
Un reciente estudio de American Chemical Society, demostró que los grillos domésticos tropicales (Gryllodes sigillatus) consumen microplásticos siempre que el tamaño de su boca lo permite, sin diferenciar entre partículas plásticas y alimento real.
La investigación, publicada en la revista Environmental Science & Technology, aporta nuevos datos sobre el comportamiento alimentario de los insectos frente a la contaminación plástica y señala que estos animales pueden desempeñar un papel relevante en la fragmentación de plásticos en el ambiente.
Microplásticos: impacto y comportamiento en insectos
La contaminación por microplásticos, partículas de menos de cinco milímetros de ancho, constituye un problema global que afecta a diversas especies y ecosistemas. Estas diminutas partículas, presentes en residuos domésticos y fertilizantes contaminados, han resultado dañinas para pequeños animales como insectos, caracoles y lombrices. Hasta ahora, se desconocía cómo influía la variabilidad en el tamaño de los insectos sobre su capacidad para ingerir y degradar estos materiales.

El equipo liderado por Marshall Ritchie estudió cómo los grillos, considerados insectos generalistas por su capacidad de alimentarse de casi cualquier cosa disponible, interactúan con alimentos contaminados con microplásticos a lo largo de su desarrollo.
Para analizar el comportamiento de los grillos frente a los microplásticos, los investigadores ofrecieron a grupos de adultos dos opciones: alimento libre de plásticos y alimento contaminado con microplásticos de diferentes tamaños. Los resultados mostraron que los grillos no manifestaron preferencia por el alimento sin plástico y, con el tiempo, aumentaron el consumo de la dieta contaminada.
Durante un periodo de siete semanas, los científicos observaron que, a medida que los grillos crecían —incrementando su tamaño corporal hasta 25 veces—, también lo hacía el tamaño de su boca. Solo cuando la abertura bucal superaba el tamaño de las partículas plásticas, los grillos podían ingerirlas enteras. Marshall Ritchie explicó: “Una vez que una partícula era lo suficientemente grande para ser ingerida, los grillos continuaron comiéndola durante el resto de su vida”.
Resultados: relación entre tamaño y consumo de plásticos

El estudio reveló que la capacidad de los grillos para consumir microplásticos depende directamente del tamaño de su boca respecto al de las partículas. Los insectos no evitaron los microplásticos cuando se les ofreció la opción y su consumo aumentó progresivamente. A diferencia de lo observado en otros animales, la ingestión de plásticos no perjudicó el crecimiento de los grillos.
Además, los investigadores analizaron el destino de los microplásticos tras su paso por el tracto digestivo de los grillos. Las partículas más pequeñas, como las de 38 micrómetros, tendieron a ser excretadas intactas, mientras que las de mayor tamaño, por ejemplo las de 425 micrómetros, sufrieron una fragmentación más intensa si fueron ingeridas.
Uno de los hallazgos clave es la capacidad de los grillos para convertir los microplásticos en partículas aún más pequeñas, conocidas como nanoplásticos, durante la digestión.

Este proceso de biofragmentación varió según el tamaño del insecto y la partícula: los grillos más grandes fragmentaron menos las partículas grandes, mientras que los más pequeños generaron una mayor cantidad de fragmentos diminutos. Este proceso puede aumentar el riesgo ambiental de estos materiales.
Los autores del estudio destacaron que estos resultados confirman la incapacidad de los grillos para diferenciar el plástico del alimento, y subrayan el papel potencial de los insectos en la degradación física de los plásticos en el ambiente. Al ingerir y excretar microplásticos, contribuyen a la formación de partículas aún más pequeñas, que pueden resultar más nocivas para los ecosistemas.
Implicancias para la regulación y el manejo ambiental
La investigación sugiere que el comportamiento alimentario y el tamaño corporal de los insectos determinan la ingestión y fragmentación de microplásticos, lo que tiene consecuencias directas para la gestión de la contaminación plástica. Los autores advierten que entender estos procesos es fundamental para establecer regulaciones sobre el tamaño de las partículas plásticas que entran en los entornos naturales.
El estudio concluye que para mitigar los riesgos derivados de la contaminación por microplásticos y nanoplásticos se debe considerar el papel de los insectos en la fragmentación de estos materiales y avanzar en la regulación del tamaño de los plásticos presentes en el ambiente.
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