
Cuando Luis Arce asumió la presidencia de Bolivia en noviembre de 2020, lo hizo con la promesa de reconstruir la economía golpeada por la pandemia de Covid-19 y restaurar la estabilidad política tras la crisis de 2019. Cinco años después, su gobierno concluye con un escenario distinto: una economía en recesión y un partido carcomido por disputas internas que minaron la gobernabilidad.
En la segunda mitad de su gobierno, la crisis se hizo parte de la rutina: escasez de dólares, aumento descontrolado de los precios y desabastecimiento de combustibles. Al mismo tiempo, la pelea entre el presidente y su antiguo mentor por el control del Movimiento Al Socialismo (MAS), impidió acuerdos y generó conflictos sociales que debilitaron la gestión gubernamental.
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En ese contexto adverso, algunos analistas señalan que el mayor logro de Arce no fue haber logrado llevar su gobierno hasta el final en medio de la crisis, las sucesivas protestas sociales y una creciente erosión del poder.
“Es un Gobierno que ha terminado su mandato en las condiciones actuales y con todas las dificultades que ha habido. No sé si será un mérito pequeño o grande, pero Arce ha podido surfear en las vicisitudes”, apunta el analista y consultor político Carlos Saavedra.
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Si bien el agotamiento del modelo económico no empezó en la gestión de Arce ni es una responsabilidad exclusivamente suya, la crisis estalló durante su mandato. Para la politóloga Ana Lucía Velasco, pese a que hubo un buen manejo de la pandemia al inicio de su Gobierno, Arce será recordado por “la crisis, el dólar paralelo y las filas para la gasolina, además del desmembramiento total del MAS”.
La economía boliviana entró en menor dinamismo desde 2014, cuando comenzó a reducirse el ingreso nacional principalmente por la caída de los precios internacionales del gas y la disminución de la producción y las exportaciones.
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Durante una década, el país había mantenido un modelo basado en la redistribución del excedente generado por el sector de los hidrocarburos, lo que permitió sostener el gasto público y los subsidios. Sin embargo, la reducción sostenida de las reservas de gas, el descenso de la producción y el aumento del déficit fiscal limitaron la capacidad del Estado para mantener el ritmo de inversión, lo que ha generado un desequilibrio en las finanzas públicas.
A inicios de 2023, los efectos de esta desaceleración se sintieron en las calles cuando se limitaron las transacciones bancarias en dólares, surgió un mercado paralelo de divisas y se empezó a disparar el precio de los alimentos. En paralelo, surgieron periodos de escasez de combustible que provocaron largas filas en los surtidores de vehículos y afectaron industrias estratégicas como el transporte y la agricultura.
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La administración de Arce tardó en admitir la crisis y durante más de un año, atribuyó la escasez de divisas a ataques especulativos y a un contexto internacional adverso.
Sin embargo, la realidad desbordó el relato y en septiembre de 2024, Arce difundió un video en el que admitía la crisis y explicaba su origen: una mala gestión de la política de hidrocarburos durante el Gobierno de Morales (de la que él fue ministro de Economía durante casi 12 años), un contexto internacional adverso y la falta de aprobación de créditos externos en la Asamblea Legislativa. Más tarde sumaría los bloqueos de caminos que realizaron los seguidores del ex presidente a las razones que golpearon las cuentas fiscales.
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Los analistas señalan que la disputa política afectó la gestión del Gobierno. “La implosión del MAS ha sido perjudicial para el desempeño institucional y en el estado de ánimo de las bases del MAS, que no son pocas. Los efectos han sido muy nocivos y ha determinado la paralización absoluta en el Legislativo”, explicó la analista y ex diputada Erika Brockmann, sobre la falta de coordinación entre el presidente y la bancada oficialista para encarar el problema estructural a la falta de divisas.
Arce y Morales disputaron en los últimos años el dominio del partido y la candidatura presidencial para las elecciones de este año, una pelea que lejos de fortalecer a los liderazgos terminó borrando al MAS de la escena política: el frente pasó de romper récords de votación en las urnas a lograr apenas el 3,1% de votos en 2025, y obtener una sola representación en el parlamento.
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A un día de dejar el poder, Arce defendió su gestión en un mensaje grabado. Flanqueado por sus 17 ministros, el presidente saliente destacó haber dado certidumbre política tras la crisis de 2019 y combatido la pandemia de coronavirus al inicio de su gestión. Señaló que su legado fue cuidar la vida y resolver los conflictos sin represión, mantener las políticas de asistencia social, no haber “vendido la patria ni sus recursos”, cuidar la democracia e impulsar la industrialización del país.
Para el analista Saavedra, el proceso de industrialización que se trató de impulsar fue encarado bajo un modelo estatista que está desfasado de cualquier modelo económico actual. “Ha intentando llevarlo a la práctica mediante empresas estatales que no ha funcionado, no ha tenido ningún tipo de rentabilidad para el país y que desde mi punto de vista es absolutamente anacrónico para los modelos económicos del mundo”, explicó.
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A pesar de ese contexto, para Saavedra todavía está en construcción el balance final de la gestión de Arce. El analista sugiere que con los años se destacará positivamente que se mantuvo el esquema de subvenciones y bonos pese a las dificultades económicas y que las bases populares lo van a reconocer.
Por lo pronto, señala que el saldo del Gobierno de Luis Arce tiene más de malo que de bueno: un país polarizado, el derrumbe del partido hegemónico y una crisis económica, política e institucional.
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Para la ex diputada Brockmann, el de Arce será recordado como “el gobierno de las oportunidades perdidas”.
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