La historia de Oliver, el supuesto eslabón perdido entre el hombre y el mono, y otros intentos por recrear el “humanzee”

Muchos científicos han buscado sin éxito reproducir un híbrido entre ambas especies. Durante los años 60, un entrenador de animales pareció encontrarlo en Estados Unidos

Óliver fue un chimpancé excepcional del que se creyó por mucho tiempo que era el "Humanzee", un híbrido entre hombre y mono. Fotos: wikipedia
Óliver fue un chimpancé excepcional del que se creyó por mucho tiempo que era el "Humanzee", un híbrido entre hombre y mono. Fotos: wikipedia

Desde los tiempos en que Charles Darwin postuló que el ser humano era descendiente del mono, la ciencia ha buscado el llamado “eslabón perdido”, un híbrido que no llega a ser humano pero está un paso más allá de nuestros parientes más cercanos, los chimpancés. Varios científicos a lo largo de la historia se han obsesionado con esta idea, tratando de crear sin éxito una criatura de estas características, hasta que apareció Oliver.

Oliver fue un chimpancé que se hizo famoso entre las décadas del 60 y 70 por su peculiar aspecto y comportamiento. Tenía un pelaje distinto al del resto de machos de su especie, siendo mucho menos peludo, hasta ‘calvo’ en su cabeza y rostro, además de tener la tendencia de caminar erguido de forma regular, a diferencia de otros chimpancés que apoyan su peso en los nudillos delanteros.

En esos años, Oliver fue presentado como el “eslabón perdido” y se popularizó la creencia de que su conteo de cromosomas estaba justo en la mitad entre los 46 cromosomas de los humanos, y los 48 de los chimpancés, una especie con la que además compartimos el 96% de nuestro ADN.

Oliver tenía la capacidad de caminar erguido, algo que lo diferenciaba de otros chimpancés.
Oliver tenía la capacidad de caminar erguido, algo que lo diferenciaba de otros chimpancés.

Oliver nació en la República Democrática del Congo, alrededor de 1958, en algún punto de sus extensas selvas. Cuando apenas tenía unos pocos meses de edad el hermano de Frank Berger, un guía estadounidense de la zona, lo encontró y lo mandó a los Estados Unidos con Frank y su esposa Janet, pues ellos mantenían en New Jersey un centro de entrenamiento para simios actores de espectáculos y películas.

Desde que era muy pequeño Oliver siempre fue distinto. Además de los atributos ya descritos, tenía las orejas puntiagudas, una frente más amplia que los demás chimpancés y los rasgos de su rostro eran, o así lo creían sus cuidadores, particularmente humanos.

Tanto llamó la atención de los Berger, que la pareja lo apartó del resto de simios que tenían en su centro y lo incluyó en la vida de la casa.

De acuerdo a una entrevista de Janet para un documental de Discovery Channel de 2006, después de cuatro o cinco meses de estar con ellos, Oliver ya caminaba de forma completamente erguida, y no volvió a usar sus nudillos para apoyarse, como los demás chimpancés.

Rápidamente, aprendió a realizar distintas tareas humanas, como transportar carretillas, fumar cigarrillos, ver televisión o beber refrescos de latas que habría hecho él mismo.

El simio vivió desde muy temprana edad en contacto estrecho con los humanos, adoptando comportamientos propios de las personas.
El simio vivió desde muy temprana edad en contacto estrecho con los humanos, adoptando comportamientos propios de las personas.

Oliver era distinto, de eso estaban convencidos Frank y Janet, tan distinto que incluso no sentía atracción sexual por otras chimpancés, sino por mujeres humanas. Más concretamente, por su cuidadora Janet.

A sus 16 años, Oliver empezó a tener comportamientos violentos contra sus dueños, y a tratar de forzar a Janet a aparearse. Estaba tan crecido y había adoptado tantas manías humanas que se había vuelto incontrolable para la pareja, por lo que finalmente decidieron venderlo.

El salto a la fama

Después de salir de la casa de los Berger, Oliver empezó un calvario en el que pasó de dueño en dueño, volviéndose una atracción itinerante de varios parques de animales.

