Caso Tancol: desapariciones, torturas, irregularidades judiciales y tres condenados a 30 años por terrorismo en Venezuela

La condena contra tres detenidos reavivó las denuncias de desaparición forzada, malos tratos y montaje judicial en un caso que, según familiares y organizaciones, refleja un patrón más amplio de abusos en la frontera venezolana

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Un grupo de personas posa en una oficina. La mayoría son mujeres con camisetas blancas estampadas, junto a hombres y una mesa de conferencia oscura
Familiares de varios de los detenidos se renieron con la defesora del Pueblo Eglée González Lobato

La condena de 30 años, dictada el 5 de mayo 2026, contra María Laura Rondón y los hermanos Richard y Luis Alejandro Domador, por un caso iniciado en 2022, lejos de clausurar la controversia, reabre interrogantes sobre la legalidad del proceso contra los llamado Tancol. Familiares y defensores denuncian que el expediente se construyó en medio de desapariciones temporales, torturas e irregularidades.

Nurys Villamizar, madre de Luis y Richard Domador, aseguró que sus hijos estuvieron desaparecidos durante ocho días tras su detención. Según su testimonio, durante ese lapso fueron trasladados al río Torbes, obligados a arrodillarse y amenazados de muerte por funcionarios. También denunció que fueron golpeados, asfixiados con bolsas y colgados durante varios días.

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Villamizar sostiene que sus hijos fueron detenidos en San Cristóbal, estado Táchira, por efectivos de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM), y luego trasladados a Rodeo II y posteriormente a Yare. La familia denuncia que, antes de cualquier sentencia firme, ya eran presentados como terroristas. Para los allegados, esa marca previa no solo condicionó la percepción pública del caso, sino que también comprometió garantías básicas del debido proceso.

Mujer de cabello corto y tez morena, Nury Villamizar, sostiene dos retratos fotográficos y lleva una camiseta blanca con texto y otra foto, en una protesta callejera
Nury Villamizar, madre de Richard Alberto y Luis Alejandro Domador Villamizar, así como representante de María Laura Rondón Tovar

En La Victoria, estado Apure, Doraima Villamizar y Teresa Sánchez, tía y abuela de Richard Alberto y Luis Alejandro Domador Villamizar, insisten en la misma exigencia: revisión del caso y libertad para sus familiares, hoy recluidos en Yare II.

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El expediente tampoco aparece como un hecho aislado.

Un grupo de personas, incluyendo una mujer sentada, sostienen pancartas y usan camisetas blancas con la imagen de dos hombres, durante una protesta nocturna
Doraima Villamizar y Teresa Sánchez, tía y abuela de los hermanos Domador Villamizar, participan en una manifestación exigiendo la liberación de sus familiares.

El grupo Surgentes, del que forma parte el sociólogo Antonio González Plesmann, documentó 67 casos similares solo en los dos primeros meses de 2026. Para la organización, la cifra sugiere un patrón alarmante: detenciones envueltas en miedo, familias sin recursos para litigar y denuncias que tardan en emerger por temor a represalias.

González Plesmann sostuvo que en los llamados casos de falsos positivos Tancol existen patrones recurrentes de tortura, desapariciones y fabricación de pruebas. En ese contexto, pidió que las personas afectadas no queden excluidas de eventuales medidas de amnistía y que se abra, al menos, un proceso de reparación parcial para las familias que aseguran haber sido perjudicadas por la actuación del Estado.

Primer plano de un hombre con barba de chivo, camisa clara, hablando con la boca abierta, frente a un fondo de listones de madera verticales
El sociólogo Antonio González Plesmann, del colectivo de derechos humanos Surgentes, se expresa con determinación frente a un fondo de listones de madera.

Asegura que “hay patrones claros en los casos de falsos positivos Tancol: tortura, desapariciones y forjamiento de pruebas. No pueden seguir siendo excluidos, ahora, de la posibilidad de ser amnistiados y que se inicie un proceso de reparación parcial del daño que el Estado ha causado a estas familias”

El término Tancol (Terroristas Asesinos Narcotraficantes Colombianos) fue mencionado por primera vez por el general Domingo Antonio Hernández Lárez, ex jefe del Comando Estratégico Operacional de la Fuerza Armada (FANB), para confundir a organizaciones guerrilleras con grupos paramilitares y bandas criminales.

