
Israel, líder mundial en vacunación contra el COVID-19, está viviendo una situación paradójica ante la cual los científicos están acercando respuestas: ¿por qué aumentaron tanto los casos de la enfermedad, si tiene una proporción importante de población vacunada con el esquema completo? ¿Significa el incremento de infecciones un mayor número de fallecidos? ¿Cómo está afrontando el país el rebrote a partir de la aparición predominante de la variante Delta?
El pequeño país de Medio Oriente se ha transformado en las últimas semanas en uno de los que tiene mayor cantidad de contagiados de COVID-19 en proporción con su población. El punto más álgido en este sentido se produjo en la semana del 4 de septiembre, según cifras de la Universidad Johns Hopkins.
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En contraposición con la tendencia de los meses anteriores, la tasa de vacunación, que era la mejor del mundo, descendió en la tabla de posiciones.
La nación de 9 millones de habitantes se convirtió en el caso de prueba para la reapertura de la sociedad y la economía en abril pasado, cuando gran parte de Europa y Estados Unidos seguían con alguna forma de bloqueo. Ahora, ya no se trata solo de si las personas contraen coronavirus, sino también de la gravedad del contagio y de garantizar que las vacunas sigan funcionando, en un momento en que la altamente contagiosa variante Delta amenaza con socavar la inmunidad.
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“Si puedes mantener la vida sin confinamiento y evitar un número muy elevado de hospitalizaciones y muertes, así es como se ve la vida con COVID”, señaló Eyal Leshem, profesor especializado en enfermedades infecciosas del Centro Médico Sheba de Tel Ha-Shomer.
Israel recientemente lideró la vacunación en niños e implementó la vacuna de refuerzo de Pfizer/BioNTech después de que investigaciones sugirieran que la efectividad disminuía con el tiempo. Alrededor de 100.000 israelíes se vacunan cada día, la gran mayoría con una tercera dosis.
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Hacia fines de febrero, las autoridades sanitarias israelíes habían administrado al menos una dosis al 50% de la población. El país había vuelto prácticamente a la vida normal a inicios de junio. Los casos de COVID-19 se mantenían bajos y parecía que la vacunación había ganado la batalla al SARS-CoV-2.
Tras la propagación de la variante Delta durante el verano boreal, Israel ha visto aumentar los casos, alcanzando un máximo histórico de 11.316 casos diarios el 2 de septiembre. Sin embargo, el número de personas que se enferman gravemente y son hospitalizadas ha crecido menos que durante la última ola de coronavirus, alcanzando un máximo de 751 a fines de agosto, frente a los 1.183 de mediados de enero. La tendencia ahora es a la baja.
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La respuesta de las autoridades israelíes a los aumentos de casos ha sido un programa de vacunación de refuerzo que se ofreció en un primer momento a mayores de 60 años pero ha sido ampliado a grupos de la población cada vez más jóvenes. Así, el pasado 29 de agosto habilitó la vacunación a la población en general, mayor de 12 años.

Pero desde abril, Israel cayó del primer puesto al 33 en el Vaccine Tracker de Bloomberg de poblaciones consideradas completamente vacunadas. El programa se estancó en medio de las dudas dentro de algunas comunidades judías ortodoxas y árabes. Alrededor del 61% de los israelíes han recibido dos dosis, una cifra inferior a la de los países europeos más rezagados hace unos meses, como Francia y España.
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Las autoridades de salud de Israel estarán especialmente atentas tras la reapertura de las escuelas, que se produjo el 1 de septiembre, y las reuniones familiares que tuvieron lugar esta semana con motivo del año nuevo judío, Rosh Hashaná.
Una parte importante del problema en Israel ha sido la cobertura de vacunación, afirmó Micheal Head, investigador en salud global de la Universidad de Southampton en Inglaterra. Después de su rápido inicio, el programa de vacunación se ralentizó, apuntó Head en un artículo en el sitio The Conversation.
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“No ha habido interrupciones claras en el suministro de vacunas, por lo que factores como la vacilación o el acceso a la atención médica pueden haber sido un problema”, afirmó el investigador. “Por ejemplo, hay pruebas de que la aceptación es menor entre los grupos judíos árabes y ultraortodoxos”.
La proporción de la población que recibió una dosis aumentó del 50% en febrero a solo el 68% en septiembre. Los niños de 12 a 15 años se han incluido en el lanzamiento desde junio de 2021. Con alrededor del 30% de su población sin vacunar, Israel tiene aproximadamente 2,7 millones de habitantes que son potencialmente susceptibles frente a infecciones y enfermedades, agregó.
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Pero incluso sin que estos grupos estuvieran vacunados, hace unos meses el nivel de cobertura parecía ser suficiente para controlar los casos. Entonces, ¿qué cambió?
La variante Delta, más infecciosa, parece haber evadido parte de la protección de la vacuna contra la infección, aunque sigue siendo muy eficaz contra enfermedades graves.
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El profesor Eran Segal, quien asesora al gobierno israelí en asuntos de COVID-19, señaló que cinco o seis meses después de la vacuna Pfizer, la única que se ha aplicado en Israel, las personas probablemente solo estén protegidas entre un 30% y un 40%, en comparación con más del 90% del momento en que la protección se activa por primera vez.
“Eso es lo que estaba impulsando la ola”, afirmó Segal, una conclusión extraída de un análisis cuidadoso de las tasas de infección en personas vacunadas en diferentes meses.
A pesar de esta caída, la vacunación todavía previene una cantidad importante de casos graves. Los no vacunados se enferman gravemente con COVID-19 aproximadamente nueve veces más que los vacunados entre los mayores de 60 años, y el doble en personas más jóvenes, apuntó Schraer.
Head señaló que, según informes recientes, casi el 60% de las hospitalizaciones son de personas completamente vacunadas. Sin embargo, estas cifras no significan necesariamente que las vacunas hayan perdido su eficac

