
Llevar adelante estilo de vida saludable tiene un impacto positivo en la salud de las personas. Incluye hábitos como la práctica habitual de ejercicio, una alimentación balanceada, el disfrute del tiempo libre, y las actividades de socialización.
Un nuevo estudio científico aportó pruebas sobre cuál pueden ser los beneficios del estilo de vida saludable: puede contrarrestar en más de un 60% los efectos de los genes que acortan la vida.
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Así lo sugiere el análisis de los resultados de varios estudios a largo plazo de gran envergadura que realizaron investigadores de China. Lo hicieron a partir de los datos de 353.742 adultos de ascendencia europea, que fueron reclutados en el Reino Unido entre 2006 y 2010 y fueron objeto de seguimiento hasta 2021. El trabajo fue publicado en la revista BMJ Evidence Based Medicine.
Mientras que los genes y el estilo de vida parecen tener un efecto aditivo en la esperanza de vida de una persona, un estilo de vida poco saludable se relaciona de forma independiente con un 78% más de riesgo de morir antes de tiempo, independientemente de la predisposición genética, indicó la investigación.
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La puntuación de riesgo combina múltiples variantes genéticas para llegar a la predisposición genética global de una persona a una mayor o menor longevidad. Y el estilo de vida -consumo de tabaco y alcohol, calidad de la dieta, cuota de sueño y niveles de actividad física- es un factor clave.
Pero no estaba claro hasta qué punto un estilo de vida saludable puede contrarrestar la predisposición genética a una vida más corta, aclararon los investigadores.
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Para profundizar en esta cuestión, recurrieron a las personas reclutadas en el Biobanco del Reino Unido entre 2006 y 2010. Su estado de salud se siguió hasta el año 2021.
Utilizando datos del estudio de cohortes LifeGen, se obtuvo una puntuación de riesgo poligénico para los riesgos de vida larga (20% de los participantes), intermedia (60%) y corta (20%).
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Y una puntuación ponderada de estilo de vida saludable, que incluía no fumar actualmente, consumo moderado de alcohol, actividad física regular, forma corporal saludable, sueño adecuado y dieta sana, se clasificó en estilos de vida favorables (23% de los participantes), intermedios (56%) y desfavorables (22%), utilizando datos del estudio NHANES de los Estados Unidos. Durante el período medio de seguimiento de casi 13 años, fallecieron 24.239 participantes.
Detallaron los hallazgos:
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- Las personas genéticamente predispuestas a una vida corta tenían un 21% más de probabilidades de morir prematuramente que las genéticamente predispuestas a una vida larga, independientemente de su estilo de vida.
- Las personas que tenían un estilo de vida desfavorable tenían un 78% más de probabilidades de morir antes de tiempo que los que tenían un estilo de vida favorable, independientemente de su predisposición genética.
- Las personas con un alto riesgo genético de vida corta y un estilo de vida desfavorable tenían el doble de probabilidades de morir que las genéticamente predispuestas a una vida larga y con un estilo de vida favorable.

Cuatro factores en particular parecían conformar la combinación óptima de estilo de vida: no fumar; actividad física regular; sueño nocturno adecuado; y una alimentación sana.
Se trata de un estudio observacional y, como tal, no se puede llegar a conclusiones definitivas sobre causa y efecto, a lo que se añaden las diversas limitaciones que los investigadores reconocen a sus hallazgos.
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Por ejemplo, el estilo de vida se evaluó en un solo momento, y las elecciones de estilo de vida difieren según la edad. Además, todos los participantes eran de ascendencia europea, lo que puede limitar la generalización de los resultados, reconocieron los investigadores.

No obstante, sugieren que sus resultados indican que el riesgo genético de una vida más corta o una muerte prematura podría compensarse con un estilo de vida favorable en torno al 62%.
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Las personas con alto riesgo genético de vida corta podrían prolongar su esperanza de vida en casi 5,5 años a los 40 con un estilo de vida saludable. Como los hábitos de vida tienden a consolidarse antes de la mediana edad, es necesario tomar medidas para mitigar la predisposición genética a una vida corta antes de esa edad.
“Este estudio dilucida el papel fundamental de un estilo de vida saludable para mitigar el impacto de los factores genéticos en la reducción de la esperanza de vida -concluyeron-. Las políticas de salud pública para mejorar los estilos de vida saludables servirían como potentes complementos a la asistencia sanitaria convencional y mitigarían la influencia de los factores genéticos en la esperanza de vida humana”.
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