
El hábito de reservar placeres para ocasiones consideradas especiales suele pasar inadvertido, pero puede limitar el acceso a experiencias significativas y disminuir la satisfacción diaria. De acuerdo con un estudio citado por The Washington Post, posponer la felicidad a la espera del “momento perfecto” constituye una trampa frecuente.
Tradicionalmente asociada a las tareas tediosas, la procrastinación también afecta actividades placenteras: muchas personas aplazan momentos agradables convencidas de que solo deben disfrutarlos en circunstancias excepcionales. Este patrón puede llevar a perder oportunidades de gozar el presente.
La investigación, publicada recientemente en la revista PNAS Nexus y liderada por Ed O’Brien, profesor asociado de ciencias del comportamiento en la Universidad de Chicago Booth School of Business, exploró cómo la búsqueda de situaciones “memorables” puede convertirse en un obstáculo para el disfrute cotidiano.
O’Brien y su equipo analizaron entre 500 y 1.000 participantes en diferentes experimentos, muchos realizados en Estados Unidos durante la pandemia de coronavirus, que sirvió como un “experimento natural” para observar la tendencia a posponer el placer.

Efectos de posponer el disfrute
El fenómeno se observa en escenas habituales, como reencontrar a un amigo, visitar un sitio cercano o abrir una botella de vino especial. El estudio concluyó que aplazar actividades placenteras tiende a volverse un ciclo: cuanto más tiempo se posterga, mayor es la probabilidad de seguir demorándolo.
Tras el levantamiento de las restricciones por la pandemia, muchas personas no regresaron de inmediato a restaurantes o reuniones sociales, aunque ya se sintieran seguras. El especialista O’Brien explicó en The Washington Post: “No querían que su primera vez de vuelta fuera un martes cualquiera sin un buen motivo para celebrar”.
Este comportamiento se replicó en pruebas de laboratorio. En una de ellas, 200 participantes debían elegir entre enviar un mensaje a un amigo cercano o realizar una tarea monótona. Quienes llevaban más tiempo sin hablar con su amigo tendieron a postergar el contacto, eligiendo la alternativa aburrida.
Al finalizar la observación, quienes evitaron el reencuentro reportaron niveles más bajos de felicidad, probablemente por haber dejado pasar una oportunidad de disfrute.

El “drama psicológico” tras la procrastinación del placer
El equipo de O’Brien atribuyó este comportamiento a un “drama psicológico” o “trampa cognitiva”. Las personas no posponen el placer por dificultad ni coste económico, sino porque desean que el momento sea lo más especial posible. “El ‘ahora’ siempre parece insuficientemente especial comparado con cualquier momento futuro mejor”, explicó.
Este fenómeno, conocido y estudiado en psicología como “occasion-matching”, conduce a reservar experiencias agradables para circunstancias percibidas como ideales, que a menudo nunca llegan. De este modo, una botella de vino de alta calidad puede quedar sin abrir durante años.
También existe la creencia de que en el futuro se tendrá más tiempo o energía para disfrutar, lo que favorece el aplazamiento de actividades agradables. Análisis anteriores señalaron que las personas que viven cerca de lugares emblemáticos suelen posponer su visita, convencidas de que siempre habrá una mejor oportunidad.

Diversidad de causas y consecuencias
Akira Miyake, profesor de psicología y neurociencia en la Universidad de Colorado en Boulder, quien no participó en la investigación, advirtió a The Washington Post que la procrastinación del disfrute es compleja y sus motivos varían según cada individuo.
Según Miyake, retomar una actividad tras una larga pausa puede exigir un esfuerzo adicional de readaptación, lo que resulta poco atractivo. Además, buscar momentos especiales puede estar relacionado con el perfeccionismo, rasgo ligado a la procrastinación. Recordó también que la vida cotidiana implica múltiples objetivos y otras prioridades que suelen desplazar tiempos de ocio.
Las consecuencias son inmediatas, y quienes posponen actividades placenteras reportan menor felicidad, ya que reemplazan el goce por rutinas o tareas menos satisfactorias.

Estrategias para disfrutar más del presente
Para contrarrestar esta tendencia, los expertos proponen algunas estrategias. O’Brien sugiere estar atentos a la “trampa” de esperar el momento perfecto e intentar reconocer cuándo se cae en ella. Mientras que Miyake recomendó reducir las barreras para realizar actividades agradables, mediante recordatorios o programando el tiempo de ocio en la agenda, en lugar de depender solo de la fuerza de voluntad.
Otra táctica eficaz consiste en replantear qué se considera una ocasión especial. Los experimentos del grupo de O’Brien demostraron que intentar minimizar el tiempo transcurrido no resultó efectivo; fue más útil cambiar la perspectiva sobre lo que hace especial a un momento, permitiendo que cualquier día ordinario se convierta en una oportunidad para el disfrute.
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