Un hombre con uniforme militar y gorra negra con el logo "CEFANB" habla en un micrófono, con un mapa de Sudamérica y una pantalla digital al fondo
El General Domingo Antonio Hernández Lárez, comandante del CEFANB y creador del nombre TANCOL, presenta los resultados de la Operación Estratégica Escudo Bolivariano.

Inteligencia secreta, testigos limitados

La versión policial sostiene que los arrestos fueron practicados por funcionarios de la Base de Contrainteligencia Militar N.° 21, con sede en San Cristóbal y bajo el mando del comisario José Leonel Ramírez. El procedimiento quedó inscrito en la operación “Escudo Bolivariano Q/F Aplastamiento del Enemigo IV”, desplegada por la FANB y otros organismos de seguridad en la frontera colombo-venezolana. Pero el nombre y la amplitud del operativo no despejan, por sí mismos, las dudas sobre cómo se construyó la imputación contra los acusados.

Según la DGCIM buscaban a un grupo presuntamente enviado desde Arauca, Colombia, por Fabian Guevara Carrascal alias Ferley o Fabian González; Hilain Mahecha Peñaloza, alias Jaime Chucula; y Gerardo Antonio Sanguino Fraco alias Anderson”. La orden de la guerrilla sería “establecer casas seguras” destinadas a los principales líderes del Frente Décimo “Martín Villa” de las FARC-EP.

Revelan que se implementó el “Aparato de Colaboradores Secretos (cc/ss), Personas de Confianza (pc) y Fuerzas No Profesionales (FNP)” para recabar información “de gran interés” que supuestamente arrojó la identificación “de un grupo de sujetos” por los alias y la descripción física. Ese punto resulta sensible: cuanto más opaco es el origen de la información, mayor es la exigencia de verificar con rigor la cadena que conduce a la acusación.

Un grupo de personas protesta en la calle, sosteniendo pancartas con fotos y textos, y una manta blanca con la frase 'Libertad Para todos Los Presos Políticos Ley de Amnistía'
La ONG Surgentes ha documentado más de 60 casos Tancol con irregularidades que evidencia un patrón sistemático contra gente pobre y de la frontera

La comisión actuante afirmó que, tras detectar a los sospechosos, ubicó a dos testigos: Luis José Meneses Carrillo y Adrián Alejandro Sanquiz Escalante. No obstante, de acuerdo con el reporte policial, sus declaraciones no describen una operación clandestina ni la comisión directa de un delito, sino apenas la presencia de funcionarios y de varias personas reunidas en la calle junto a bolsos, teléfonos celulares y una motocicleta. La distancia entre ese relato y la gravedad de la acusación es uno de los puntos que alimenta las dudas.

La DGCIM aseguró que, en una zona céntrica de San Cristóbal, capital del estado Táchira, observó a una mujer y dos hombres conversando con dos motorizados que se desplazaban en una motocicleta con un compartimiento considerado sospechoso. Tras el abordaje, reportó el hallazgo de ropa, teléfonos, una moto y documentos presuntamente vinculados con las FARC-EP.

En los bolsos solo encontraron ropa, “incluyendo cacheteros de la muchacha” y “bóxer de los hombres”, además una libreta pequeña con un logo alusivo a las FARC-EP, donde se puede leer “Estatutos Milicias Bolivarianas, perteneciente a Allen Harold Díaz Lara. Y dos hojas pequeñas de papel donde se puede leer Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia Ejército de Pueblo FARC-EP“, Montañas y Sabanas de Arauca x Frente Martin Vila de Las FARC-EP“, pertenecientes a Jhonatan Traslaviña López.

Imputados y funcionarios

En la cadena de mando de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim) estaba a nivel nacional el Mayor general (Ej) Iván Rafael Hernández Dala; el comandante de la Región de Contrainteligencia Militar (RCIM) Nr 2 Los Andes, GD Homero Miranda Cáceres, quien pasó a retiro en julio 2025; y el jefe de la Base de Contrainteligencia Militar (BCIM) Nr. 21, San Cristóbal, Táchira, Comisario (Dgcim) José Leonel Ramírez.

