
Más de 3.800 personas murieron en Myanmar tras el terremoto que sacudió el país en marzo de 2025, según datos divulgados en junio por la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Detrás de esta catástrofe, los científicos identificaron un fenómeno sísmico extremadamente raro: una ruptura supersónica a lo largo de la llamada falla de Sagaing que intensificó la destrucción y dejó una huella sin precedentes en la región.
El sismo principal, de magnitud 7,7 en la escala de Richter, devastó amplias zonas del país. El desastre se reflejó en el colapso de edificios y la destrucción de infraestructuras críticas, como hospitales, aeropuertos, carreteras, puentes y sistemas de electricidad y agua.
Ruptura supersónica en la falla de Sagaing
El fenómeno inusual que amplificó la tragedia fue una ruptura supersónica, detectada por un equipo internacional de científicos liderado por la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA). El estudio, publicado en la revista Science, reveló que el terremoto provocó la ruptura de unos 530 kilómetros de la falla de Sagaing, con un segmento de 450 kilómetros que se propagó a una velocidad superior a la de las ondas sísmicas de corte. Este tipo de ruptura, comparado por los expertos con “romper la barrera del sonido, pero en la roca”, genera frentes de choque sísmico capaces de duplicar la intensidad del temblor incluso a cientos de kilómetros del epicentro.

Según escribieron los autores, las rupturas supersónicas ocurren cuando el desplazamiento a lo largo de una falla supera la velocidad de las ondas sísmicas que hacen vibrar el suelo. Esta aceleración concentra la energía y la libera de forma violenta, similar a una explosión sónica, lo que puede producir sacudidas mucho más intensas y daños superiores a los de otros terremotos de igual magnitud. En el caso de Myanmar, la rama sur de la falla de Sagaing alcanzó velocidades sostenidas de hasta 5 kilómetros por segundo, mientras que la rama norte avanzó a menor velocidad.
Los investigadores atribuyeron la velocidad extrema de la ruptura a una combinación de factores geológicos: la geometría recta y uniforme de la falla, la acumulación de tensión desde el último gran terremoto en 1839 y las propiedades contrastantes de las rocas a lo largo de la interfaz. Estas condiciones crearon un entorno propicio para que la ruptura se acelerara y mantuviera velocidades supersónicas durante cientos de kilómetros.
Consecuencias, daños e impacto social
La destrucción generalizada en el centro de Myanmar incluyó derrumbes masivos y licuefacción del suelo, un fenómeno que pudo observarse incluso desde el espacio. Debido a las restricciones impuestas por el conflicto civil, los científicos recurrieron a tecnología satelital, como radar InSAR e imágenes ópticas, para evaluar la magnitud de los daños. El análisis remoto permitió reconstruir la secuencia de la ruptura con un nivel de detalle sin precedentes, pese a la imposibilidad de realizar investigaciones de campo extensivas.

El impacto humano del terremoto se agravó por la situación previa de Myanmar. Antes del sismo, más de un tercio de la población —incluidas 10,4 millones de mujeres y niñas— ya requería asistencia humanitaria urgente, según la ONU. La entidad advirtió que la catástrofe intensificó los desafíos para mujeres y niñas, quienes enfrentan ahora mayores riesgos y necesidades en un contexto de infraestructura devastada y servicios básicos colapsados.
Implicaciones para el futuro y riesgos sísmicos
El estudio sobre la ruptura supersónica en la falla de Sagaing plantea advertencias para el futuro. Los científicos subrayaron la importancia de comprender las condiciones físicas que permiten que una ruptura alcance estas velocidades, ya que este conocimiento puede mejorar la estimación de riesgos sísmicos en otras regiones con fallas similares. El informe destaca la necesidad de reevaluar la peligrosidad sísmica en zonas continentales con geometrías de falla comparables, como partes de Asia y California, donde existen largas fallas lineales y capas de roca contrastantes.
De acuerdo con la investigación, este episodio demuestra que incluso en fallas continentales ampliamente estudiadas pueden surgir comportamientos inesperados y peligrosos, lo que obliga a la comunidad científica y a las autoridades a mantener una vigilancia constante y a actualizar sus evaluaciones de riesgo ante fenómenos sísmicos poco comunes.
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