La euforia de Madrid asombra en Europa: “Es una ciudad que te abraza y te impulsa”

La capital española está viviendo una post-pandemia casi sin comparación en el mundo, con una alegría efervescente que se palpa en sus calles, su gente y sus bares

El "Edificio España", símbolo del renacer de Madrid / SEBASTIÁN FEST
El "Edificio España", símbolo del renacer de Madrid / SEBASTIÁN FEST

MADRID - ¿Hay nombre para una ciudad que desborda un disfrute casi físico? Sí, Madrid. Reserva de la alegría en Europa desde hace décadas, lo que está viviendo la capital española en las últimas semanas, ya de lleno en la post-pandemia, supera sin embargo todo lo visto y asombra genuinamente. Recorriendo sus calles, pisando sus bares y hablando con su gente se llega a una conclusión: es hoy uno de los lugares más estimulantes en los que se pueda vivir.

“Madrid te abraza. Y te impulsa”, define Andy Stalman, que dividió su vida entre su Argentina natal y España, donde vive hace ya 20 años y formó su familia. “Podés disfrutar con Madrid y hacer crecer a Madrid, una ciudad en la que podés ser de cualquier lugar del mundo, pero ser también madrileño”, añade a Infobae Stalman, uno de los más reconocidos especialista en marcas, al que hoy en España presentan como “el Messi del branding”.

“Madrid se hizo cool. Hay deporte, hay teatro, hay cultura, hay gastronomía... Se inauguraron muchos hoteles nuevos de categoría cinco estrellas, Madrid está entrando en una categoría Champions League a nivel de ciudades, hoy no tiene nada que envidiarle a las grandes capitales de Europa”, completa Stalman, admirado ante el bullicio y la efervescencia en las calles de la capital española.

Madrid es, ciertamente, extraña. Y no solo, aunque también, porque no hay ciudad en el mundo en la que en cuestión de un par de semanas se lancen dos nuevos periódicos, uno con edición en papel. Así, Madrid cuenta con siete periódicos de tirada nacional con sede en la ciudad y una gran cantidad de sitios de información digital.

Pero hay bastante más que eso. Madrid sedujo a Netflix, que la eligió como su sede de producción para Europa, y en ella están las oficinas de Movistar+, gran apuesta de contenidos del gigante Telefónica. Olympic Broadcasting Services (OBS), la productora del Comité Olímpico Internacional (COI), la eligió como su sede, también para los estudios del “Olympic Channel”.

Días atrás, Madrid fue sede de “South Summit”, una cita de emprendedores al que sus organizadores definen como “punto de encuentro entre las oportunidades de hoy y la realidad de mañana”. Y el Comité Olímpico Español (COE) está ultimando un ambicioso programa para que sea sede de eventos deportivos de nivel mundial con la idea, en el lejano 2036, de volver a aspirar a los Juegos Olímpicos.

“España y Madrid han pasado por algo muy duro con el coronavirus”, recordó a Infobae Alejandro Blanco, presidente del COE.

“La apuesta de la presidenta de Madrid (Isabel Díaz Ayuso) por no cerrar todas las actividades, por mantener locales abiertos, por hacer algo que no se había hecho en ninguna capital europea, ha permitido hoy ese estado de euforia que se está viendo. La recuperación de la economía es total, en todos los sectores, la gente está alegre. Esto es clave para la recuperación económica y social. Madrid es un referente en España y en otras capitales europeas”.

Así, de aquella ciudad un tanto gris y muy pueblerina que hasta los ‘80 veía como rareza a aquel que hablaba un idioma extranjero, de aquella ciudad que se sorprendía al encontrarse al diferente en sus calles, se ha pasado a una Torre de Babel que une latinoamericanos con anglosajones, africanos con asiáticos, rusos con árabes.

Lo más normal hoy en Madrid es, casi, no ser de Madrid. Lo saben bien también los venezolanos, mexicanos y colombianos de fortuna que decidieron abandonar sus conflictivos países e instalarse en el barrio de Salamanca, una de las zonas nobles de la ciudad.