Imagen dividida mostrando a dos militares: a la izquierda, un hombre de mediana edad con uniforme de gala y medallas; a la derecha, un hombre con gorra militar
El Mayor General Iván Rafael Hernández Dala, actual jefe de CANTV, y el General de División Homero Miranda Cáceres, quien pasó a retiro, en una imagen compuesta de sus perfiles militares.

En el Táchira el fiscal que los imputa fue el Nr. 29 abogados Handenson Rosales. El 18 de marzo 2022, en la Audiencia de Presentación el Juez Tercero de Control del Táchira, Héctor Emiro Castillo González declinó la competencia en el Tribunal de Primera Instancia en Función de Control del Circuito Penal del Área Metropolitana de Caracas con competencia en Terrorismo. El expediente pasa a la juez Claudia López y al fiscal Jonathan Carrero.

Documento oficial judicial de Venezuela en papel blanco con texto negro, sellos y firmas, fechado en Caracas el 23 de marzo de 2022
La juez Claudia López ordena que los cinco imputados queden privados de libertad

La comisión que los detuvo la conformó: los agentes de la DGCIM Tulio Ramón Ortiz López, Junior José Torrealba Pérez, Wilfredo José Paredes Medina, Moisés Eduardo Bermúdez y Leonel Adolfo Brokate Barrios. Y se le agrega la Subinspectora (Dgcim) Mildred Carolina Vargas Contreras quien revisó lo que portaba María Laura Rondón Tovar.

Son cinco los detenidos, señalados de ser miembros de grupos TANCOL (Terroristas, Asesinos y Narcotraficantes Colombianos) y de los Grupos Estructurados de Delincuencia Organizada (GEDO), por los delitos de Asociación para delinquir y terrorismo. Las únicas pruebas son ropa interior, la portada de una libreta con el logo de las FARC y dos papelitos con nombre de las Frac.Los detenidos son:

Richard Alberto Domador Villamizar (30), doble nacionalidad, agricultor, oriundo de La Victoria, Apure, residenciado en San Cristóbal. Conductor de la moto al que le encontraron un teléfono.

Luis Alejandro Domador Villamizar (21), doble nacionalidad, oriundo de San Cristóbal, Táchira, agricultor y residenciado en La Victoria estado Apure. El “interés criminalístico” era que llevaba un celular.

Una mujer de cabello rubio, con camiseta negra, sostiene una foto de dos hombres sonrientes; en el fondo, otras personas y pancartas se ven frente a un edificio
Los hermanos Domador fueron condenados a la pena máxima sin pruebas denuncian sus familiares

María Laura Rondón Tovar (24), oriunda de San Cristóbal, comerciante, domiciliada en El Amparo, estado Apure. “Tenía una maleta viajera con tres mudas de ropa, pijama y dos cacheteros color negro de encaje”Allen Harold Diaz Lara (36), taxista oriundo de Guasdualito, Venezuela, y residenciado en Casanare, Colombia. “Libreta con el logo de las FARC y donde se lee Estatutos Milicias Bolivarianas’”. Y que en el reverso presenta un “formato computarizado color negro donde se lee: ‘contra la oligarquía, y por la patria, contra el imperialismo, y por el pueblo, somos la FARC, Ejercito del Pueblo. Nos han dominado más por la ignorancia que por la fuerza”.

Jhonatan Traslaviña López (33), colombiano, agricultor. Tenía un bolso con muda de ropa. “Hojas de papel pequeñas donde se puede leer: Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia Ejército del Pueblo FARC-EP, Montañas y Sabanas de Arauca X Frente Martin Villa de las FARC-EP”.

En la audiencia realizada en el Táchira, el defensor publico N° 107 Penal, abogado Luis Peña dijo que no se oponía la investigación por el procedimiento ordinario, porque faltan diligencias, enfatizando “no hay un testigo, no hay testigo que avalen lo que dice el acta policial” de manera que no hay con qué vincular a los defendidos con las bandas de delincuencia denominada TANCOL “no se evidencia relación con las FARC, por lo que difiero de la calificación de terrorismo, asociación y conspiración”.

