Autoridades y científicos debaten sobre las mascarillas y el coronavirus: ¿hay que usarlas o no?

Mientras que hay acuerdo sobre la importancia de lavarse las manos y mantener la distancia social, continúa la discusión sobre la utilidad de llevar en la calle los barbijos o tapabocas

La OMS reiteró que los barbijos no tienen utilidad en la vía pública, a diferencia de mantener la distancia social y una correcta higiene de las manos. (Vasily MAXIMOV / AFP)
La OMS reiteró que los barbijos no tienen utilidad en la vía pública, a diferencia de mantener la distancia social y una correcta higiene de las manos. (Vasily MAXIMOV / AFP)

A medida que los casos de COVID-19 aumentan en el mundo, la demanda de barbijos aumentó en Estados Unidos, Europa y América Latina, pero no solamente por las compras de los servicios médicos: el público en general comenzó a adquirirlos. “En serio, gente: ¡DEJEN DE COMPRAR MASCARILLAS!”, tuiteó el titular de Salud Pública estadounidense, Jerome Adams. La Organización Mundial de la Salud (OMS) dijo reiteradamente que sólo aquellas personas que presentan síntomas del nuevo coronavirus o cuidan a personas que están enfermas deberían usar esta protección.

Sin embargo, el Centro para el Control y la Prevención de las Enfermedades de China (CCDC) tiene una opinión diferente. Lo avalan expertos en salud y varios países de Asia siguieron su recomendación de solicitar a todos los ciudadanos que usen barbijos en público para prevenir la diseminación del virus, más allá de que tengan síntomas, recordó Science.

Varios países de Asia recomendaron o exigieron que sus ciudadanos llevasen barbijos en público para prevenir la diseminación comunitaria del coronavirus. (REUTERS/Jose Luis Gonzalez)
Varios países de Asia recomendaron o exigieron que sus ciudadanos llevasen barbijos en público para prevenir la diseminación comunitaria del coronavirus. (REUTERS/Jose Luis Gonzalez)

Aunque los expertos que lo favorecen creen que el impacto en la limitación del contagio probablemente sea modesto, creen que los mensajes oficiales desalentándolo deberían cambiar. “Es realmente una intervención de salud pública buena que no se ha usado”, argumentó K.K. Cheng, de la Universidad de Birmingham. “No es para protegerse a uno mismo. Es para proteger a la gente de las microgotas que salen del propio tracto respiratorio".

Agregar esa medida al lavado de manos, la práctica de la distancia social y la permanencia en el hogar salvo para acciones esenciales podría sumar algo a la lucha contra la pandemia. “Cuando la gente sale e interactúa, es probable que arrojen algo de saliva”, dijo Cheng a la publicación sobre ciencias. “No quiero causar temor, pero cuando la gente habla, respira y canta —no hace falta estornudar o toser— salen estas microgotas”.

El sastre Jan-Henrik Maria Scheper-Stuke, que se dedica en Berlín a los pañuelos de cuello, comenzó a fabricar mascarillas quirúrgicas de tela. (REUTERS/Axel Schmidt)
El sastre Jan-Henrik Maria Scheper-Stuke, que se dedica en Berlín a los pañuelos de cuello, comenzó a fabricar mascarillas quirúrgicas de tela. (REUTERS/Axel Schmidt)

La OMS publicó un estudio que contradijo otro del CDC estadounidense y las universidades de California en Los Angeles y de Princeton sobre la capacidad del coronavirus para mantenerse suspendido en el aire hasta casi tres horas y media. El organismo internacional analizó toda la prueba científica disponible hasta el momento y aseguró que, si bien esos resultados son correctos en un laboratorio, en las condiciones de la vida real el causante del COVID-19 sólo se transmite por las microgotas de la tos, el estornudo o la respiración de una persona próxima, pero no queda en el aire y, por eso, insistió en que no es necesario utilizar barbijos sino mantener la distancia social y lavarse las manos ya que, por la gravedad, el patógeno cae en las superficies, donde sí permanece y contagia.

Sin embargo, Sui Huang, biólogo molecular del Instituto de Biología de Sistemas, una organización sin fines de lucro de Seattle, publicó en Medium una investigación en la que apuntó “al hábito cultural, el estímulo o incluso el mandato de usar máscaras en los países asiáticos, que ahora han ‘aplanado la curva’ [de transmisión] o incluso han tenido una curva más plana desde el principio”.

Sui Huang, biólogo molecular del Instituto de Biología de Sistemas, defendió la utilidad de los barbijos en público, sobre todo para evitar que alguien infectado que no tiene síntomas propague el coronavirus a otros. (Sui Huang)
Sui Huang, biólogo molecular del Instituto de Biología de Sistemas, defendió la utilidad de los barbijos en público, sobre todo para evitar que alguien infectado que no tiene síntomas propague el coronavirus a otros. (Sui Huang)

A los fines de evitar que falten entre el personal de salud, que las necesita porque está constantemente expuesto al coronavirus, Huang propuso que la población no usara máscaras N95 (que de todos modos son difíciles de colocar correctamente) sino quirúrgicas (que son las comunes descartables) y hasta caseras, hechas de tela. “Tenemos que abandonar el pensamiento o blanco o negro y aceptar la gama de grises”, escribió. “Cualquier barrera física, como la que proporcionan incluso las máscaras improvisadas, puede reducir sustancialmente la propagación del COVID-19”.

Agregó, sobre la posibilidad de volver a abrir la producción a fin de evitar otra catástrofe por la crisis económica: “Si pronto vamos a ceder a la presión de suavizar las restricciones y permitir que algunas interacciones sociales reaviven la economía, las máscaras públicas podrían desempeñar un papel y facilitar un enfoque intermedio”.

