Se cumplen dos años de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa
Se cumplen dos años de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa

A pedido de los familiares, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) buscó reconstruir un pasado que, dos años después, todavía se desconoce. El peritaje se inició a unos días de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, en el basurero de Cocula, señalado por las autoridades de México como la escena del crimen. El sitio ubicado en una zona de cerros, a menos de 30 kilómetros de Iguala, se volvió el escenario de un trabajo de hormiga. En cada planta, insecto, hueso, rastro de fuego, el EAAF trató de hallar la memoria de lo ocurrido en la noche del 26 al 27 de septiembre de 2014 y encontró que la llamada "verdad histórica" no lo era.

–Éste fue el trabajo más duro que me tocó hacer en mi vida –dice Miguel Nieva, un argentino de 42 años, que en 2001 se incorporó al equipo con prestigio internacional ganado en labores en más de 30 países de todo el mundo.

En el estado de Guerrero, Nieva coordinó las tareas de investigación del EAAF en las que participaron 26 peritos de distintos países –Argentina, Canadá, Colombia, Estados Unidos, México y Uruguay– y áreas de competencia como antropología, arqueología, criminalística, balística botánica y dinámica de fuego, entre otras.

Componentes hallados en el basurero de la municipalidad de Cocula (Crédito: Dictamen sobre el basurero de Cocula / Equipo Argentino de Antropología Forense)
Componentes hallados en el basurero de la municipalidad de Cocula (Crédito: Dictamen sobre el basurero de Cocula / Equipo Argentino de Antropología Forense)

–¿Cuáles fueron los desafíos propios de este caso?

–Fueron varios. Para empezar, trabajar con una escena del crimen súper compleja como es la de Cocula requirió del abordaje multidisciplinario para poder entender la dinámica de los hechos en el lugar. Además, encontramos muchas irregularidades en todo el proceso, en cuanto a las cadenas de custodia y a la recolección que se hacía de la evidencia. Un montón de irregularidades que no debieran haber ocurrido en un trabajo normal, como la famosa bolsa en el río San Juan.

Dentro de la bolsa que -según la fiscalía mexicana- los buzos de la Marina encontraron el 29 de octubre de 2014, había al menos un fragmento de hueso sin calcinar. El análisis de ADN mostró que era de Alexander Mora Venancio, uno de los 43. El año siguiente, el laboratorio de Innsbruck (Austria) encontró indicios de otra eventual coincidencia entre una muestra recuperada de la bolsa y familiares del normalista Jhosivani Guerrero de la Cruz, aunque el Equipo Argentino de Antropología Forense  advirtió: la similitud genética es "baja en términos estadísticos".

El hallazgo en el río, del que el EAAF no fue testigo, serviría a la narrativa oficial.

En enero de 2015, el titular de la fiscalía mexicana, Jesús Murillo Karam, dio su versión: la policía de Iguala detuvo a los estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos y los entregó a sicarios de Guerreros Unidos, que los llevaron al basurero de Cocula. Según él, los normalistas que no murieron aplastados durante el viaje, fueron matados a tiros, y todos los cuerpos, quemados. Mucho combustible, neumáticos, leña y plástico hicieron que el fuego se prolongase desde la medianoche hasta las 14 horas del día siguiente. Entonces trituraron los huesos, los pusieron en bolsas de plástico y los tiraron al río.

"Los estudiantes normalistas fueron privados de la libertad, privados de la vida, incinerados y arrojados al río San Juan, en ese orden", dijo Murillo Karam. Y a esa versión, el procurador general le dio un nombre inapelable: la verdad histórica.

Bolsas con elementos recolectados en el basurero de Cocula (Crédito: Dictamen sobre el basurero de Cocula / Equipo Argentino de Antropología Forense)
Bolsas con elementos recolectados en el basurero de Cocula (Crédito: Dictamen sobre el basurero de Cocula / Equipo Argentino de Antropología Forense)

–¿Con qué se encontraron en el basurero?