Uno de esos dueños fue Ralph Helfer, un empresario de Chicago que durante los 70 se hizo conocido por abrir varios parques con animales. Tenía zoológicos, delfinarios y espectáculos ambulantes en donde había muchos animales exóticos y en los que Oliver, el “humanzee”, era la máxima atracción.

Oliver era una atracción exótica del mundo animal, pues se decía que tenía 47 cromosomas, uno más que el hombre, uno menos que los chimpancés.
Oliver era una atracción exótica del mundo animal, pues se decía que tenía 47 cromosomas, uno más que el hombre, uno menos que los chimpancés.

Humanzee” es el nombre con el que se hizo conocido Oliver, pero no es un término que nació con él. Se refiere a una criatura hipotética que estaría en un punto medio entre el chimpancé y el humano, algo que definía casi a la perfección la apariencia de Oliver.

Durante esos años este chimpancé con rasgos distintos pasó por importantes programas de televisión como el Ed Sullivan Show, por revistas y periódicos y la teoría de que realmente era un híbrido humano-simio comenzó a tomar fuerza.

Gracias a esto, Oliver se volvió una celebridad y su popularidad fue creciendo exponencialmente hasta que a mediados de los años 80 desapareció del mapa. Ralph Helfer, su propietario y artífice de su fama, cayó en desgracia tras una investigación de la Agencia Norteamericana de Agricultura por numerosas denuncias en su contra debido a las precarias condiciones en que mantenía a los animales de sus parques.

Durante las décadas del 70 y 80 Óliver se convirtió en una atracción taquillera de parques de animales exóticos, y protagonizó numerosos artículos de prensa.
Durante las décadas del 70 y 80 Óliver se convirtió en una atracción taquillera de parques de animales exóticos, y protagonizó numerosos artículos de prensa.

Animal de pruebas

Helfer decidió cerrar sus parques itinerantes y deshacerse de los animales, por lo que Oliver terminó en las instalaciones de Buckshire Corporation, un laboratorio de experimentaciones con animales, especialmente simios, que usaba para probar medicamentos y productos cosméticos.

En ese lugar estuvo nueve años, de 1989 a 1998, tiempo en el que Oliver fue confinado en una pequeña jaula en la que no podía ni siquiera estar totalmente erguido, como era su costumbre, y que le terminó produciendo artritis y varias lesiones más por atrofia muscular. Aunque gracias a sus rasgos tan particulares y tan humanos, logró salvarse de que experimentaran fuertemente con él.

Durante este tiempo también se le hicieron las primeras pruebas reales de ADN. En 1996 una prueba determinó que Oliver tenía 48 cromosomas, los mismos que cualquier otro chimpancé, por lo que el apodo de “humanzee” o de “híbrido” terminó siendo más una apuesta publicitaria.

En 1998 un estudio publicado en el American Journal of Physical Anthropology concluyó que el ADN mitocondrial del chimpancé coincidía con el de la mayoría de los chimpancés centrales, pero en concreto con una estirpe de población muy escasa originaria de Gabón (África) que no es muy común entre los chimpancés en cautiverio que hay en Estados Unidos, lo cual explica, según este estudio, por qué los otros animales de su especie lo rechazaban por su olor y apariencia.

Durante nueve años vivió confinado en una pequeña jaula en un centro de investigaciones con animales.
Durante nueve años vivió confinado en una pequeña jaula en un centro de investigaciones con animales.

Sin embargo, una duda permaneció, y era si su habilidad para caminar erguido se debía a alguna mutación o simplemente lo había aprendido como parte del entrenamiento mientras vivió con los Berger. Esto nunca se pudo determinar a ciencia cierta ya que el ADN del simio no fue secuenciado completamente, pues su último cuidador no permitió que se le hicieran más pruebas.

Los últimos días de Oliver los pasó en el santuario para primates Primarily Primates cerca a San Antonio, Texas, un lugar creado por Wallace Swett quien también terminó en líos judiciales por denuncias de maltrato animal.

Oliver finalmente falleció mientras dormía en su jaula una noche de 2012 a la edad de 54 años, casi ciego y caminando apoyado sobre sus nudillos, pues la artrosis que adquirió como animal de laboratorio le quitó el principal rasgo “humano” que lo hacía único.

