
Los síntomas comienzan gradualmente. A veces, comienza con un temblor apenas perceptible en una sola mano. Los temblores son habituales, aunque la enfermedad también suele causar rigidez o disminución del movimiento. En las etapas iniciales de la enfermedad de Parkinson, el rostro puede tener una expresión leve o nula. Es posible que los brazos no se balanceen al caminar. Desde hace décadas se busca aclarar cuáles son las causas, y ahora un estudio sugiere que puede haber una relación entre haber tenido una infección por el virus de la gripe y un mayor riesgo de padecer la enfermedad de Parkinson.
En el pasado, ya se habían difundido otras investigaciones en la que se informó sobre un fuerte aumento de los casos de Parkinson tras la pandemia de gripe de 1918. Algunos casos de Parkinson se han relacionado con la exposición ambiental a plaguicidas y otras sustancias químicas tóxicas, y la predisposición genética también puede desempeñar un papel. Pero la comprensión profunda de las causas aún no está clara.
El nuevo estudio fue publicado en la revista JAMA Neurology. Los científicos usaron las bases de datos de atención médica de Dinamarca. Se incluyó a 10.231 hombres y mujeres que habían sido diagnosticados con Parkinson entre 2000 y 2016. Los investigadores los compararon con 51.196 controles con similare edad y sexo. Los investigadores hicieron un seguimiento de las infecciones de gripe a partir de 1977 utilizando los registros de altas hospitalarias y ambulatorias.

Los investigadores descubrieron que, en comparación con las personas que no habían tenido una infección de gripe, los que la habían padecido tenían un 70 por ciento más de riesgo de padecer Parkinson 10 años después, y un 90 por ciento más de riesgo 15 años después.
“Puede que la asociación no sea exclusiva de la gripe, pero es la infección que ha recibido más atención”, señaló la autora principal, Noelle Cocoros, científica investigadora del Instituto de Cuidado de la Salud Pilgrim en Harvard. “También observamos otras infecciones, y hay varias específicas -como hepatitis C y otras- que pueden estar asociadas con el Parkinson. Pero no teníamos números lo suficientemente grandes para analizarlos”.
Algunos investigadores han especulado que las infecciones pueden contribuir al Parkinson al causar inflamación del sistema nervioso central. Varios estudios, por ejemplo, han encontrado que la apendicitis puede aumentar el riesgo de Parkinson, aunque otras investigaciones no han encontrado esta relación.
Según la doctora Cocoros, los resultados de su último estudio no deben interpretarse de manera tajante. Porque no son una evidencia de una relación causal entre la infección de la gripe y el Parkinson. “Nuestro estudio se suma a una literatura más amplia, y no debemos exagerar los resultados”, reconoció.
“El tamaño de este estudio y la magnitud de la asociación que encontraron es intrigante”, sostuvo Kelly Mills, investigador en Parkinson de la Universidad Johns Hopkins. “Es un estudio bien hecho que plantea algunos puntos importantes para seguir investigando”. Pero advirtió que el trabajo -en el que no participó- tiene las mismas limitaciones que cualquier otro estudio de cohorte retrospectivo, incluyendo la posibilidad de que los investigadores no hayan tenido en cuenta ciertas variables, como las características del estilo de vida o las condiciones socioeconómicas, que podrían contribuir al desarrollo de la enfermedad del Parkinson.
Otra limitación del estudio es que los investigadores no contaban con diagnósticos de gripe confirmados por el laboratorio. Por lo que pueden haber incluido casos que no eran realmente de gripe. Y la gripe difiere de un año a otro, por lo que diferentes cepas podrían tener diferentes efectos en el riesgo de Parkinson.

A pesar de las limitaciones, el estudio podría estar indicando que la vacunación contra la gripe -que se puede recibir anualmente- podría ser una herramienta de prevención también para la enfermedad de Parkinson. “Hay muchas otras buenas razones para vacunarse contra la gripe. Pero si hay una asociación con el Parkinson, entonces la vacunación disminuiría el riesgo. Aun así, es bastante evidente que el Parkinson puede ser causado por muchas cosas. La infección puede ser una de las muchas causas”, explicó la doctora Cocoros.
La vacuna antigripal debe aplicarse en otoño, antes de los primeros fríos según el Ministerio de Salud de Argentina. Se encuentra prioritariamente indicada para grupos de riesgo tales como adultos mayores de 65 años, personas con enfermedades crónicas (diabéticos, cardíacos y pulmonares) y con alteraciones de la inmunidad, niños o adolescentes que mantienen una terapia prolongada con ácido acetilsalicílico (aspirina) y trabajadores de la salud asistencial (médicos, enfermeros y aquellos que tienen contacto con pacientes de alto riesgo). De todas maneras, puede aplicarse desde los seis meses de vida, sin límite máximo de edad.
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