Cuando el caso pasa al Tribunal de Terrorismo en Caracas, la juez Claudia López ordenó que los cuatro hombres detenidos fueran enviados a la cárcel Rodeo III, y a María Laura Rondón Tovar la envió al Instituto Nacional de Orientación Femenina (INOF).

El único argumento de la juez Claudia López para dejarlos detenidos fueron los “elementos de convicción”, donde solo está el “acta de investigación penal” realizada por los funcionarios de la Dirección de Contrainteligencia Militar (DGCIM) de San Cristóbal, Táchira.

Muchos otros casos

El 29 de abril 2026, viajaron hasta Caracas, desde varios sitios de la frontera, 28 familiares de varios de los detenidos como TANCOL, para solicitar que se les incluyera en la Ley de Amnistía, argumentando que sus parientes han sido judicializados sin pruebas y como “falsos positivos”.

El luchador social Oglis Euclides Ramos Garrido, quien fue liberado el 22 de febrero 2026, luego que el 26 de mayo 2025, cuatro hombres armados se lo llevaran de casa de sus padres, acusándolo de ser Tancol, es hermano de Jhonny José Ramos, detenido el 2021 y continúa preso.

Oglis Ramos dijo que “nuestros familiares son personas humildes de la frontera, presentadas por cuerpos de seguridad como terroristas solo para llenar cuotas de procedimientos. Son campesinos, ordeñadores y trabajadores a quienes les forjaron pruebas tras ser víctimas de desapariciones forzadas y torturas”.

Por otra parte Doris Izarra, abuela de Erwin Jesús Álvarez Izarra, un adolescente de 15 años que trabajaba como ordeñador, detenido por la DGCIM el 2 de junio 2022 en Boca del Guaratarito, estado Barinas, narra que su nieto “fue golpeado y lanzado atado de manos al río varias veces. Estuvo desaparecido cinco días; cuando lo vimos, estaba lleno demorados y nos contó que lo obligaron a grabar un video. Lo condenaron a 10 años por terrorismo”.

Primer plano de Doris Izarra, mujer mayor con el ceño fruncido y gafas de sol rojas en la cabeza, sosteniendo una tarjeta de identificación venezolana
Doris Izarra, abuela de Erwin Jesús Álvarez Izarra, quien tenía 15 años cuando fue detenido en el 2022

Los 28 familiares se reunieron con la Defensora del Pueblo, Eglée González Lobato, quien manifestó su disposición a facilitar justicia y adoptó medidas inmediatas a favor de la salud de algunos de los detenidos.

También fueron recibidos, por instrucciones del Fiscal General Larry Devoe, por la directora de Derechos Humanos del Ministerio Público, Lucrecia Hernández, quien se comprometió a revisar cada uno de los expedientes para corregir irregularidades, así como medidas inmediatas vinculadas con la salud de los detenidos.

Cacería en la frontera

Como lo reporta un informe de la ong Fundaredes “el conflicto en Apure se intensificó el 21 de marzo de 2021 con la operación militar Escudo Bolivariano 2021, que enfrentó a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) contrafacciones disidentes de las FARC-EP y otros grupos armados irregulares”, destacando los enfrentamientos tienen como antecedente “septiembre 2020, con la disputa entre guerrillas por el control del narcotráfico y el apoyo estatal a la Segunda Marquetalia”.

Varios funcionarios de seguridad encapuchados y armados con fusiles, vestidos con uniformes de camuflaje, marchan por un muelle junto a barcos
Funcionarios de la DGCIM armados y encapuchados durante una operación de Inteligencia

Pero el enfrentamiento se mantiene durante meses, causando la muerte de 16 militares de diversos componentes de la Fuerza Armada Venezolana. Después hubo cacería de personas para relacionarlas o que estaban relacionadas con la guerrilla, lo que es muy frecuente en la zona fronteriza.

A cuatro años de las detenciones y tras una condena de máxima severidad, la pregunta que sigue abierta es si el expediente logró probar los hechos más allá de toda duda razonable o si terminó consolidando, bajo apariencia judicial, un caso signado por denuncias de abuso y posible fabricación probatoria.

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