
Durante mucho tiempo, se pensó que la inteligencia estaba determinada solo por la genética. Sin embargo, una nueva investigación internacional demuestra que la educación puede influir de forma decisiva en el desarrollo intelectual, incluso entre personas que tienen exactamente el mismo ADN, como los gemelos idénticos (monocigóticos).
El estudio muestra que las diferencias en las oportunidades educativas pueden generar grandes diferencias en el coeficiente intelectual, lo que cuestiona la creencia de que el destino de la inteligencia está marcado únicamente por los genes.
Este hallazgo abre el debate sobre el verdadero papel del entorno, la escuela y las experiencias de vida en el potencial intelectual de cada persona.
Cuando la escuela supera al ADN
Un análisis publicado en la revista Acta Psychologica y difundido por Muy Interesante se centró en gemelos idénticos criados en hogares diferentes ¿El resultado? Incluso con experiencias escolares distintas, llegaron a mostrar hasta 15 puntos de diferencia en su coeficiente intelectual (CI), a pesar de compartir exactamente el mismo ADN.

La investigación recopiló datos de un siglo de estudios para analizar 87 pares de gemelos y puso especial atención en la trayectoria educativa de cada uno.
Hasta ahora, los estudios sobre gemelos idénticos criados por separado se habían usado para afirmar que la inteligencia dependía de la genética. Sin embargo, el equipo dirigido por Jared Horvath y Katie Fabricant estudió una variable crucial: la escolaridad individual.
Con este enfoque, clasificaron los casos desde trayectorias educativas similares hasta experiencias escolares completamente distintas, enfocándose en cómo la educación modeló las diferencias.

El poder de la educación
El método consistió en comparar los CI de acuerdo con la semejanza entre las trayectorias educativas. Los resultados fueron contundentes: cuando los gemelos tuvieron una educación similar, la diferencia promedio en CI fue de solo seis puntos. Sin embargo, en los casos donde la escolaridad fue muy diferente, la brecha llegó a los 15 puntos.
Esta tendencia también se observó al analizar la correlación entre los CI. Cuando la educación era parecida, esa relación se mantenía alta; si existían diferencias educativas significativas, la correlación se debilitaba hasta parecer la de hermanos no gemelos o personas sin parentesco.
Según Muy Interesante, la educación “no solo influye; redefine la manera en que la genética se expresa en el rendimiento cognitivo”.
El estudio reabre el debate sobre el papel real de la herencia. Si la correlación entre gemelos idénticos en pruebas de CI cambia según el entorno educativo, es necesario revisar décadas de creencias.
Entre los factores que, según los investigadores, más influyen, se encuentran aspectos generales del sistema educativo: duración de los estudios, calidad de la enseñanza y acceso a oportunidades, que pueden potenciar o limitar el desarrollo intelectual de cualquier persona.

Los autores reconocen que existen límites en su trabajo: la muestra de gemelos con diferencias educativas extremas es pequeña y faltan datos de muchas regiones del mundo, especialmente de contextos no occidentales.
Además, elementos como la nutrición, la salud o el nivel socioeconómico también pueden influir y, habitualmente, están ligados al acceso educativo. A esto se suman los avances en epigenética, que demuestran que el entorno puede modificar la expresión genética e impactar así en el desarrollo cerebral, incluso entre gemelos.
Nueva mirada sobre la inteligencia: desafíos y oportunidades
Ante estos hallazgos, Horvath y Fabricant sugieren dejar a un lado los grandes estudios estadísticos y enfocarse en el análisis individualizado, donde cobran peso factores como el entorno escolar, los profesores, el contexto familiar y social, e incluso los pequeños detalles de la cotidianeidad.

Además, proponen que las bases de datos históricas se abran a la comunidad científica mundial para facilitar nuevas revisiones, comparaciones interculturales y ampliar el conocimiento sobre el desarrollo cognitivo.
Este nuevo enfoque invita a valorar el acceso a una educación de calidad como un elemento fundamental para el desarrollo intelectual de cada persona, abriendo así la puerta a políticas públicas más inclusivas y decididas.
Si el entorno educativo puede modificar el resultado de la genética, promover oportunidades reales se convierte en una herramienta crucial para que cada individuo alcance su máximo potencial.

La inteligencia no se reduce a un destino biológico: es el resultado de la interacción entre lo que heredamos y lo que aprendemos a lo largo de la vida. Reconocer este vínculo es el primer paso para construir sociedades más igualitarias y conscientes del valor transformador de la educación.
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