Science citó a Arnold Monto, epidemiólogo de la Universidad de Michigan en Ann Arbor, quien coincidió con la perspectiva de la OMS: “Aunque existe alguna evidencia de que el SARS-CoV-2 puede persistir como aerosol [es decir, un líquido o sólido disuelto en un gas], es probable que la transmisión de partículas finas que permanecen suspendidas en el aire sea poco frecuente”. La propagación, insistió, sucede "principalmente por medio de gotas más grandes, y sabemos que las máscaras faciales quirúrgicas estándar tendrán un efecto modesto en ese tipo de transmisión”. Pero no está en contra de usarlas: “Cuando se combinan [las máscaras] con otros enfoques, entonces se puede marcar una diferencia”.

“En serio, gente: ¡DEJEN DE COMPRAR MASCARILLAS!”, tuiteó el titular de Salud Pública estadounidense, Jerome Adams, porque se trata de recursos que escasean y necesitan los trabajadores de la salud. (REUTERS/Mike Segar)
“En serio, gente: ¡DEJEN DE COMPRAR MASCARILLAS!”, tuiteó el titular de Salud Pública estadounidense, Jerome Adams, porque se trata de recursos que escasean y necesitan los trabajadores de la salud. (REUTERS/Mike Segar)

En la misma dirección se expresó Benjamin Cowling, epidemiólogo de la Universidad de Hong Kong. “No tiene sentido pensar que los barbijos son realmente importantes para los trabajadores de la salud pero no resultan útiles en absoluto para el público en general”, dijo a la publicación. “Creo que la persona media, si se le enseña cómo usar un barbijo correctamente, podría tener alguna protección contra la infección comunitaria”.

No tanto para sí misma —agregó, en coincidencia con Huang— sino porque las máscaras servirían para cubrir la boca de las personas infectadas que no saben que lo están, bien porque nunca desarrollarán síntomas notables o porque están en una etapa pre-sintomática. Ambas pueden, además de las personas con fiebre, tos u otros problemas derivados del coronavirus, transmitir la enfermedad.

“Los datos provenientes del rastreo de contactos —por el cual los investigadores vigilan la salud de las personas que han interactuado recientemente con alguien a quien se ha confirmado una infección— sugieren que casi la mitad de las transmisiones del SARS-CoV-2 se producen antes de que la persona infectada muestre síntomas. Y algunos parecen contraer y eliminar el virus sin sentirse nunca enfermos”, detalló Science. “Si supiera quiénes son asintomáticos y pre-sintomáticos, yo separaría las mascarillas para esos individuos”, afirmó Monto. "Desafortunadamente, no sabemos quiénes son”.

Usar barbijos en la vía pública, creen algunos infectólogos, podría reducir el contagio del COVID-19 entre personas. (REUTERS/Hannah McKay)
Usar barbijos en la vía pública, creen algunos infectólogos, podría reducir el contagio del COVID-19 entre personas. (REUTERS/Hannah McKay)

En su trabajo publicado en Medium, Huang argumentó que tanto por la mecánica del contagio como por la biología de la entrada del virus al cuerpo humano, una barrera puede reducir hasta cuatro veces la cantidad de partículas que llegan a los pulmones en la transmisión entre personas. Y aun imperfecta como un barbijo casero hecho de tela, “puede ofrecer alguna protección que esté al menos en el rango de la separación de dos metros en las interacciones sociales o el lavado de manos o no tocarse la cara, todas recomendaciones que se basan en la plausibilidad mecánica, sin un apoyo fuerte de la epidemiología”.

Un factor central por el cual las autoridades del mundo —excepto en los países asiáticos— han desalentado el uso masivo de barbijos es la disponibilidad limitada de estas protecciones imprescindibles en el trabajo de médicos y enfermeros. Mark Loeb, médico especialista en microbiología y enfermedades infecciosas de la Universidad McMaster, manifestó esa perspectiva: “No creo que sea una buena política de salud pública que la gente salga a comprar mascarillas médicas y N95 para usar en la calle”.

Cheng vislumbró un escenario futuro en el cual, tras el pico del contagio del COVID-19, las restricciones sociales se van terminando y los barbijos comienzan a incorporarse al paisaje urbano. “Imaginemos que viajamos en el metro de la ciudad de Nueva York durante la mañana. Si todo el mundo lleva una mascarilla, estoy seguro de que eso podría reducir la transmisión”.

Para las autoridades de salud de Europa (excepto República Checa) y Estados Unidos, las mascarillas sólo pertenecen al ámbito médico. (REUTERS/Benoit Tessier)
Para las autoridades de salud de Europa (excepto República Checa) y Estados Unidos, las mascarillas sólo pertenecen al ámbito médico. (REUTERS/Benoit Tessier)

Huang cerró su argumentación: “Si pronto eliminamos el cierre total por la presión política para mantener la economía, acaso alentar el uso de barbijos en público sea un buen punto medio entre quedarse en casa y la libertad total que implica el peligro del resurgimiento de este enemigo invisible. Actualmente existe una base científica sólida para terminar con la histeria anti-mascarillas de las autoridades y recomendar o incluso imponer un uso masivo, como en los países asiáticos que han achatado la curva”.

Insistió en que se trataría de mascarillas quirúrgicas, que se pueden descartar, o caseras, hechas de tela, que se pueden lavar o hervir. “Estas máscaras más simples y baratas pueden ser suficientes para ayudar a bajar la curva, tal vez poco, tal vez bastante. Lo más importante es que usarlas no les quitará recursos valiosos como las N95 a los trabajadores de la salud”.

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