
Un cartel en la entrada dice "Museo Informativo de la Marihuana". Otros carteles linderos expresan lo mismo sin lo de "informativo". Al ingresar por una puerta de madera, el golpe de vista es inquietante, invasivo: desborda la oferta visual. Nada gana prioridad en la atención: todas son cosas, cosas grandes, cosas chicas. Un mueble, una repisa, una bandera, un cuadro, imágenes de hojas de marihuana de diferentes tamaños y recuerdos de ocasión. Los pasillos de circulación son los únicos sitios vacíos.
Entre la homogeneidad de la diversidad, se distingue un patrón: Pepe Mujica. Hay Pepes Mujicas por todos lados. Vasos, tazas, remeras, pines emulan el rostro y la figura del ex presidente uruguayo.
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De un póster tamaño real, un Mujica de cartón mira al visitante desde la cabecera de una mesa. Enfrente, una frase de su autoría: "Estamos en un camino de un experimento. Un experimento hecho con honradez intelectual, pero no para favorecer la difusión de una acción, que como toda adicción es una plaga". Al lado, una guitarra adornada con venecitas; del otro, colgantes con la bandera uruguaya. Cerca, un mostrador con una caja registradora. En el frente de una repisa sobrecargada, una leyenda que informa: "No hacemos apología del consumo".

El Museo no tiene obras en exposición, galerías de arte o curadores. Hay una estatua hindú, pero parece más una objeto decorativo. No hay contemplación ni solemnidad. Presenta a un único artista: Martín, su dueño. Él pinta y administra Canoa Quebrada, una cadena de tiendas que venden souvenirs hace 40 años. El nombre es un tributo a la playa de la costa este de Ceará, Brasil, donde nació. El "Museo Informativo de la Marihuana" es en verdad una instalación artística, un señuelo comercial. El sistema funciona: más de 30 turistas y curiosos ingresan por día a un establecimiento que ofrece más promociones que contenido cultural.
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A la vera de la Ruta 10, en la zona de La Barra, el cartel que publicita el museo está cerca de otro que reza, con letras en mayúscula: "El que no entra no estuvo en Punta del Este".
La idea del dueño es un recurso, es testimonial: explotar el turismo cannábico en temporada. Lo montó hace un año, sin ser él un activista de la marihuana. Los hay, a pocas cuadras, en un complejo hotelero temático: el THC Hostel, administrado por Ramsés, un cannábico de ley.
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Lo llaman Rami, sus compañeros y sus huéspedes. Lo abrió hace tres temporadas y dice que a todos los despide con un abrazo. "Cuando supimos que la regularización estaba en vías de concretarse, decidimos empezar a buscar emprendimientos que pudieran fomentar la cultura y darle un lugar de existencia. Con un alma emprendedora desde siempre, los que llevamos a cabo este proyecto nos pareció que, además de fundar un espacio para que todos puedan entender el mundo cannábico, era una buena oportunidad de negocio", explicó.

THC Hostel tiene 7 habitaciones -se llaman Skunk, Sativa, Haze, Rudelaris, Indica, algunas variedades de cannabis- y espacio para albergar a 38 visitantes. Por día, cada cama cuesta 30 dólares. "Funciona durante todo el año, y en el verano florece", aseguró.
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Como en el Museo, también hay merchandising y dispositivos para el consumo: picadores o desmorrugadores, sedas, sedas orgánicas con gusto, pipas, turbinas. El hostel se completa con camas paraguayas, libros, revistas, patinetas, bicicletas, una guitarra a disposición, música eternizada de fondo y una pileta central.

Ramsés, en traje de baño y descalzo, pensó que quería armar un lugar donde la gente pudiera tener sentido de pertenencia cannábico: "Todo el mundo nos recibió bárbaro. Ahora tenemos hospedadas a tres parejas que no fuman, nunca fumaron y no están en contra. Les encanta la temática, me hicieron muchas preguntas y pude informarles. Siento que hay curiosidad, no siento rechazo. Hay muchos turistas que no entiende cómo en Uruguay la marihuana es legal. Si bien no pueden comprar, pueden consumir lo que alguien les convida o les regala. Y no logran entender que pueden fumar en cualquier lado, que las personas no se espantan y que la policía es tolerante. La gente flashea".
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Se considera un fundamentalista de la marihuana, un activista, un desarrollador. Su propuesta es la de "proveer y compartir una experiencia filosofal". Valora la intervención política de Pepe Mujica al sancionar la legalización en 2013. Asegura que desde la comercialización oficial, bajó el consumo de alcohol, el consumo de pasta base y el consumo de cocaína. Siente que fomenta la creación de libertades cuando responde las inquietudes de los huéspedes: "Sabemos mucho del cannabis y estamos capacitados para informar muy bien a la gente".

Están registrados como cultivadores y tienen una planta en estado vegetativo para no generar discordia. Una vez, la policía inspeccionó el hotel y apercibió a sus dueños al encontrar la planta. Les advirtieron que no vendieran ni cultivaran, . "Y no, no es lo que hacemos. Cuando están muy pesados, sobretodo en temporada, tenemos que poner un cartel avisando para evitar que en la recepción pregunten todo el tiempo si vendemos marihuana. No vendemos-repite-, y menos al turista porque no funciona así".
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Es el mismo mensaje que se duplica en rincones del Museo de la Marihuana, tal vez con más énfasis e insistencia. Los dos avisos anuncian: "No vendo marihuana ni sé dónde venden" y "No vendo marihuana, ni porro, ni faso, ni mota, ni beque, ni maconha".

