
A partir de la pandemia, algunas científicas y científicos se pusieron a entender cómo se desarrolla la enfermedad. Otros se dedicaron a la inmunización y ya hay 9 vacunas autorizadas masivamente en el mundo. Hubo también quienes se concentraron en el desarrollo de tratamientos específicos para los pacientes con la infección. Un grupo de expertos que colaboran con la Organización Mundial de la Salud revisó las evidencias y publicó hoy un estudio con nuevas recomendaciones para el uso de un fármaco que ya se usaba para la artritis reumatoidea y para un anticuerpo monoclonal como tratamientos para el COVID-19.
El trabajo se publica en la revista especializada The BMJ de la Asociación Médica Británica. En la revisión participaron investigadores de Chile, Colombia, Ecuador, Brasil, Estados Unidos, China, y Reino Unido, entre otros. Forman el Grupo de Desarrollo de Directrices de la OMS que revisa cuáles son los resultados de la investigación sobre los diferentes tratamientos sobre la eficacia y la seguridad para tratar COVID-19 y emite sus recomendaciones.
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Por un lado, los expertos evaluaron las pruebas sobre el fármaco baricitinib, que es un tipo de medicamento inhibidor de la quinasa Janus (Janus kinase, JAK) desarrollado por el laboratorio Eli Lilly de los Estados Unidos. Su acción consiste en reducir la actividad del sistema inmune. Antes de la pandemia, estaba autorizado para tratar pacientes con artritis reumatoidea recientemente. El grupo de expertos recomendó encarecidamente el uso de baricitinib para los pacientes con COVID-19 grave o crítico en combinación con corticosteroides.
Según sostienen en el trabajo, la recomendación firme se basa en pruebas de certeza moderada de que el baricitinib mejora la supervivencia de los pacientes y reduce la necesidad de ventilación, sin que se observe un aumento de los efectos adversos.
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También señalaron que el fármaco baricitinib tiene efectos similares a los de otros fármacos para la artritis, que son llamados inhibidores de la interleucina 6 (IL-6). Cuando ambos medicamentos estén disponibles, sugirieron que se elija uno en función del costo, la disponibilidad y la experiencia del médico. “No se recomienda utilizar ambos fármacos al mismo tiempo”, remarcaron.
Ya existen en el mercados otros medicamento que son inhibidores de la quinasa Janus. Pero grupo de expertos los desaconsejó para usar en pacientes graves o críticos con COVID-19. Se trata del ruxolitinib y tofacitinib. Argumentaron que las pruebas de baja certeza obtenidas en ensayos pequeños no demostraron beneficios y sugieren un posible aumento de los efectos secundarios graves con el tofacitinib si se usa en casos de COVID-19.
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En la misma actualización de las directrices, los expertos de la OMS también hicieron una recomendación condicional para el uso del anticuerpo monoclonal, llamado sotrovimab, en pacientes con COVID-19 no grave. Lo recomendó indicar sólo en aquellos pacientes con mayor riesgo de hospitalización.
Antes, los expertos habían hecho una recomendación similar para los anticuerpos monoclonales casirivimab y imdevimab. En esta oportunidad, los expertos señalaron que no hay datos suficientes aún para recomendar un tratamiento con anticuerpos monoclonales en lugar de otro, y reconocen que su eficacia contra nuevas variantes como la variante Ómicron es aún incierta. Por esto, afirman que las directrices sobre los anticuerpos monoclonales se actualizarán cuando se disponga de más datos.
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El 17 de diciembre pasado, las empresas Vir y GSK que desarrollaron el sotrovimab habían informado a través de un comunicado que el sotrovimab protege contra la infección con Ómicron: “Teniendo en cuenta los recientes datos preclínicos de nuestros propios laboratorios, así como los de otros laboratorios independientes, que demuestran que el sotrovimab mantiene su actividad contra la variante Ómicron, que se está extendiendo rápidamente, y contra todas las demás variantes actualmente probadas que son motivo de preocupación e interés, seguimos confiando en el papel fundamental del sotrovimab y esperamos seguir contribuyendo a la lucha contra esta pandemia”, dijo el doctor George Scangos, de la empresa Vir.
Para hacer las recomendaciones, se basaron en las evidencias a partir de siete ensayos en los que participaron más de 4.000 pacientes con infección no grave, grave y crítica por COVID-19. Forman parte de una directriz viva, elaborada por la Organización Mundial de la Salud con el apoyo metodológico de la Fundación del Ecosistema de Evidencia MAGIC. Las directrices se fueron modificando a partir de los resultados de los diferentes estudios clínicos. Se evalúan los beneficios y daños relativos, los valores y las preferencias, y las cuestiones de viabilidad.
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Las orientaciones que difundieron hoy se suman a las anteriores en las que los expertos recomendaron el uso de bloqueadores de los receptores de la interleucina 6 y de corticosteroides sistémicos para pacientes con COVID-19 grave o crítico. Hicieron recomendaciones condicionales sobre el uso de los anticuerpos monoclonales casirivimab y imdevimab en pacientes seleccionados. También rechazaron en las anteriores recomendaciones el uso de plasma convaleciente, ivermectina e hidroxicloroquina en pacientes con COVID-19, independientemente de la gravedad de la enfermedad.
Consultado por Infobae, Ventura Simonovich, vicepresidente de la Asociación Argentina de Farmacología Experimental y jefe de farmacología clínica del Hospital Italiano de Buenos Aires, comentó el estudio publicado en la revista The BMJ con las recomendaciones sobre los medicamentos baricitinib y sotrovimab. “La utilidad de estos medicamentos radica en la disminución de la mortalidad en el grupo de pacientes internados, los cuales a nivel global lo componen primariamente personas que aún no están vacunadas contra el COVID-19″.
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Los medicamentos que evaluaron los expertos de OMS “podrían usarse en países como la Argentina. Por lo menos, el baricitinib inicialmente. En el caso del medicamento sotrovimab quizás su utilidad primaria sea en personas con COVID-19 que tienen alto riesgo y que no estaban vacunadas”, señaló Simonovich.
“En el caso del sotrovimab para pacientes ambulatorios de alto riesgo, el grupo de expertos deja la indicación para un grupo que cada vez es menor gracias al avance de la campaña de vacunación en el mundo”, afirmó Simonovich. Esto se debe a que las vacunas contra el COVID-19 dan una alta protección para reducir el riesgo de complicaciones si las personas se contagian el coronavirus. “Para sotrovimab quizá sea necesario un análisis de costo-efectividad para pacientes vacunados ya que en esa población posiblemente el beneficio disminuya comparado con los no vacunados”, agregó.
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