Un local de venta de jamón en el barrio de Malasaña, uno de los más característicos de Madrid / SEBASTIÁN FEST
Un local de venta de jamón en el barrio de Malasaña, uno de los más característicos de Madrid / SEBASTIÁN FEST

La euforia de Madrid, que recuerda a la de fines de los ‘90, a la de aquella burbuja de Internet, es sin embargo mayor y tiene más sustento que aquella, porque la capital española cuenta hoy con unas infraestructuras de transporte público que entonces solo comenzaban a crecer.

Y, aspecto clave, con un aeropuerto que es uno de los principales “hubs” de Europa, y al que se llega y del que se sale con una facilidad que solo puede generarle profunda envidia a aquellos que viven en Buenos Aires, Ciudad de México, Lima, Sao Paulo o Río de Janeiro.

Una euforia que tiene su costado negativo, claro. Los atascos de tráfico están ya en niveles prepandemia, la burbuja inmobiliaria -un virus endémico en España- vuelve a tomar fuerza, y si antes era prohibitivo comprar, ahora lo es también el alquilar.

Las hipotecas, eso sí, están baratas como pocas veces. Y el gobierno nacional de Pedro Sánchez anunció recientemente que subsidiará con 250 euros mensuales los alquileres de los jóvenes de 18 a 36 años. Jóvenes que siguen cobrando sueldos -cuando tienen trabajo- que estén entre los mas bajos de Europa.

Así y todo, en los madrileños hay hoy una alegría que nadie hubiera imaginado en los momentos más duros de 2020, cuando la pandemia del covid-19 se cebó con una ciudad que tuvo poco tiempo para entender y aprender cómo lidiar con el virus.

Mucho tiene que ver el dato de que España roza el 80 por ciento de su población completamente vacunada. Más que ningún otro país comparable en Europa. Y el hecho de que los movimientos antivacunas no tienen sustento en un país orgulloso de su sistema de sanidad pública y con un nivel de protección social entre los más altos de Europa.

“Hoy veo una luz que antes no veía”, dice Adriana, que recuerda también la histórica nevada que colapsó la ciudad el último invierno. Nieta de Inés Llanos y José Martínez, la joven está hoy a cargo de “Zara”, una de las joyas de la gastronomía en la ciudad.

Él, nacido en Asturias, y ella, nacida en La Habana, fueron unidos por Cuba, y luego por España. Un amor de 63 años y 22 días que el COVID-19 truncó entre enero y febrero de este año. Primero fue José, y luego, Inés, separados por apenas tres semanas.

Pero los platos cubanos de “Zara” siguen maravillando día tras día en el corazón de Chueca, el barrio gay de la ciudad, y Adriana, que perdió a dos abuelos que eran muchísimo en su vida, comenzó a ver de a poco una desconocida luz en la Madrid que emergía de la pandemia: “Descubrí unos espacios verdes que ignorábamos en Madrid. La Casa de Campo es una maravilla”.

Adriana, a cargo hoy de "Zara", el mítico restaurante cubano que fundaron sus abuelos Inés y José / SEBASTIÁN FEST
Adriana, a cargo hoy de "Zara", el mítico restaurante cubano que fundaron sus abuelos Inés y José / SEBASTIÁN FEST

La Casa de Campo, una enorme espacio verde al oeste de la ciudad que nació como coto de caza de la realeza y que durante décadas fue relativamente ignorada. Hoy, con la demanda por aire fresco y espacios verdes y libres, los madrileños la revalorizan y nuevos restaurantes y bares se instalaron junto a su lago, al que se puede llegar velozmente en metro desde cualquier punto de la ciudad.

En el centro brotaron bares y restaurantes en las azoteas, en los últimos pisos de los edificios emblemáticos de la Gran Vía, con el cielo como límite. Y, en prácticamente todas las mesas, pequeños carteles que son un dolor de cabeza para aquel que prefiere improvisar: “Reservado”, dicen. Algo especialmente duro para los madrileños, que viven en apartamentos pequeños, muchas veces sin balcón o con uno simbólico, y que tienen en los bares a una prolongación natural de sus viviendas.

