Las colonias de hormigas actúan como “superorganismos” uniendo fuerzas para proteger la salud del grupo.
Investigadores del Instituto de Ciencia y Tecnología de Austria descubrieron que las crías de hormiga, cuando no pueden sobrevivir a una infección, activan un mecanismo sorprendente: emiten un olor especial para alertar a las obreras.
Las obreras detectan este olor y, en un proceso rápido, “desempaquetan” a la cría enferma de su capullo, abren pequeñas heridas y aplican ácido fórmico, un veneno que las hormigas pueden fabricar. El hallazgo se publicó en la revista Nature Communications.
El ácido fórmico sirve como desinfectante y elimina los microbios que causan la enfermedad. Sin embargo, esto provoca la muerte de la pupa afectada.

Los científicos destacaron que “lo que a primera vista parece un autosacrificio es, en realidad, también beneficioso para quien emite la señal: protege a sus compañeras de nido, con quienes comparte muchos genes”.
Al advertir a la colonia sobre su infección mortal, las hormigas muy enfermas ayudan a mantener la salud del grupo y a producir colonias hijas, lo que indirectamente transmite los genes del emisor a la siguiente generación.
El equipo de expertos comparó a las colonias de hormigas con los órganos del cuerpo humano: cada obrera asume tareas para el bien común, mientras la reina produce descendencia.
Las pupas de hormiga, que son las crías en desarrollo cubiertas por un capullo, se comportan como células inmóviles que requieren ayuda externa.

A diferencia de otros animales sociales que intentan ocultar su enfermedad, estas pupas marcan activamente el riesgo que representan.
Cuando una pupa de hormiga emite una señal que indica una infección incurable y su muerte inminente, las obreras la desempacan de su capullo, la desinfectan y esto provoca su fallecimiento.
Los científicos comprobaron cómo cambia la señal química de las pupas enfermas. Este olor no se difunde en todo el nido, sino que permanece en la piel de la pupa. Así las obreras pueden identificar a la cría concreta sin poner en peligro a otras.
El investigador y coautor Thomas Schmitt explicó: “Esto significa que el olor no puede simplemente difundirse por la cámara del nido, sino que debe estar directamente asociado a la pupa enferma. Por tanto, la señal no consiste en compuestos volátiles, sino en sustancias no volátiles presentes en la superficie corporal de la pupa”.

El equipo transfirió el olor de una pupa infectada a una sana y observó cómo las obreras reaccionaban igual que con una enferma.
La científica Sylvia Cremer detalló: “La transferencia del olor de la señal fue suficiente para inducir el desempaquetado por parte de las hormigas, lo que demuestra que el olor corporal alterado de las pupas infectadas cumple la misma función que la señal de ‘encuéntrame y cómeme’ de las células infectadas del cuerpo”.
Este sistema resulta muy preciso. Las pupas de reina, que son más resistentes, no emiten esta alarma, ya que su sistema inmunitario es más fuerte. Las obreras solo reciben señales de crías que no pueden vencer la enfermedad. De esta forma se evitan sacrificios innecesarios.

El estudio subraya que este comportamiento colectivo se parece al funcionamiento de las defensas en el cuerpo humano, donde las células enfermas piden que el sistema inmune las elimine.
Las pupas forman parte de esta defensa al pedir ayuda cuando no hay remedio posible.
La señal debe ser tanto sensible como específica. Debe ayudar a identificar todas las pupas de hormiga terminalmente enfermas, pero ser lo bastante precisa para evitar desencadenar el desempaquetado de pupas sanas o de aquellas capaces de superar la infección con su propio sistema inmunitario, comentaron los investigadores.

Los resultados demuestran cómo la evolución natural dio lugar a formas de cooperación y sacrificio para la supervivencia grupal.
La eliminación de la cría garantiza el bienestar general y ayuda a que la colonia transmita sus genes a nuevas generaciones. Se demuestra que, en el mundo de las hormigas, la colaboración se fundamenta en la precisión y el sacrificio por el bien común.
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