
El primer ingeniero aeroespacial que se recibió en la Argentina es David Williams Rogers, egresado de la Universidad Nacional de La Plata. Tiene curiosidad por las cuestiones espaciales desde niño, y siente que la carrera que terminó le da amplias posibilidades laborales como las telecomunicaciones o las observaciones para usar en las actividades agropecuarias, entre muchas otras.
Williams Rogers participa en el desarrollo de una innovación en la Argentina: diseña con un equipo de profesores y estudiantes un innovador satélite tipo Cubesat que se pondrá en órbita el próximo año.
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“Participo en el proyecto del desarrollo de un satélite que es mucho más chico de lo que estamos acostumbrados a ver y mucho más barato. Pesa 5 kilos aproximadamente”, contó a Infobae Williams Rogers, de 24 años. Vive en Gonnet, junto a su familia que era oriunda de Trelew, provincia de Chubut. “Participé en el diseño de la estructura, la simulación y el ensayo inicial del nanosatélite junto con Facundo Pasquevich, graduado de ingeniería mecánica. Ahora estamos trabajando en un ensayo que simula las condiciones de lanzamiento”, comentó.

Williams Rogers había ingresado a la universidad para estudiar ingeniería industrial. “Pero me tocó cursar materias de ingeniería aeronáutica como ‘mecánica de los fluidos’ o ‘mecánica de los mecanismos’ que me gustaron muchísimo y me pasé a aeronáutica; al poco tiempo se abrió ingeniería aeroespacial y como a mí me gustaba más lo satelital que los aviones me cambié de nuevo”, recordó. “Me gustó la carrera porque da herramientas tanto para el diseño mecánico y aerodinámico de vehículos espaciales como vehículos terrestres. Es muy completa”, resaltó.
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Como estudiante, Williams Roger hizo un trabajo final sobre el diseño y simulación de la estructura del satélite Cubesat sobre el que está trabajando como becario bajo la supervisión de Sonia Botta, en el Centro Tecnológico Aeroespacial que depende de su universidad.

“Los alumnos de ingeniería aeroespacial tienen la posibilidad de participar en proyectos innovadores. Williams Rogers participa como becario en el proyecto del desarrollo del nanosatélite que estamos haciendo en nuestra universidad. También hay otros grupos de estudiantes que colaboran en el desarrollo de los componentes y otros trabajan en la potencia. Cada grupo está bajo la dirección de profesionales de la facultad”, contó a Infobae el decano de la Facultad de Ingeniería de la UNLP y presidente de VENG, Marcos Actis.
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Los nanosatélites o satélites Cubesats son las nuevas estrellas espaciales que permiten a cualquier persona, institución educativa o empresa pueda tener su lugar fuera de la Tierra.
En realidad, el proyecto “Satélite Universitario” busca desarrollar 5 pequeños satélites de la categoría denominada “CubeSat”. El objetivo de esta iniciativa es la realización del diseño, construcción, ensayos e integración de satélites pequeños o SmallSats en las instalaciones de la universidad.
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“El proyecto también busca la formación de recursos humanos en relación a las tecnologías espaciales que existen hoy y que vendrán en el futuro”, explicó a Infobae la coordinadora del programa, Sonia Botta, quien es también egresada de la carrera de Ingeniería Aeronáutica de la UNLP y magíster en sistemas satelitales en una universidad del Reino Unido y tiene 28 años. Fue ingeniera en el desarrollo del satélite SAOCOM B de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales.
“El proyecto nace en 2018 pero se postergó porque me fui un año al exterior a profundizar mis estudios con una maestría. Cuando regreso volvemos a poner en marcha la idea de construir Cubesats y es así que en 2020 la universidad lanzó una convocatoria a distintas empresas e instituciones, como el Servicio Meteorológico Nacional o el mismo Arsat para escuchar propuestas sobre los objetivos científicos tecnológicos para hacer el satélite.
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Para fin de agosto de ese año se recibieron 24 propuestas de 19 instituciones diferentes -tanto de la UNLP como externas-. De ellas, se determinaron las cinco misiones preseleccionadas, que en rigor integran propuestas de 10 grupos distintos. “Cuando el satélite esté en órbita, servirá para analizar tanto la atmósfera como la superficie terrestre”, comentó Botta.

Los CubeSat, pesarán un máximo de 20 kg miden 10 cm x 10 cm x 10 cm. La UNLP, a través del Centro Tecnológico Aeroespacial (CTA), realizó el análisis de viabilidad del proyecto, utilizando las misiones propuestas por otros centros y grupos de investigación. Basados en este análisis, los ingenieros preseleccionaron las misiones viables, para las cuales se tiene un diseño conceptual que sirve como base para realizar estimaciones de los costos.
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“Los 5 satélites constituyen 5 misiones espaciales diferentes y cada una plantea un desafío importante para su diseño y construcción. El primer satélite utilizará Tecnológica de GNSS-RO y GNSS-R. La radio-ocultación GNSS (GNSS-RO) es una de las técnicas más utilizadas en estudios atmosféricos, tanto en la región neutra como en la ionósfera. Por otro lado, existe una técnica más reciente denominada reflectometría GNSS (GNSS-R), que se puede emplear para estudiar la superficie terrestre, lo que nos permite medir la humedad del suelo y la cobertura de vegetación. Es que la utilización de esta tecnología para obtener este tipo de información aún no se ha demostrado, lo que reafirma uno de los objetivos secundarios de esta misión”, aseguró Botta.
La experta recordó que la construcción del primer satélite en el ámbito académico fue realizado por la Universidad Nacional del Comahue, donde se construyó durante 5 años el satélite Pehuensat-1 para objetivos educativos. Fue lanzado el 10 de enero de 2007 a bordo de un cohete indio desde el Centro Espacial Satish Dhawan.
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Los otros satélites de la UNLP tendrán como objetivo, además de la observación terrestre, estudiar el clima espacial, perfeccionar las comunicaciones y realizar observaciones astronómicas. “Los satélites están pensados para que cada uno se base en la tecnología del anterior. Esto permite reducir costos, horas de investigación y riesgos por la tecnología probada. Sabemos que se pueden hacer estos satélites a bajo costo y a la vez obtener grandes resultados con una mínima inversión. Resultados en observación terrestre para análisis de suelos, hidrología, movimiento de tierras, urbanismo, monitoreo meteorológico y mucho más”, aseguró la experta.
La construcción del nanosatélite demandará una inversión de unos 50 mil dólares. El satélite tendrá una estructura de aluminio con un sistema de navegación en su interior que será construido en los talleres de la Facultad. Las baterías de litio, los paneles solares y las mantas doradas serán desarrolladas en el laboratorio del Centro Tecnológico Aeroespacial. Las cargas útiles adicionales, que aún están en proceso de evaluación para definir su compatibilidad con la carga útil principal, serán: un star tracker desarrollado por el laboratorio CIOp (UNLP/CIC/CONICET), un retrorreflector para láser ranging aportado por el AGGO (CONICET), y un instrumento para la detección de tormentas geomagnéticas, propuesto por un grupo de estudiantes de las carreras de Ingeniería Aeronáutica y en Computación
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“Uno de los principales objetivos del proyecto Satélite Universitario es demostrar que la ciencia está al alcance de todos -enfatizó Actis-. Estas cosas se pueden hacer. Tenemos capacidad técnica y humana, que es lo principal; necesitamos gestionar y organizar para llevarlo adelante apostando siempre al desarrollo de la soberanía espacial”.
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