– Ya habíamos trabajado con restos quemados, como en el Destacamento de Arana en la Plata [donde funcionó un centro clandestino de detención, tortura y exterminio durante la última dictadura en Argentina], pero nunca con una complejidad de ese tipo y nunca en un lugar donde se produjeron múltiples eventos de fuego a lo largo del tiempo. El basurero fue utilizado por diferentes grupos armados para asesinar a personas. No era una escena adulterada, era una escena utilizada para ocultar otros crímenes. Lo que sí suponemos es que pudo haber evidencia plantada, como pasó con los 42 casquillos.

41 de ellos –percutidos por la misma arma– formaban un montículo en un espacio entre dos rocas, según la fiscalía mexicana. El hallazgo fue el 15 de noviembre de 2014 –varios días después de que los peritos del EAAF y la PGR terminaran la recolección conjunta de muestras en el basurero–, en una área que ya había sido rastrillada, y en un momento en que el predio carecía de vigilancia.

–Ya que su investigación dejó en evidencia varias irregularidades en el trabajo del Gobierno ¿Por qué cree que se habló de verdad histórica?

–Es una opinión personal, pero yo lo que noté es que había un interés por parte del Gobierno de darle un cierre cuanto antes al tema. Por eso, Murillo Karam usa esas palabras. En aquel momento, nosotros ya veníamos trabajando sobre la hipótesis de que el basurero no era el lugar donde habían quemado a los estudiantes.

(Crédito: Dictamen sobre el basurero de Cocula / Equipo Argentino de Antropología Forense)
(Crédito: Dictamen sobre el basurero de Cocula / Equipo Argentino de Antropología Forense)

Entre muchas otras evidencias, los peritos hallaron en Cocula, varios miles de fragmentos de hueso quemados, no más anchos ni largos que dos o tres centímetros; unos 400 ítems relacionados con ropa y calzado –remaches, botones, ojales de zapatillas y hebillas-; y unos 150 elementos balísticos –casquillos, proyectiles y cartuchos.

Los recolectaron. Los clasificaron. Los analizaron. Y plasmaron los resultados del peritaje en un dictamen divulgado en febrero de 2016, primero a los familiares de los estudiantes, luego al gran público.

–Poner todo eso en un solo informe llevó mucho tiempo –dice Miguel Nieva-. No sólo el tiempo de análisis, sino también en la redacción, en lograr un informe multidisciplinario y poder concluir de la forma que lo hicimos.

El resultado de la investigación del EAAF fue contundente: el examen "no respalda la hipótesis de que hubo un fuego de la magnitud requerida y de la duración informada en la madrugada del 27 de septiembre de 2014 que habría arrojado como resultado la incineración en masa de los 43 estudiantes desaparecidos". Además, "no se ha podido establecer que en el basurero de Cocula, existan restos humanos que correspondan a los normalistas".

(Crédito: Dictamen sobre el basurero de Cocula / Equipo Argentino de Antropología Forense)
(Crédito: Dictamen sobre el basurero de Cocula / Equipo Argentino de Antropología Forense)

En vísperas del segundo aniversario de la desaparición de los normalistas, renunció Tomas Zerón, el jefe de la Agencia de Investigación Criminal de la PGR. El máximo responsable policial del caso estaba bajo investigación interna, después de que un video divulgado por el Grupo de Expertos Independientes (GIEI) en abril pasado, lo ubicara en el lugar del hallazgo de la bolsa en el río San Juan. Los familiares exigían su dimisión.

–¿Cómo no dejarse ganar por el dolor en su trabajo?

–Yo creo que justamente eso es lo que te da la fuerza para seguir haciendo tu trabajo. Uno sabe que muchas veces, las posibilidades que tienen los familiares de poder llegar a una respuesta es contando con organismos como el nuestro. Nosotros somos independientes y trabajamos al lado de los familiares. Es una política institucional del Equipo. Nuestra relación con ellos que es directa, sin intermediarios. Y eso también ayuda a que uno le ponga ganas al trabajo. No ponemos una distancia como para separarnos, eso del "científico objetivo" que mira las cosas desde lejos. Al contrario. Creo que hay un involucramiento y que ese involucramiento es necesario para entender la dimensión del dolor.