Sus años los terminó en un santuario de primates, sin poder pararse erguido a causa de una artrosis que le hizo perder esta capacidad.
Sus años los terminó en un santuario de primates, sin poder pararse erguido a causa de una artrosis que le hizo perder esta capacidad.

Humanzee: experimentos fallidos

A lo largo de la historia, hubo por lo menos tres casos de científicos que han tratado de crear el híbrido “humanzee”, pero ninguno ha sido exitoso o por lo menos, no hay una real evidencia científica que haya documentado su éxito.

Tal es el caso de Ilya Ivanovich Ivanov, un biólogo ruso que en la década de 1920 se propuso inseminar artificialmente con espermatozoide humano a una hembra chimpancé sin poder lograr un embarazo exitoso.

Ivanov fue un científico prominente en el campo de la inseminación artificial y en sus experimentos logró producir exitosamente cruces de especies como una cebra y un burro (zedonk), un ratón cucaracha, un ratón conejillo de indias, y hasta un antílope con una vaca.

Pero el humanzee le fue esquivo, pese a contar con el apoyo de la Comisión Financiera Soviética que le dio recursos y acceso a todos los chimpancés que quisiera para su experimentos.

Durante nueve años vivió confinado en una pequeña jaula en un centro de investigaciones con animales.
Durante nueve años vivió confinado en una pequeña jaula en un centro de investigaciones con animales.

Para Ivanov, su experimento probaría sin lugar a dudas las teorías evolutivas de Darwin, asestando un golpe definitivo a la religión, algo que le interesaba mucho a los soviéticos de la época.

Sin embargo, después de fallar tratando de inseminar a una hembra chimpancé, el científico, de vuelta a Rusia, trató de inseminar a una mujer humana con semen de simio, algo que no gustó a la Comisión soviética y cancelaron su proyecto antes de que pudiera hacerlo, además, todos sus especímenes murieron al ser trasladados a la capital de la URSS.

En la década de 1980 salieron a la luz informes de un experimento de cruce entre humano y chimpancé realizado en la República Popular China en 1967. De acuerdo con un artículo publicado en el Chicago Tribune, ese año se logró la inseminación efectiva de tres hembras chimpancés en Shengyang con esperma humano, produciendo embarazos.

Sin embargo, el experimento quedó en nada pues se vio interrumpido por la Revolución Cultural, que hizo que los científicos fueran despedidos de sus trabajos y que las chimpancés embarazadas murieran de abandono.

El único caso de supuesto éxito en esta empresa de hibridación lo dio a conocer el científico estadounidense Gordon G. Gallup, quien sostuvo en varias declaraciones a la prensa queun grupo de investigación en la Florida logró engendrar una criatura híbrida como parte de un experimento en la década de 1920.

Hasta la fecha no ha existido un experimento que exitosamente haya podido producir un "humanzee"
Hasta la fecha no ha existido un experimento que exitosamente haya podido producir un "humanzee"

“Uno de los casos más interesantes involucró un intento que se hizo en la década de 1920 en lo que fue el primer centro de investigación de primates establecido en los Estados Unidos en Orange Park, Florida”, dijo Gallup a The Sun.

“Inseminaron a una chimpancé femenina con semen humano de un donante no revelado y afirmaron no solo que se produjo un embarazo, sino que el embarazo fue a término completo y resultó en un parto vivo”, agregó.

A pesar de la importancia de este supuesto avance, Gallup, ahora investigador de la Universidad de Albany, dice que los dictados de conciencia sobre el experimento humanzee no tardaron mucho en hacer mella con los científicos involucrados.

“En cuestión de días, o unas pocas semanas, comenzaron a pensar las consideraciones morales y éticas y el bebé fue sacrificado”, dijo Gallup a The Sun, y agregó que el mentor no identificado que le confió la historia atestigua la veracidad de la controvertida saga.

Robert Yerkes es probablemente el científico al que hace referencia Gallup en su historia.  (Yerkes National Primate Research Centre)
Robert Yerkes es probablemente el científico al que hace referencia Gallup en su historia. (Yerkes National Primate Research Centre)

Me dijo que el rumor era cierto. Y era un científico creíble por derecho propio”, resaltó.

Sobre este último caso solo queda la palabra de Gallup.

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