ia.
“El mismo tipo de tendencia se ha observado en Reino Unido, y puede reflejar simplemente el hecho de que los ancianos tienen más probabilidades de ser vacunados y al mismo tiempo son más susceptibles a las enfermedades, factores que se combinan para inflar los casos de COVID-19 y las muertes entre los vacunados”, aclaró Head.
Para Head, otro factor de peso es que Israel puso fin a sus restricciones.
Según dijo en julio pasado el Asher Salmon, director del Departamento de Relaciones Internacionales del Ministerio de Salud de Israel, Israel ”pudo haber levantado las restricciones demasiado pronto”.
Para Head, el caso de Israel es “el último de una larga lista de ejemplos que muestran cómo la transmisión comunitaria puede sostenerse fácilmente cuando la política nacional fomenta la mezcla de personas susceptibles con pocas o ninguna restricción”.
El investigador citó el índice de rigor de las medidas contra la COVID-19 creado por Our World in Data. Este índice mide el rigor de las políticas de contención de la pandemia en cada país del mundo. Al 28 de agosto de 2021, la puntuación de las restricciones de Israel era de 45,4, mucho menos estricta que Nueva Zelanda (96,3), donde los brotes siguen siendo de alcance limitado.
Israel respondió al reciente aumento de casos implementando un programa de refuerzo. En primer lugar se ofreció una tercera dosis a los mayores de 60 años, pero el límite fue gradualmente ampliado a edades menores. El 29 de agosto las autoridades israelíes anunciaron que Ia tercera dosis está disponible para cualquier persona de 12 años o mayor que haya recibido su segunda dosis al menos cinco meses antes.
La tercera dosis “está frenando la ola Delta”, afirmó el profesor Segal. El doctor Anat Ekka Zohar, quien dirige el estudio del programa de refuerzo, dijo que tres dosis eran “altamente protectoras, tanto contra infecciones como contra enfermedades graves”. “La tercera dosis es la solución para frenar el actual brote de infección”, agregó.

Head explicó que en aquellas personas que reciben un refuerzo, el riesgo de una infección confirmada por coronavirus parece disminuir 11 veces en comparación con los individuos que han recibido dos dosis. Sin embargo, advierte el investigador, el estudio sobre este asunto aún está en una versión preliminar, por lo que sus hallazgos aún no se han revisado formalmente.
La Organización Mundial de la Salud ha liderado el debate a nivel mundial generado por la decisión de algunos países de ofrecer terceras dosis, bajo el argumento de que es necesario en primer lugar expandir la vacunación a los países rezagados. Por ejemplo, a principios de septiembre, solo el 5,4% de la población del continente africano había recibido al menos una dosis de cualquier vacuna contra la covid-19.
También existe un debate científico en torno de las personas a las que se les debe administrar dosis de refuerzo y en qué período aplicarlas, ya que algunos opinan que deberá ser con un intervalo similar a la vacuna de la gripe. Tampoco se conoce aún qué tiempo de inmunidad puede otorgar un booster.
Científicos plantearon la hipótesis de que la exposición repetida a la infección de COVID-19, más la protección de la vacuna y la inmunidad natural de infecciones pasadas que la hacen menos riesgosa, podría convertir con el tiempo al virus en una enfermedad potencialmente recurrente pero relativamente poco molesta. Otros temen sin embargo que esto pueda tener un alto costo, ya que las infecciones graves aún pueden afectar a los más vulnerables y se desconocen muchas consecuencias del Covid prolongado.
Para Michael Head, el lanzamiento de la vacuna en Israel, en general, se ha llevado a cabo con mucho éxito. “Pero el país también es un ejemplo de lo que puede suceder cuando las restricciones se relajan demasiado rápido”, agregó. “Esto demuestra que todos los países, independientemente de su estado actual de vacunación, deben mantener planes a más largo plazo sobre cómo minimizar el impacto de la COVID-19, durante esta pandemia actual y en casos de brotes menores en el futuro”.
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