Rodrigo Paz Pereira fue posesionado como presidente de Bolivia este sábado en La Paz, tras ganar el balotaje del 19 de octubre.
“El país que recibimos está devastado, nos dejan una economía quebrada con las reservas internacionales más bajas en 30 años, nos dejan inflación, escasez, deuda, desconfianza y un estado paralizado”, manifestó el mandatario tras recibir la banda presidencial en la Asamblea Legislativa Plurinacional.
Paz hizo llamados a la unidad y a despojarse de ideologías para sacar al país adelante, a tiempo de reclamar a sus antecesores -Evo Morales y Luis Arce- por la crisis económica. “¿Qué carajo hicieron con la bonanza?“, expresó. “Bolivia decidió despertar y lo hizo de pie, con el arma más poderosa que existe: el voto y la democracia”, afirmó.

En su primer discurso, el presidente reiteró los lineamientos de su plan económico con foco en la descentralización de recursos públicos y el fomento a la producción mediante créditos accesibles, reformas tributarias y la eliminación de trabas administrativas.
A la toma de posesión asistieron los presidentes de Argentina (Javier Milei), Chile (Gabriel Boric), Paraguay (Santiago Peña), Uruguay (Yamandú Orsi), Ecuador (Daniel Noboa), y una delegación del gobierno de Estados Unidos, encabezada por el su secretario del Departamento de Estado, Christopher Landau.
La concurrencia simboliza el cambio de rumbo que dará Bolivia en su política exterior tras 17 años sin relaciones diplomáticas con Estados Unidos, más de 40 con Chile y 20 años de una agenda internacional antiimperialista.
“Nunca más una Bolivia aislada del mundo”, manifestó Paz tras saludar a las delegaciones internacionales.
Este giro se inserta en la corriente regional de nuevos gobiernos liberales -tras la victoria de Javier Milei en Argentina y Daniel Noboa en Ecuador, y constituye el fin del ciclo del Movimiento Al Socialismo (MAS) que gobernó Bolivia en las últimas dos décadas, con Evo Morales y Luis Arce en el poder.
Paz, de 58 años, es hijo del ex presidente Jaime Paz Zamora (1989-1993) y político experimentado que antes de llegar a la Presidencia fue diputado, concejal, alcalde y senador. Nacido en Santiago de Compostela durante el exilio de su padre, se formó como economista con estudios en relaciones internacionales y gestión política.
Su triunfo fue sorpresivo en la primera vuelta, los sondeos lo ubicaban lejos de disputar el balotaje que terminó ganando en seis de nueve regiones y con el 54% de los votos sobre el ex presidente conservador Jorge Quiroga (2001-2002). Para muchos analistas, el mayor caudal de votos lo puso su acompañante de fórmula: Edmand Lara, un ex policía que se hizo famoso en TikTok por denunciar corrupción y abusos dentro de la institución.
Durante su campaña apostó por hablarle a los trabajadores informales, que representan el 80% de la fuerza laboral, con consignas poco definidas pero populares como “capitalismo para todos”, con el que logró seducir a las nuevas mayorías: la burguesía urbana de origen indígena nacida durante el masismo que se define políticamente por su posición social, vive en centros urbanos, son comerciantes, transportistas o gremiales que han acumulado riqueza en los últimos años. “Es un nuevo sujeto popular con otro tipo de expectativas y horizonte, que tiene aspiraciones de modernidad y ascenso social”, explica la socióloga Luciana Jáuregui.
Paz también supo leer el mensaje que un país profundamente nacionalista quería escuchar y sus planteamientos económicos fueron más graduales que los de Quiroga, siendo la dependencia del financiamiento externo la diferencia sustancial entre ambos candidatos.
Paz afirmó que no buscaría créditos internacionales hasta no “ordenar la casa” porque creía que con los préstamos vigentes y ajustes a la política fiscal podría estabilizar las finanzas públicas. “Cuando la plata no se roba, alcanza”, fue uno de sus lemas.
Sin embargo, en sus primeras semanas como presidente electo, hizo lo contrario: viajó a Estados Unidos, se reunió con el FMI, el BID, el Banco Mundial y luego consiguió un crédito millonario de la CAF. Con este viraje, rápidamente enamoró a las élites empresariales que lo miraban con desconfianza.
En los días previos a su investidura, se reunió con emprendedores de El Alto y empresarios de Santa Cruz, las dos regiones más pobladas y pudientes del país, con un mensaje de unidad y de impulso a la producción nacional. Les ofreció inversión y abrirles las puertas al comercio internacional para superar juntos la crisis.
Paz empieza hoy a navegar en medio de las tempestades de una crisis económica estructural: déficit fiscal, inflación, recesión, escasez de dólares, de combustible y con las reservas al límite. Mostró buenas intenciones y prometió un equipo de expertos para llevar a buen puerto el país, pero necesitará el respaldo de un parlamento fragmentado y con múltiples corrientes internas.
Al finalizar su discurso inaugural pidió a los legisladores un “acuerdo nacional del Bicentenario” con todas las fuerzas políticas para trabajar en la misma línea. “No se transforma la patria, se transforma el Estado tranca. Ese es mi compromiso con ustedes”, expresó.
“Estamos de pie, firmes por la patria y decididos a reconstruirla. Vamos a salir de esta”, finalizó. El desafío es tan grande como las expectativas que el país ha depositado en él, pero el tiempo pronto comenzará a ejercer presión.
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