
Mientras la Organización Meteorológica Mundial (OMM) elevó la alerta por el regreso de El Niño en 2026, un reciente estudio a partir de datos satelitales de la NASA describió un mecanismo que suele intensificarse con el calentamiento del océano: la estratificación de la columna de agua reduce el aporte de nutrientes a la superficie y aumenta el “estrés nutricional” del fitoplancton, base de la red alimentaria marina.
El trabajo divulgó que, cuando el océano se calienta en superficie, se forma una capa estable de agua menos densa que “tapa” el ascenso de agua fría y rica en minerales desde las profundidades. Ese bloqueo limita la disponibilidad de hierro, fósforo y nitrógeno para el plancton y activa un efecto dominó sobre peces y otros organismos que dependen de esa producción primaria.
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En paralelo, la OMM advirtió que El Niño influirá en patrones globales de temperatura y lluvias en los próximos meses y pidió reforzar sistemas de alerta temprana, según publicó Daily Mail. El organismo sostuvo que, para el trimestre junio-julio-agosto de 2026, existe 80% de probabilidad de un evento de El Niño y que la chance de continuidad hacia fin de año se ubica cerca o por encima de 90%.
Qué mostró la NASA: señales globales de “estrés nutricional” en el fitoplancton

Según el trabajo, científicos integraron observaciones satelitales con pruebas genéticas de microorganismos marinos para medir el impacto del calentamiento sobre el fitoplancton. El eje técnico fue identificar cuándo los organismos de superficie dejan de acceder a minerales esenciales, lo que reduce su crecimiento y reproducción.
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La investigación utilizó el sensor MODIS del satélite Aqua de la NASA para estimar cambios fisiológicos del plancton desde el espacio. En particular, los investigadores midieron variaciones en la relación entre carbono y clorofila: cuando la clorofila cae en relación con el carbono, se interpreta como una señal de estrés creciente.
Para respaldar el diagnóstico, el equipo analizó marcadores genéticos de Prochlorococcus, un microbio marino abundante, en busca de huellas de estrés nutricional en el ADN. Con esa combinación, el estudio armó un mapa de zonas donde el plancton “prospera” y donde “lucha” por falta de nutrientes.
Dónde fue peor: giros subtropicales y el caso del Pacífico Sur

El trabajo difundido indicó que el mayor estrés nutricional apareció en los giros subtropicales, extensas áreas relativamente calmas en los océanos Atlántico, Pacífico e Índico, donde se consolida una capa de agua cálida en superficie.
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El coautor Adam Martiny, oceanógrafo de la Universidad de California, explicó que el calentamiento de la superficie genera una configuración “muy estable”: una capa de baja densidad queda por encima de agua más fría y densa. Esa estratificación impide el ascenso de agua con nutrientes y deja al plancton con menor disponibilidad mineral.
En el Pacífico Sur, una región con baja oferta de nutrientes, la investigación asoció la capa cálida superficial con escasez de nitrógeno y hierro y con el estrés más severo detectado por el equipo.
Qué aporta esta novedad al seguimiento de El Niño: biología en tiempo casi real

En términos operativos, el hallazgo agrega un indicador biológico al monitoreo del océano: no solo mide temperatura, sino también una señal de “salud” del fitoplancton a gran escala. El estudio planteó que, al combinar satélites y genética, se puede seguir la respuesta del ecosistema a cambios ambientales con más detalle temporal y espacial.
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El trabajo vinculó la intensificación del estrés con ciclos estacionales y con grandes modos climáticos como El Niño, que calienta amplias zonas del Pacífico. En contraste, durante eventos de La Niña, el enfriamiento y un afloramiento más fuerte pueden llevar más nutrientes a la superficie y reducir el estrés en algunas regiones.
Qué dijo la OMM: probabilidad y efectos en el clima global

En una nota previa de Infobae, la OMM informó que existía 90% de probabilidad de que El Niño reapareciera en el segundo semestre de 2026 y que no se descartaba una intensidad elevada. La advertencia se centró en el impacto climático: cambios en temperatura, lluvias y trayectoria de tormentas, con riesgo de eventos extremos.
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Ese enfoque se complementó con pronósticos de otros centros. Según proyecciones de la NOAA y del ECMWF, anticipaban una probabilidad alta de desarrollo de El Niño en 2026 y la posibilidad de anomalías marcadas de temperatura superficial del mar. También recordó la definición técnica de “super El Niño” en la región Niño 3.4: superar +2 °C durante varios meses, un umbral alcanzado en 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016.
Cómo se conectan ambos ejes: clima más cálido y una base alimentaria bajo presión

La advertencia de la OMM apunta al “qué puede pasar” en el clima: calor por encima de lo normal en amplias regiones y variaciones de lluvias con impactos en sectores productivos y en la gestión de riesgos. El aporte del trabajo se enfocó en el “cómo”: el calentamiento superficial no solo altera la atmósfera, también reorganiza la disponibilidad de nutrientes y tensiona la base del ecosistema marino.
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Si El Niño se consolida con intensidad alta en 2026, el mecanismo descrito por la NASA sugiere que el estrés nutricional del plancton puede amplificarse en zonas donde la estratificación ya limita el ingreso de minerales desde el océano profundo. Esa presión, a su vez, puede impactar sobre cadenas tróficas y actividades económicas vinculadas al mar.
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