Hay tres formas para consumir marihuana en Uruguay: el autocultivo (las personas pueden tener hasta 6 plantas en sus casas), los clubes cannábicos (asociaciones civiles de personas afines con capacidad limitada entre 15 y 45 integrantes y permisos para cultivar hasta 90 plantas) y la compra en farmacias.
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La Cabina es una de los 17 comercios adheridos al Instituto de Regulación y Control del Cannabis (IRCCA), el ente gubernamental encargado de regular la plantación, cultivo, cosecha, producción, elaboración, acopio, distribución y dispensación del cannabis.
La Cabina es más que una farmacia, o no es tan solo eso. Instauró, desde su inscripción en el registro de comercios habilitados para la comercialización de marihuana, una suerte de polo comercial. Los consumidores recorren kilómetros para llegar a un modesto paraje sobre la Ruta 10, en Las Flores, a 40 kilómetros en línea recta de Punta del Este. Desde Rocha, San Carlos, Maldonado, José Ignacio o Punta del Este mismo: los compradores emprenden un viaje que pocos hacen. Alicia Chavert, la dueña de La Cabina, bautizó el fenómeno como "la ruta cannábica".
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El Estado permite la compra semanal de 10 gramos de marihuana. Como el sistema es preciso, hasta que no se cumplan los 7 días exactos, el cliente queda parcialmente inhabilitado. Los consumidores que llegan un rato antes de la hora permitida no tienen más remedio que esperar: recorren la zona, visitan los acantilados y las playas, y consumen en locales próximos.
Alicia contó que un restaurante cercano a la farmacia no cerró en todo el año porque absorbe la paciencia de los más ansiosos: "Mucha gente llega hasta aquí y se baja a mirar para saber cómo funciona. Recibo a turistas que se sorprenden y me dicen 'ah, esta es la famosa farmacia'. No sé si me gusta ese mote, pero me siento muy bien siendo parte de todo este proyecto: soy un eslabón más de la cadena. El agradecimiento de la gente es impresionante, es lo que más valoro".
Hasta el 1º de enero de 2019, había 32.106 adquirentes anotados en el registro de consumidores. Maldonado es, en términos porcentuales, el departamento con mayor número de inscriptos. Alicia fue una de las pocas propietarias que respondió a la convocatoria del Estado -en junio de 2017- a todas las farmacias del país que quisieran vender entre sus productos bolsas con cogollos de cannabis.
"Por un tema del prejuicio, del qué dirán o hasta por temas de seguridad, muchas no se anotaron. Yo sí: desde el principio estuve totalmente de acuerdo con el proyecto. Y eso que no fumo ni nadie de mi familia lo hace, pero creo que todos deberíamos tener la libertad de decidir qué queremos consumir y qué no", expresó.
Hay clientes que dejaron de visitar su farmacia, pero no le importa. "Mentes cerradas hay en todas partes", respondió. Contó, a su vez, que aunque las suspicacias de un sector tradicionalista de la sociedad subsisten, el consumo está ganando naturalidad. La Cabina recibe profesionales, jóvenes, madres de la mano con sus hijos, "gente en apariencia normal", bajo su mirada.
Elaboró tres razones para explicar su adhesión a la red de dispensación de cannabis psicoactivo de uso no médico: "Es un lugar seguro, no estás yendo a una boca a negociar con un transa; la calidad, estás consumiendo un producto verificado y aprobado por organismos estatal; y el precio es mucho más barato que en el mercado negro".
Los 10 gramos que puede adquirir de manera semanal cada consumidor equivale a dos paquetes: cada uno trae 5 gramos de marihuana. El valor, que fija el ente regulador y es común en todas las farmacias, es de 213 pesos uruguayos el paquete pequeño (245 pesos argentinos).
La farmacia de Alicia administra 3 kilos por semana que se distribuyen en 600 paquetes. Se acaban en menos de 24 horas: denuncia que la producción no satisface la demanda de los usuarios. El último encargo lo recibió el 2 de enero a las 15 horas. El 3 de enero a las 12:46 ya no tenía más stock.
Como está penado hacer propagandas alusivas a la comercialización y prohibida la instalación de carteles de promoción de venta de marihuana en la puerta del local, instrumentó un código en sus redes sociales para notificar al consumidor. Cuando la cuenta de Facebook de la farmacia tiene una foto de perfil verde significa que empezó la venta, cuando lo cambia a amarillo está avisando que le quedan pocos paquetes, y el rojo alerta que el producto se agotó.
También crearon una lista de difusión por donde informan el cuadro de situaciones a través de un mensaje de Whatsapp. En Facebook, al cierre de esta nota, tenían 2.886 seguidores y por teléfono notifican a 800 contactos.
El miércoles 9 de enero volverá a tener a la venta 600 paquetes de cogollos en estado natural, sin moler ni prensar. Será inaugurado así otro episodio de la "ruta cannábica".
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