
Un equipo de la Universidad de California en San Diego, Estados Unidos, comprobó que dos sardinas con el mismo tamaño pueden aportar cantidades muy diferentes de energía a los leones marinos.
Este hallazgo, que fue publicado en la revista Journal of Animal Ecology, desafía las creencias sobre la alimentación en el océano.
También pone en evidencia los riesgos que enfrentan los animales marinos durante olas de calor, cuando sube la temperatura del agua y cambia la calidad de las presas disponibles.

“Nos sorprendió la cantidad de variación dentro de una misma especie”, afirmó Stephanie Nehasil, autora principal.
La científica contó con la colaboración de la profesora Carolyn Kurle, de la Universidad de California en San Diego, junto a expertos del Centro de Ciencias Pesqueras del Suroeste de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) y de la Universidad de California en Santa Cruz.
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El desafío de entender la calidad del alimento

Todo comenzó con una ola de calor marina entre 2014 y 2016 que modificó el equilibrio en el Ecosistema de la Corriente de California.
La escasez de presas llevó a una crisis de inanición en mamíferos y aves marinas. Los científicos observaron leones marinos desnutridos y sus crías debilitadas y buscaron identificar las causas.
El problema principal que los científicos intentaron abordar fue la diferencia entre la cantidad y la calidad del alimento disponible para los depredadores marinos.
Hasta entonces, la mayoría de los modelos ecológicos suponían que dos presas de la misma especie y tamaño tenían el mismo valor energético.

El objetivo del estudio fue entonces precisar si esta suposición resultaba válida. Querían saber si el aporte energético podía variar aunque el pez o el calamar se vieran idénticos.
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Su punto de partida incluyó especies claves en la dieta de los leones marinos, como la anchoa del norte, la sardina del Pacífico y el calamar del mercado. Los resultados cambiarían la visión sobre el equilibrio en las cadenas alimentarias marinas.
Cómo se midió el valor nutricional de las presas

Para obtener respuestas, la investigadora Stephanie Nehasil recolectó ejemplares de múltiples fuentes, como el Departamento de Pesca y Vida Silvestre de California. Colaboraron con el Ocean Discovery Institute, donde estudiantes ayudaron en la medición de los peces.
Usaron un instrumento llamado calorímetro de bomba, que mide la energía de una muestra mediante el cambio de temperatura que produce al quemarse.
El equipo analizó valores energéticos de las presas en distintas regiones, estaciones del año, tamaños y etapas de madurez.

Encontraron que la densidad energética podía cambiar mucho en función del ambiente, la época y la biología individual de cada ejemplar.
Los investigadores comprobaron que peces del mismo tamaño presentaban diferencias marcadas en el aporte de calorías. Parte de esta variación dependía de la productividad del océano o de la época de reproducción. “Se podría tener dos peces exactamente iguales a simple vista, pero dentro tendrían cantidades muy distintas de calorías”, consignó el reporte.
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Otra conclusión central fue que cuando las presas disponibles aportaban menos energía, los leones marinos necesitaban comer casi el doble para sobrevivir.
Esa diferencia aumentó durante la ola de calor, cuando la calidad de los peces descendió. “En algunos casos, los depredadores necesitarían consumir decenas de miles de esos pequeños peces para sobrevivir, y eso simplemente no es posible”, aclaró Nehasil.

El trabajo permitió ajustar modelos bioenergéticos usados para predecir el estado de poblaciones marinas y entender cómo afectan los cambios ambientales a los animales.
“La información ayudará a comprender mejor la complejidad de estos ecosistemas, sobre todo para quienes dependen de su equilibrio”, dijo otra de las investigadoras que hizo el estudio, la doctora Carolyn Kurle.
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Qué aconsejaron tras los hallazgos

El equipo recomendó que los investigadores incluyan la variabilidad en la calidad del alimento marino dentro de los modelos ecológicos y las estimaciones sobre necesidades energéticas de los depredadores.
Esta corrección mejora las decisiones de manejo y conservación frente al cambio climático. Entre las limitaciones, mencionaron la necesidad de ampliar la variedad temporal y geográfica de las muestras. También señalaron que no todos los laboratorios cuentan con equipamiento para medir a fondo la energía de las presas.
Añadieron que esta nueva perspectiva resulta importante para pesquerías y políticas de manejo. “Siempre que se pueda aportar un poco más de comprensión sobre la complejidad del ecosistema, es valioso e importante”, concluyó Kurle.
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