“Yo nunca había visto Madrid así. Todo es desbordante”, dice a Infobae Jorge Sáinz, jefe de Política del sitio vozpopuli.com. “No puedes ir a ningún lado, todos los bares están llenos, todo el tráfico ha vuelto de una manera muy loca. Todo es como una especie de dulce locura en la que la pandemia no existe”.

En Chamartín, uno de los barrios de clase media alta de la capital, las grúas y los taladros se apoderaron del paisaje. El Real Madrid está reconvirtiendo al estadio Santiago Bernabéu para que sea un escenario “cinco estrellas” y centro de todo tipo de eventos. Algo así como que sin el fútbol no se puede, pero a esta altura solo con él tampoco alcanza.

La obra de remodelación del estadio Santiago Bernabéu y, a la derecha, un cartel publicitario que promociona el lanzamiento de "El Periódico de España", un nuevo diario en papel / SEBASTIÁN FEST
La obra de remodelación del estadio Santiago Bernabéu y, a la derecha, un cartel publicitario que promociona el lanzamiento de "El Periódico de España", un nuevo diario en papel / SEBASTIÁN FEST

Otro gigante de cemento que formó parte del paisaje madrileño por décadas es el “Edificio España”, que tomó antes que el Bernabéu el camino de rejuvenecimiento. Hoy vuelve a ser un hotel de lujo, con 560 habitaciones, y es sede del “sky bar” más deseado de Madrid, con una vista envidiable de los edificios más especiales de la ciudad.

Pablo Sanguinetti, un argentino que trabajó como corresponsal extranjero en Berlín y Madrid y recientemente en Google, cree que Madrid está respondiendo, en el fondo, a su esencia.

“Siempre me pareció una ciudad maravillosa, muy abierta, como pocas que haya conocido. Es una ciudad en la que muchísima gente viene de afuera, hace fácil sentirse de aquí. Creo que el hecho de que las tensiones independentistas se hayan convertido en un tema tan grave y de que en Madrid no exista ese tema ha beneficiado a la ciudad. No hay una nacionalismo madrileño. Lo que es bueno de Madrid es que no existe eso de la identidad madrileña. Todo lo contrario, aunque ahora Díaz Ayuso esté jugando un poco con eso”.

La sensación es similar en Ana Carolina Domínguez, que por años fue un rostro conocido por sus compatriotas uruguayos, ya que presentaba los noticieros centrales de la televisión local. Un día, ávida de nuevos horizontes, dejó Montevideo, se instaló en España y enseguida comenzó a disfrutar de algo muy íntimo: nadie la reconocía, era una más.

Ana Carolina Domínguez, la periodista uruguaya que encontró en Madrid el anonimato y la felicidad que buscaba / SEBASTIÁN FEST
Ana Carolina Domínguez, la periodista uruguaya que encontró en Madrid el anonimato y la felicidad que buscaba / SEBASTIÁN FEST

“Esta ciudad es muy fácil para hacer amigos, me siento rodeada de amor”, destaca a Infobae la periodista de La Sexta, una de las cadenas televisivas españolas.

Un par de días antes, en una suave noche de otoño, un madrileño que caminaba junto a su pareja por el barrio de La Latina, repleto de bares y restaurantes, había dejado una frase al pasar: “Como dice un amigo mío, hemos salido más noches que el camión de la basura”.

Vestida con los colores de Peñarol, Domínguez asiente sonriendo. Sabe muy bien de lo que está hablando ese madrileño anónimo.

“Es una ciudad inagotable, hay algo para hacer todo el tiempo. Me encanta la diversidad cultural que hay y las posibilidades de viajar. La libertad que hay acá en todo sentido. Podés hacer lo que quieras sin ningún tipo de prejuicio de nadie. Yo a veces salgo en pijama por la calle. Y nadie me dice nada. ¿Te digo la verdad? Yo siento hoy a Madrid cómo la ciudad más feliz del mundo”.

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