
Un grupo de investigadores del Reino Unido descubrió que el microbioma intestinal podría ayudar a detectar a quienes tienen más posibilidades de desarrollar Parkinson antes incluso de que se noten los primeros síntomas.
El estudio, publicado en la revista Nature Medicine, analizó a personas ya diagnosticadas, a personas que tienen el gen GBA1 pero no síntomas, y a voluntarios sanos.

Hay diferencias claras en las bacterias del intestino entre quienes ya tienen la enfermedad y quienes solo presentan riesgo genético, lo que aporta datos sobre cómo identificar el Parkinson en etapas tempranas.
Algo interesante que hallaron los científicos es que hay 176 especies de bacterias intestinales distintas en personas con Parkinson si se las compara con aquellas que no lo tienen.
Además, encontraron diferencias en 142 especies de bacterias entre los voluntarios sanos y aquellas personas que tienen el gen GBA1 pero todavía no notan ningún síntoma.
Esto sugiere que los cambios aparecen antes de que los síntomas sean visibles. Para llegar a estos resultados, analizaron muestras de 638 personas con diagnóstico de Parkinson y 319 controles en países como Reino Unido, Corea y Turquía.
Los hallazgos principales

El profesor Anthony Schapira, que lideró la investigación, explicó que hoy más que nunca hace falta detectar el Parkinson lo más pronto posible.
Mencionó que una de las claves para mejorar tratamientos es identificar a las personas en riesgo antes de que la enfermedad avance.
Remarcó que es la primera vez que pueden saber con certeza qué bacterias aparecen en quienes ya tienen Parkinson y en quienes son propensos pero aún no sienten ningún síntoma.
Schapira aclaró que “estas mismas alteraciones aparecen en una pequeña proporción de la población general, lo que podría asociarlas a un riesgo aumentado de Parkinson”.

El estudio contó con la colaboración del INRAE, el instituto francés de investigación en agricultura, y con centros especialistas de Londres e Italia.
Al mirar los resultados, se dieron cuenta de que las personas que tienen la variante genética aunque todavía no muestran síntomas presentan un perfil de bacterias que está a medio camino entre los perfiles sanos y los de pacientes.
Algunos voluntarios contaron datos sobre lo que comen y, en esos casos, se notó cierta relación.
Los especialistas observaron que una dieta variada y equilibrada puede asociarse a una menor cantidad de bacterias ligadas a un riesgo mayor de Parkinson, lo que abre la posibilidad de prevenir algunos casos a través de la alimentación.

En el equipo trabajó Stanislav Dusko Ehrlich. Comentó que gracias al análisis del microbioma intestinal pueden identificar a quienes tienen un riesgo más alto de desarrollar Parkinson y recomendarles cambiar ciertos hábitos, como la alimentación, para reducirlo.
Además, observaron que hay personas sanas cuyo microbioma es muy parecido al de quienes podrían enfermar en el futuro, por lo que admiten que todavía falta mucho por conocer. Para el grupo, es fundamental investigar más el papel de los genes y el entorno en el desarrollo de la enfermedad.
Los pasos próximos

El equipo del University College London lidera el primer ensayo clínico de fase III que se basa en datos genéticos en Parkinson. Es un avance porque antes no se habían hecho estudios tan enfocados en perfiles genéticos específicos.
El ensayo está probando un medicamento para la tos para ver si ayuda también en Parkinson, con la expectativa de encontrar nuevas funciones para medicamentos ya comunes.
Además, los investigadores coordinan el ensayo más ambicioso realizado hasta ahora para buscar tratamientos capaces de frenar o retrasar el avance de la enfermedad.
Este esfuerzo podría aportar nuevas respuestas y mejorar la calidad de vida de quienes se ven afectados por Parkinson.
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