
Un estudio internacional dirigido por el Instituto de Biología Evolutiva (IBE, CSIC-UPF) demostró que el rechazo genético de Homo sapiens a la entomofagia no es consecuencia exclusiva de factores culturales recientes, según informó la revista National Geographic. Los investigadores analizaron ADN antiguo extraído de sarro dental prehistórico para comparar la dieta de los sapiens con la de los neandertales, que consumían insectos.
El análisis de restos dentales permite reconstruir patrones alimenticios con un nivel de detalle sin precedentes. Este enfoque interdisciplinario combina genética, arqueología y paleontología, ofreciendo pistas directas sobre las preferencias alimentarias y las adaptaciones biológicas de las poblaciones humanas y sus parientes extintos.
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La investigación comprobó que los neandertales poseían variantes genéticas que facilitaban la producción de enzimas necesarias para digerir la quitina, mientras que los Homo sapiens del norte de Eurasia presentaban mutaciones que dificultaban este proceso.
Análisis genético y diferencias dietéticas entre neandertales y sapiens

El equipo, compuesto por especialistas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad Pompeu Fabra (UPF), estudió 745 muestras de sarro dental de Homo sapiens eurasianos de hasta 33.000 años de antigüedad, junto con restos de 18 neandertales, un denisovano y 96 grandes simios, de acuerdo con National Geographic.
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En los restos de sapiens apenas se identificaron fragmentos de ADN de insectos, lo que indica una ingesta accidental, posiblemente al beber agua o consumir hojas contaminadas.
Las muestras abarcaron diferentes regiones de Eurasia, lo que permitió observar variaciones según el entorno geográfico. El estudio empleó técnicas avanzadas de secuenciación genética que mejoran la detección de biomarcadores de origen animal y vegetal.
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La dieta neandertal muestra una diferencia. Aquellos homínidos, presentes en Eurasia antes de la migración de los sapiens, presentaban en sus dientes numerosos vestigios de insectos, sobre todo dípteros como moscas y mosquitos, lo que evidencia una práctica deliberada de la entomofagia.

Según el estudio, los neandertales utilizaban los insectos como fuente de proteínas, especialmente durante períodos de escasez, una estrategia similar a la observada en chimpancés occidentales actuales.
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El consumo de insectos aportaba nutrientes esenciales como lípidos, minerales y aminoácidos, fundamentales en épocas de escasez de animales más grandes. Esta estrategia alimentaria pudo haber incrementado la resiliencia de los neandertales ante condiciones ambientales adversas.
La base genética del rechazo a los insectos
Las diferencias nutricionales se explican por la composición del exoesqueleto de los insectos, hecho de quitina, una sustancia resistente que necesita enzimas especializadas para ser digerida: quitinasa ácida y quitobiasa. El análisis confirmó que neandertales y denisovanos contaban con variantes genéticas que aumentaban la producción de dichas enzimas.
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En la actualidad, este legado genético se refleja en la baja aceptación del consumo de insectos en Europa y Asia, a pesar de campañas recientes que promueven la entomofagia por motivos de sostenibilidad y nutrición.
Los sapiens eurasianos portaron durante generaciones mutaciones que dificultaban este proceso metabólico, reforzando una ineficiencia enzimática incluso tras la aparición de la agricultura hace unos 9.000 años. Esta herencia genética, transmitida desde la prehistoria, explica por qué la entomofagia no logró consolidarse como opción estable en la dieta de muchos grupos humanos.
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El legado evolutivo en la dieta humana
Desde una perspectiva evolutiva, el entorno frío y la variedad alimentaria definieron rutas distintas. Los neandertales aprovecharon una dieta diversa que incluía insectos, obteniendo ventajas nutricionales para sobrevivir los inviernos prolongados de Eurasia. Los Homo sapiens, en cambio, recurrieron a otros recursos y desarrollaron patrones alimenticios diferenciados.

Según expuso National Geographic, este hallazgo suma un elemento al debate sobre la alimentación sostenible.
A pesar de las recomendaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) sobre el consumo de insectos para fortalecer la sostenibilidad, la aversión dominante en Europa y Asia podría ser el resultado de una predisposición genética que antecede a las costumbres modernas.
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