salud vascular.
Los resultados sugieren que conseguir el aumento o la estabilización de la expresión de PRDM16 podría tener beneficios cardiovasculares, escribieron Mandy Grootaert y Aernout Luttun, investigadores del Centro de Biología Molecular y Vascular del Departamento de Ciencias Cardiovasculares de la Universidad KU Leuven, en Bélgica, en otro artículo en la revista Science.
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“Aunque los datos actuales en humanos y no humanos son alentadores, se necesitan ensayos clínicos bien controlados para determinar si inducir la aparición de grasa beige en el tejido adiposo reduce la frecuencia de eventos cardiovasculares adversos en los pacientes”, afirmaron.
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